Ocho años desde el retorno
Ayer 5 de enero se cumplieron ocho años desde que este diario volvió a la luz pública bajo el control de sus legítimos dueños, luego de que fuera usurpado por la dictadura militar que tomó las riendas del poder público mediante el golpe de Estado del 11 de octubre de 1968.
Fueron veintiún años de forzado silencio, en el que los militares y sus gobiernos títeres usaron nuestras instalaciones y equipos para imprimir sus publicaciones de pasquines que respaldaban a su tiranía.
Con ningún medio hubo tanto ensañamiento, que no cesó durante el brevísimo veranillo democrático impuesto por Estados Unidos tras la firma de los tratados TorrijosCarter. Llegó un momento en que la dictadura entreabrió las puertas para dar espacio a algunos medios de tendencia opuesta o distinta a la línea oficial, en precario ejercicio de un derecho de expresión mediatizado, autocensurado y constantemente amenazado.
Pero a El Panamá América no le permitieron concesión alguna, hasta que entre las balas de la invasión del 20 de diciembre de 1989, en medio de un ambiente de indiscriminada violencia y extremo peligro, sus dueños tomaron posesión legítima de lo que les pertenecía.
La Asamblea Legislativa y el Organo Judicial en sus distintas instancias, hicieron justicia, dentro de las circunstancias de lo que era reparable, esto es al menos con la restitución de los bienes a sus propietarios, que no de los daños y perjuicios acumulados tras dos décadas de usurpación.
Desde entonces, iniciamos la dura marcha cuesta arriba, poniendo pleno esfuerzo en recuperar el lugar de preferencia que siempre tuvimos junto con nuestra hermana Crítica Libre. Y en estos ocho años de duro bregar lo hemos logrado.
Nuestros lectores han redescubierto en nuestras páginas los valores que nos legara Harmodio Arias Madrid, expresidente constitucional de la República, y el relevo inclaudicable de sus hijos Gilberto Arias Guardia y Rosario Arias de Galindo, bajo cuya conducción no hay más norte que Panamá.
Procuramos ser veraces y objetivos, aun a sabiendas de la relatividad de ambos conceptos; y en lo posible tratamos de destacar los ángulos positivos, negativos y mixtos de la noticia. No se encontrará en nuestras páginas malas intenciones u opiniones preconcebidas respecto a ningún problema o asunto. Y por lo general siempre sugeriremos alguna alternativa junto a toda crítica.
No creemos tener el monopolio de la verdad y por ello respetamos las ideas ajenas y damos plena cabida a la réplica que sea tan respetuosa como nuestras opiniones. De allí que publiquemos distintas posiciones frente a un mismo problema, incluso opuestas a las nuestras. Nuestros caricaturistas y columnistas no están sujetos a censura. Creemos que es nuestro deber dar al lector cuanta variedad de información y opinión sea posible. El es soberano de sacar sus propias conclusiones. Nosotros tenemos las nuestras.
Fueron veintiún años de forzado silencio, en el que los militares y sus gobiernos títeres usaron nuestras instalaciones y equipos para imprimir sus publicaciones de pasquines que respaldaban a su tiranía.
Con ningún medio hubo tanto ensañamiento, que no cesó durante el brevísimo veranillo democrático impuesto por Estados Unidos tras la firma de los tratados TorrijosCarter. Llegó un momento en que la dictadura entreabrió las puertas para dar espacio a algunos medios de tendencia opuesta o distinta a la línea oficial, en precario ejercicio de un derecho de expresión mediatizado, autocensurado y constantemente amenazado.
Pero a El Panamá América no le permitieron concesión alguna, hasta que entre las balas de la invasión del 20 de diciembre de 1989, en medio de un ambiente de indiscriminada violencia y extremo peligro, sus dueños tomaron posesión legítima de lo que les pertenecía.
La Asamblea Legislativa y el Organo Judicial en sus distintas instancias, hicieron justicia, dentro de las circunstancias de lo que era reparable, esto es al menos con la restitución de los bienes a sus propietarios, que no de los daños y perjuicios acumulados tras dos décadas de usurpación.
Desde entonces, iniciamos la dura marcha cuesta arriba, poniendo pleno esfuerzo en recuperar el lugar de preferencia que siempre tuvimos junto con nuestra hermana Crítica Libre. Y en estos ocho años de duro bregar lo hemos logrado.
Nuestros lectores han redescubierto en nuestras páginas los valores que nos legara Harmodio Arias Madrid, expresidente constitucional de la República, y el relevo inclaudicable de sus hijos Gilberto Arias Guardia y Rosario Arias de Galindo, bajo cuya conducción no hay más norte que Panamá.
Procuramos ser veraces y objetivos, aun a sabiendas de la relatividad de ambos conceptos; y en lo posible tratamos de destacar los ángulos positivos, negativos y mixtos de la noticia. No se encontrará en nuestras páginas malas intenciones u opiniones preconcebidas respecto a ningún problema o asunto. Y por lo general siempre sugeriremos alguna alternativa junto a toda crítica.
No creemos tener el monopolio de la verdad y por ello respetamos las ideas ajenas y damos plena cabida a la réplica que sea tan respetuosa como nuestras opiniones. De allí que publiquemos distintas posiciones frente a un mismo problema, incluso opuestas a las nuestras. Nuestros caricaturistas y columnistas no están sujetos a censura. Creemos que es nuestro deber dar al lector cuanta variedad de información y opinión sea posible. El es soberano de sacar sus propias conclusiones. Nosotros tenemos las nuestras.