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Oído por la calle


Para cualquiera que tiene un mínimo de roce cotidiano con personas, resulta evidente que, hoy por hoy, el tema que surge inevitablemente en toda conversación es el de las tarifas telefónicas. A mi juicio, en parte, lo que sucede es que, contrario a lo acontecido con anteriores privatizaciones, la administración privada de los servicios de telecomunicación se hace sentir en cada hogar panameño, hasta en aquellos en que no se tiene teléfono.
En lo personal, me ha tocado escuchar todo tipo de comentarios en cuanto lugar he estado: recepciones, oficinas públicas y privadas, restaurantes y hasta en la calle. Valga decir que ninguno ha sido favorable al gobierno o a la Cable & Wireless (o, como dice el amigo Marcos Wilson, "Worthless"... es decir, sin valor). A continuación, me permito transcribir algunos de esos comentarios y relatar anécdotas personales, en el ánimo de dar vocería a esos miles de consumidores que todavía no se amoldan a la modernidad estilo "Toro".
2. Sobre los teléfonos públicos: Lo que he escuchado es mucho descontento con el aumento de la tarifa y el servicio que se presta, el cual sigue siendo deficiente. Para los que no lo saben, utilizar el teléfono público ahora cuesta diez centavos por los primeros tres minutos y luego, por cada minuto adicional, debes pagar cinco centavos. Ese es el teléfono que antes era accesible para los que son suficientemente humildes como para no tener un teléfono propio ni mucho menos, adquirir un radio troncal o un celular. Pero, como ya lo dije, eso era antes.
La semana pasada, por ejemplo, hacía fila para utilizar el teléfono público que está ubicado en el Riba Smith de la Transístmica. Un joven que estaba delante mío, se voltea y me dice: "Jó, estos teléfonos nuevos tragan plata como locos" y como para constatar lo dicho, luego de hablar apenas cuatro minutos, la máquina no le devuelve nu un real de los treinta y cinco centavos que había depositado, ya que había metido una moneda de veinticinco centavos al vencerse sus primeros tres minutos, porque no tenía una de menor denominación. En otros países, yo he visto teléfonos públicos que dan vuelto, cuando uno queda con crédito... los señores de la C&W parecen haber considerado que eso es demasiado moderno para nosotros. De más está decir que este joven compatriota se fue muy molesto con los ingleses, lanzando todo tipo de improperios contra los responsables de que se hubieran "comido su quara".
2. Las tarifas de las oficinas públicas. Según entiendo, las oficinas públicas pagan la tarifa comercial. Es decir, que cada minuto de llamadas locales que hacen, les cuesta su respectivo centavo. Sobre este particular, un funcionario público de una de esa dependencias a las que, a diario, debemos acudir los abogados, comentaba lo siguiente entre los presentes: "¿Cómo es posible que en la Asamblea Legislativa no hayan negociado que el Estado se le reconociera una tarifa preferencial? Al fin y al cabo, el Estado es el dueño del 49% de las acciones del INTEL, S.A., y sin embargo, tenemos una tarifa que es perjudicial para nosotros. Apuesto a que los señores de CABLE & WIRELESS no se cobran el teléfono a ellos mismos". Sólo me resta comentar que estoy cien por ciento (100%) de acuerdo con dicho comentario, con la única salvedad que, no era la Asamblea, sino el Ejecutivo quien debía discutir el tema. Es más, esa fue una de las preocupaciones que el suscrito llevó a colación en el "debate" que se realizó en la Asamblea Legislativa. Pero, seamos serios, ¿qué se puede esperar de la bancada gubernamental? Lo único que tenían en mente ese día, 12 de mayo de 1997, era que el Presidente quería que la resolución que aprobaba el contrato con la C&W fuera aprobado rápidamente. Lamentablemente, al otro día de esa discusión, ninguno de los muchos que hoy se quejan, se dieron por enterados de la magnitud de la tragedia que había sucedido en el hemiciclo legislativo. Pero, nunca es tarde para quejarse.
3. Los usuarios de Internet: Los voceros de la Administración Pérez Balladares han empleado mucho de su valioso tiempo en convencernos que los panameños teníamos el vicio de utilizar en exceso el teléfono. Como si el teléfono fuera un líquido vital o un recurso escaso, en peligro de extinción. Pero, pese a toda su verborrea de supuesto tinte modernista, el Gobierno no ha podido aclarar en qué benefician las nuevas tarifas telefónicas, residenciales y comerciales, a los usuarios de la Internet.
El otro día, mientras participaba de la toma de posesión de un gremio profesional muy apreciable en nuestro país, me divertía mientras escuchaba cómo la conversación se prolongaba por más de treinta minutos en torno al asunto de las nuevas tarifas telefónicas. Digo que me divertía, porque en mi interior me preguntaba cómo es que los seguidores del Presidente insisten en ver posibilidades a su aspiración de reformar la Constitución para posibilitar su reelección, cuando es creciente el descontento que ha generado su política económica entre la clase media y los sectores populares. Pero, en fin, volviendo al tema central, en dicha reunión, una agradable señora me comentaba que se había visto obligada a tomar la tarifa de uso ilimitado en su residencia, puesto que su principal instrumento de trabajo y de recreación, era la Internet. Para ella, había un aumento significativo de la tarifa vieja (10.50) a la nueva (24.00) y no se puede alegar que ésta es una persona que "abusa" del teléfono.
No olvidemos que la llamada "Red" cumple varios fines dentro de una sociedad que aspira a integrarse, con éxito, a una economía global. La Internet ayuda al mejoramiento educativo, por vía de un más fácil y barato acceso a la información. La Internet también ayuda al mercadeo de los productos y en general, al comercio... y, casualmente, nosotros somos un país de servicios. Pero, ahora, con la tarifa de uso medido de la C&W, la Internet es más cara para el panameño de clase media y para las pequeñas empresas que, en última instancia, serían los más beneficiados con su uso. Ahora, no sólo tienes que pagar un elevadísimo precio por minuto a las empresas que te conectan con la Internet, sino que también debes pagar a la compañía telefónica.
Mientras esto sucede en las calles de nuestro país, el Presidente insiste en un discurso, optimista hasta la irrealidad, sobre los beneficios de su gestión. Como no despierte pronto de sus sueños fantasiosos, será el primero y único sorprendido con el resultado del Referéndum sobre la reelección presidencial inmediata.

101 años de Panamá América

 
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