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Occidente fuera del radar de EU


Del mismo modo en que el interés del presidente George W. Bush en política internacional está monopolizado por la crisis iraquí, las prioridades de su equipo latinoamericano parecen centrarse en Cuba y Haití, dejando a la deriva muchos de los problemas que enfrentan naciones como Argentina, Brasil y México, y las de la cuenca del Caribe. "Nos parece que Noriega se despierta pensando en Cuba, almuerza con Cuba, toma el café pensando en Haití y se vuelve a acostar con Cuba", ironiza un embajador sudamericano en una referencia a Roger Noriega, secretario adjunto de Estado para asuntos del Hemisferio Occidental.
Queda claro que nuevamente hay un palpable malestar entre un preponderante número de diplomáticos latinoamericanos que se siente frustrado por la poca atención que los líderes de la política exterior, tanto del gobierno federal como del Congreso, prestan al cúmulo de problemas que enfrenta Latinoamérica, con excepción de la amenaza del terrorismo.
Otro embajador sudamericano anotó que, al contrario de años y gobiernos anteriores, el Departamento ya no reune a los diplomáticos para esas sesiones de "información y consultas" que estaban en el tapete en épocas en que el gobierno de Washington tenía un diálogo más intenso con sus "vecinos del Sur". En ese sentido fue profético el comentario de Andres Rozental, un ex viceministro de Relaciones Exteriores de México cuando hace dos años escribió: "Lejos de la campaña contra el terrorismo y de las luchas del centro del continente asiático, el hemisferio occidental aparentemente desapareció del radar de Washington".
Ahora, un nuevo libro alega que a fines de diciembre de 2001, Bush se reunió varias veces con el general Tommy Franks y con su gabinete de guerra para planear el ataque norteamericano contra Irak, a pesar de que tanto él como voceros de su gobierno insistían en decir que estaban buscando una solución diplomática para el conflicto.
La intensa planificación de la guerra registrada durante todo 2002 tuvo su pico de intensidad, según el libro de Bob Woodward, Plan of attack (Plan de ataque), alimentado por la conclusión a la que había llegado la CIA de que Sadam Hussein no podía ser alejado del poder más que a través de una guerra y la certeza que el director de la CIA, George Tenet, le transmitió al presidente de que era "un hecho" que Irak poseía armas de destrucción masiva.
En las tres horas y media de entrevistas que Woodward mantuvo con Bush, éste le dijo que la planificación secreta fue necesaria "para evitar el clima de enorme angustia internacional y las especulaciones internas". Bush habría dicho: "La guerra es mi última opción".
Woodward escribe en su libro que otro hecho que permitió llegar a ese pico de intensidad fue la presión de los promotores de la guerra dentro del gobierno, comandados por el vicepresidente Dick Cheney, a quien el periodista califica como "una fuerza poderosa y arrolladora" que abogaba enfáticamente por el alejamiento del poder de Hussein.
Según el periodista, que es vicedirector del Washington Post, para principios de enero de 2003, Bush había tomado ya la decisión de emprender acciones militares contra Irak. Pero estaba tan preocupado por la posibilidad de que cayera el gobierno de su aliado más cercano, el primer ministro británico Tony Blair, por su apoyo a Estados Unidos que demoró el inicio de la guerra hasta el 19 de marzo (20 de marzo en Irak).
Blair le pidió que tratara de conseguir una segunda resolución de parte de la ONU. Bush dio luego a Blair la opción de que Gran Bretaña se abstuviera de enviar tropas. Blair la rechazó.
Woodward pone al descubierto en su libro la tensa relación entre Cheney y el secretario de Estado, Colin Powell, que nunca tuvieron una amistad estrecha a pesar de haber trabajado juntos por años. Una relación tan tensa que hoy apenas si se dirigen la palabra.
Cheney tuvo un áspero enfrentamiento con Powell por Irak, que eventualmente ganó. Powell siempre fue un opositor de la guerra. El creía que Cheney estaba obsesionado con la idea de tratar de establecer una relación entre Irak y la red terrorista Al Qaeda y consideraba como hechos datos de inteligencia ambiguos.

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