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Obsequia lo que te hace falta


Hablamos de que los panameños y panameñas respondemos al llamado de las necesidades ajenas y, en todo momento, estamos preparados para prestar nuestra ayuda a los demás.
Cada día existen más necesidades en nuestro país; sin embargo, gracias al trabajo de muchas personas, se solucionan o se aplaca esa escasa falta de lo indispensable. No llegamos a conocer totalmente la pobreza y la ausencia de recursos que existen en muchas familias panameñas. No sabemos casi nada de casos mórbidos que requieren tratamientos costosos y cuyos protagonistas son personas que no cuentan con los medios para solventarlos.
Afortunadamente, siempre hay personas desprendidas que, no sólo cooperan con dinero o especias sino que son protagonistas activos de las actividades beneficiosas. Hace una semana fui al supermercado a comprar lo necesario y encontré a seis personas, con un suéter que los identificaba, carretillas proporcionadas por el lugar y letreros indicando a dónde irían las donaciones que dábamos. Mi primera impresión fue comprar lo que solicitaban (porque no es cuestión de obsequiar lo que sea que luego enreda); sin embargo, después de un largo super, olvidé mi obligación y mi deseo de adquirir algunos productos. Así que les doné el dinero en efectivo, no sin antes decirle a los voluntarios la hermosa labor que llevaban a cabo.
Estaban sacrificando su sábado para ayudar a los demás. Ese cuadro lo vemos frecuentemente en las esquinas, en los super, en las calles. Y la gente les llena las carretillas y obsequia cada uno de acuerdo a sus posibilidades. Basta que pidan para una buena obra que el panameño o la panameña responde. No importa si es mucho o poco, pero se recibe la colaboración, lo cual, al final del día hace la diferencia.
No hablemos de ricos ni pobres, hablemos de los ciudadanos de este país y verán caridad y desprendimiento. La gente que menos tiene lo es en demasía y ofrece lo que no posee aunque se quede sin nada. He sido testigo de gente humilde con cuatro o cinco hijos y, de pronto se presenta un huérfano o abandonada; para ellos no es problema recogerlos, dar de comer a uno más, se acomodan como pueden y le ofrecen todo el cariño posible. Frecuentemente escuchamos de niños o niñas enfermos o enfermas que necesitan tratamientos costosos y la gente, con sus aportes, completan ese dinero para enviarlos al extranjero. ¡Qué hermoso es dar y nosotros lo hacemos! ¿Cuántos padrinos y madrinas tienen en la Fundación pro Niños del Darién? y cada uno de nosotros busca nuevos padrinos para dar de comer a más niños pobres y proporcionarles educación.
Compramos cuanto boleto de rifa para beneficencia se nos ofrece; ayudamos a Casa Esperanza, a Nutre Hogar, a cuanta organización existe, incluyendo al Teletón 20-30 y cuanto radiotón se antoja. Esa sensibilidad hace más llevadera la necesidad de esa gente. ¿Cuántos viejos abandonados comen gracias a la labor de damas voluntarias? ¿Cuántas hay en el Hospital del Niño y en el Oncológico? Y es ayuda desinteresada, sólo por el hecho de hacer algo por los demás.
Sinceramente, somos benditos por Dios porque, la mayoría no escatima sacrificio para ayudar. "No des lo que te sobre, obsequia lo que te hace falta". Esta frase la leí hace poco y me pareció estupenda. Si los indígenas no tuvieran quien les lleve aliento y esperanza, morirían más. Tal vez nos preguntemos por qué aún mueren niños desnutridos; sencillamente, porque hay demasiados y no alcanza lo que se recoge.
¿Por qué hay viejos abandonados? Porque sus familiares no los quieren, los utilizan, los hacen trabajar y les quitan lo que tienen para su beneficio. Felicito a mis conciudadanos por el desprendimiento y la costumbre de ayudar a los necesitados.

101 años de Panamá América

 
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