Obscena o engañosa
No causa extrañeza estar en presencia de una "categoría" que se ha denominado: campaña sucia o negativa. Desde luego, enrarece el ambiente político, y no contribuye en nada al necesario debate frente a los problemas que demandan soluciones.
Planteado el escenario, los actores politiqueros anuncian ya el tono y la sustancia de la campaña, sin siquiera importarle con el electorado, pues el interés lo centran en sus particulares aspiraciones, apuestan a que el efecto de la campaña le será favorable.
Descuidan, a propósito, el carácter docente que debe tener esta actividad. Con esto -no cabe duda- expresan el pobre nivel de estimación que le tienen al elector, pero además, la medida de su capacidad.
Sobre la campaña sucia o engañosa, dice Anunziatta Valdez, que es una práctica que perjudica al país. De manera que: "la ciudadanía elige, entonces, en base con temas intrascendentes", lo cual pone en evidencia la desinteligencia de los aspirantes de llevar un debate programático, y no emocional. Y más adelante afirma que: "Esto es un problema de cultura política y de equilibrio emocional". A veces se dejan llevar por asesores de imagen que consideran esa una buena forma de llegar al pueblo, pero una persona que aspira a dirigir un país no debe recurrir a esos métodos primitivos.
Hugo Barber sostiene que esa práctica tiene poca efectividad en la búsqueda de votos, "pero es evidente que no le conviene a ninguno de los candidatos dejar de responder los agravios porque puede mostrar una imagen de debilidad". No obstante, deja en claro que, es bueno hacer la diferencia entre insulto y descalificación. "Los insultos pasan al plano personal. Descalificar es cuestionar su capacidad profesional, dar a conocer alguna acción que aparezca como poco ética".
La forma como comienza a aparecer aquí la campaña negativa o sucia, con la descalificación en un caso, por haber "faltado a la palabra empeñada", perderá al final soporte, por cuanto que la mentira y la demagogia han sido los elementos eficientes de los políticos panameños, sobre todo de quienes llegan a altas posiciones.
En el otro caso, acusar de "un mal acompañamiento", y además de "joven", con una estructura ósea añeja, apunta hacia el cinismo, puesto que habría que revisar primero, los que acompañan a quienes promueven esa descalificación, es decir, indagar sobre sus: orientaciones, actividades y aportes. Debemos llegar a la conclusión de que en Panamá, es muy difícil montar campañas sucias o negativas, porque hacerlas, pensando en los valores morales, obliga a realizar actos de introspección serios, los cuales terminarían con un "por mi culpa, por mi maldita culpa".
El asunto, es que como el aventurero es osado, piensa que todo, es viable hacerlo. De allí que en Panamá, como diría alguien: "no se gana ni se pierde reputación", por lo que todo es posible y permitido.