Obligante reconocimiento
Hemos criticado a nuestras autoridades, a quienes compete, por no recoger niñitos y niñitas que piden limosna o venden diversos artículos a los conductores de autos estacionados en espera de cambio de luz roja a verde o debido a tranques, y llevárselos a sus padres y amonestarlos por el riesgo a que los exponen.
Hoy, con mucha complacencia, felicitamos a las autoridades de aduanas, de migración, de policía y de servicio aeronaval, las cuales, casi a diario, descubren grandes cargamentos de drogas en tránsito o ya almacenadas u ocultas en algún punto del país. A eso se añaden los arrestos respectivos en ramilletes de tres a siete personas en cada caso.
Estas diarias cosechas de foráneos con o sin locales más los delincuentes nativos apresados por la comisión de delitos, apoya nuestra teoría de que hay que pensar en serio y construir, a la mayor brevedad, cárceles con amplia capacidad receptiva en virtud de que el hacinamiento dantesco de las actuales lo hace imperativo. Es así, pues a diario son más los que ingresan a ellas que los que legalmente merecen ser puestos en libertad.