Oculto malestar ciudadano
La ANAM ha despertado de su largo letargo frente a los daños causados a la ciudad por las constructoras que, en su frenética actividad de los últimos años, y mientras edifican fabulosos rascacielos, también destruyen aceras, jardines, calles y árboles. Los daños contra los espacios públicos es un asunto cotidiano en la capital y lleva décadas de generalizada impunidad por parte de las empresas y gremios responsables.
La ANAM informó que promueve en el Consejo de Gabinete nuevas normas para imponer multas más altas a las empresas constructoras responsables de los daños causados a terceros. La medida, aunque buena, es tardía, pues hay daños irreparables contra el ambiente, la salud y la comunidad que ha tenido la mala suerte de ser vecina de los proyectos en construcción.
Lo más dañino ha sido la condescendencia de las autoridades y el silencio de los representantes del sector, entre ellos, asociaciones como la Cámara Panameña de la Construcción. ¿Acaso no posee dicho gremio un código de ética para trabajar previniendo este caos que han tolerado durante décadas? Igual pregunta le cabe al Consejo Nacional de la Empresa Privada, a las autoridades municipales y a la sociedad civil organizada.
El tema requiere la intervención de todos. Es importante respetar los espacios públicos pues, ¿con qué derecho las constructoras improvisan a trabajadores como directores de tránsito y colocan señalizaciones a su antojo? Hay que atajar el desorden que están sembrando sin mayores responsabilidades judiciales, pues la ciudad no sólo se viste de hermosos edificios, sino de un oculto malestar ciudadano.