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Ocaso del sistema monetario


El enorme déficit comercial y presupuestario estadounidense, la epidémica inclinación de sus intermediarios financieros hacia las inversiones de altísimo riesgo y sus consumidores insaciables; han empujado a Estados Unidos (EE.UU.) y al mundo al borde de una crisis monetaria de proporciones nunca vistas.

Los dos gigantescos déficits mencionados alimentan el crecimiento de todo el planeta. Porque el resto del mundo produce las mercancías y los servicios que el pueblo de EE.UU. demanda, paga en dólares y consume. Estos fondos se están degradando a medida que el dólar se devalúa. Como así también se degradan los rendimientos de todas las inversiones globales que están denominadas en US$.

Cuando estos fondos en manos del resto del mundo busquen refugio en monedas fuertes como la Esterlina, el Euro y el Yuan, entonces también los mismos inversionistas domiciliados en EE.UU. tratarán de liquidar sus propios activos; para ir a refugiarse en mercados de divisas y de activos extranjeros que funcionarán como reserva de valor. Esta transformación masiva de activos denominados en dólares hacia activos de otras denominaciones, afectará en primer lugar a todas las bolsas del mundo, de una manera nunca vista. El aparato productivo del planeta podría frenar abruptamente. La Bolsas tendrían que cerrar, y las convertibilidades se suspenderían. Sería el fin de una era monetaria. Y el inicio de otra.

Si la enorme voracidad de consumo del pueblo americano no puede ser completamente abastecida por el resto del mundo y, simultáneamente, si el resto del mundo no puede sustituirse, en alguna medida, al consumidor norteamericano, entonces el colapso global sería algo nunca visto.

Todos los candidatos, Demócratas y Republicanos, no pueden hablar de esto porque están en campaña. Y creo que cuando, después, uno de ellos llegue a Presidente tampoco podrá, como ahora, con el costo político que representaría el proponer las tremendas medidas de ahorro y de sacrificio que estas perspectivas requieren, ahora y después, por parte del pueblo estadounidense.

Ha sucedido en los pasados recientes que nadie pudo evitar las grandes guerras globales que llevaron el sufrimiento de las multitudes planetarias hacia esa tremenda región de horror y de sacrificio extremo, en la cual se defendieron nuestros ideales y se preservó nuestra civilización material a costos incalculables. Hoy más que nunca los dirigentes del mundo están todavía a tiempo para aprender del pasado.

101 años de Panamá América

 
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