Obstáculos al arbitraje marítimo
Muchos se preguntan con frecuencia por qué nuestro país, siendo un enlace de comunicaciones marítimas que posee un impresionante registro de naves bajo su bandera, no cuenta con una práctica de arbitraje marítimo internacional. Si esta práctica fuera desarrollada localmente, el beneficio para numerosos panameños en diversas áreas técnicas y profesionales sería formidable.
Por largo tiempo la respuesta fácil a esa pregunta ha sido una: la defectuosa legislación vigente. Pero detrás de la aplicación de leyes inoperantes como la actual siempre se encuentra algo de corrupción, desidia e ignorancia que juntas terminan en un panorama nada atractivo a la solución de controversias internacionales.
La ausencia de credibilidad y honestidad en las instituciones públicas constituye un obstáculo similar. El año pasado, una institución responsable de asuntos marítimos debía enfrentar una demanda contra el Estado ante cierta instancia internacional de arbitraje en una controversia portuaria. La entidad convocó a varios abogados, seleccionando a uno para encargarse del caso. El abogado presentó su propuesta con un examen de la demanda, la estrategia legal y sus honorarios.
El monto de los honorarios atrajo el interés de un oscuro pero relevante funcionario de la entidad, quien no perdió tiempo en obtener la propuesta para que un allegado suyo la copiara. Días después ese mismo allegado, en connivencia con el funcionario de marras, presentó el documento como propio. Uno se imagina la sorpresa del abogado original al descubrir que otro nombre aparecía con su propuesta en la página de red de "Panamá Compra".
Dado el escándalo, el administrador de la entidad ordenó cancelar el proceso de contratación manipulado por su entonces subalterno. Sin embargo, el funcionario corrupto se mantuvo en el cargo.
La falta de credibilidad no es exclusiva de las instituciones públicas. Por cerca de tres años, miles de balboas del Estado financiaron un proyecto particular supuestamente dirigido a establecer un "Centro de Conciliación, Mediación y Arbitraje Marítimo de Panamá". Con esos recursos se pagaron contrataciones directas para la redacción de estatutos, el plan de negocios y la capacitación técnica. Pero semejante inversión pronto se hizo obsoleta, porque el anunciado Centro nunca funcionó. Los miles gastados, o malgastados, se convirtieron en inútiles documentos engavetados.
Queda visto que el arbitraje marítimo internacional no surgirá en suelo istmeño hasta que la voluntad y los esfuerzos para lograrlo prevalezcan sobre obstáculos que la corrupción, la desidia y la ignorancia nos imponen de una manera tan persistente y negativa en Panamá.