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¡Oiga, pero es mi Iglesia!


A la esposa de Cristo, al Cuerpo del Señor en la historia la acusan de que promovió la oscuridad intelectual y las inquisiciones. Me gustaría decir algunas cosas de mi Iglesia con sus luces y sombras. Ella salvó a la antigüedad griega copiando y traduciendo las grandes obras en los monasterios medievales que a su vez eran escuelas de todas las artes conocidas para su entorno (sobre todo rural) y fundó las primeras universidades del mundo en Europa y las extendió a la América conquistada por el Imperio. Lamentablemente persiguió y ajustició a muchos "herejes", en un tiempo donde todos los reyes practicaban esa injusta pena capital por cualquier motivo, pero también es verdad que protegió la vida de millones de personas en sus asilos, leprosorios, hospitales, orfanatorios, y llevó la cultura religiosa y profana a través de miles de catequistas y maestros, sobre todo a los pobres.
Muchedumbres de misioneros han sembrado su vida muriendo en los campos más remotos de nuestra América llevando el mensaje del Señor. Franciscanos, jesuitas, mercedarios, agustinos, claretianos, paules y otros tantos de congregaciones religiosas masculinas y femeninas inundaron de fe nuestros campos y selvas, pueblos y aldeas y contribuyeron a fomentar una nueva cultura mestiza (por lo europeo, lo negro y lo indígena). Está claro que algunos miembros de la Iglesia apoyaron las atrocidades cometidas por salvajes europeos que expropiaron de nuestras tierras y riquezas a nuestros indígenas en la Conquista. Pero que las voces más proféticas y genuinas de denuncia también las pronunciaron los Bartolomé de las Casas, Montecinos y otros muchos sacerdotes y obispos hasta el día de hoy y han sido muchos los mártires que han quedado enterrados o desaparecidos en América, no sólo de las grandes órdenes como franciscanos y jesuitas, sino de otras, junto a laicos comprometidos asesinados, eso es evidente. Sólo en estas últimas décadas cuando oprimieron la América las dictaduras militares han sido un gran número de profetas católicos muertos.
Que algunos obispos y sacerdotes se han enriquecido burdamente, traicionando a los ideales de Cristo, adorando al dios dinero y que han apadrinado gobiernos corruptos y han vendido su alma al mejor postor es cierto, pero también es verdad el ejemplo de miles de misioneros (entre ellos muchísimos sacerdotes y obispos santos) que han vivido pobremente, que han dejado casas y familias y que han renunciado a todo amor humano carnal para entregarse a la causa del Reino en América. No hay religión alguna en el mundo que tenga el número de personas que han dejando todo viviendo en comunidades religiosas para servir al pueblo como en nuestra Iglesia Católica. Y vemos en todo el continente americano la presencia de consagrados(as) sirviendo en la educación, la salud y la misión en general. Que algunas veces se han ido exclusivamente al servicio de los pudientes es cierto, pero si vemos en una balanza la obra de la Iglesia, es muchísimo más lo que se ha hecho y hace por los pobres de América. La historia de los santos y santas de la Iglesia supera a la lista de los grandes héroes de cualquier institución humana. Y eso hablando de los "oficialmente" reconocidos por la Iglesia. Son innumerables los santos anónimos.
Que a la Iglesia la acusan de rigidez en asuntos como el control de la natalidad y el divorcio, es cuestión de saber que se deben defender los principios fundamentales del respeto a la vida de toda criatura concebida que tiene derecho a nacer y vivir dignamente. Toda vida es sagrada y nadie la puede eliminar. Que el sacramento del matrimonio también es sagrado, como lo es el amor y por lo tanto nadie tiene derecho a romper ese vínculo. No se puede en ningún momento traicionar a los principios, aunque sí ser comprensivo y misericordioso con todo aquél que no ha cumplido estas leyes divinas. En cuanto a esto, quisiera decir que hay gente que pareciera estar casada, pero estudiando profundamente los casos, se sabe que nunca se dio matrimonio. Es allí donde hay que trabajar intensamente en los tribunales eclesiásticos, dotándolos de más personal y eficacia. Y se debe ser más lento en aprobar uniones eclesiásticas, en vista de la inmadurez con que van al matrimonio tantas personas, abocándose así a un posible fracaso. Mi Iglesia tiene muchos defectos y ha cometido errores en su marcha histórica en la Tierra. No está compuesta de ángeles ni de personas perfectas, sino de gente como usted y como yo. Comprender esto nos permite ser más comprensivo con ella, imperfecta en lo humano, santa en su componente divino.
Una Iglesia que ha pedido perdón tantas veces por lo malo sucedido del pasado, pero que sigue siendo el Cuerpo de Cristo en la historia. Esa es mi Iglesia y la amo tal y como es, sin fanatismo y eso sí, con una gran lucidez. Soy consciente de los juegos de poder, las envidias y demás pasiones que se dan, pero he allí el gran reto de siempre, la conversión nuestra y la continua reforma dentro de las estructuras de la Iglesia. No somos santos, sino que es tarea que dura toda una vida el crecer en el Amor y no es fácil serlo. ¡Qué va!, no es fácil. Y el que esté sin pecado lance la primera piedra.
Claro está que mientras se pueda implementar estos cambios profundos, deben tomarse las medidas necesarias para iniciar la solución de este caos al que estamos expuestos.
Deseo agregar que las autoridades deben ejercer mano fuerte a los que no respeten la luz roja. Señalo esto, ya que aún los diablos rojos continúan irrespetando esa medida, como lo mostró RCM Canal 21 esta misma semana, irresponsabilidad ya ha cobrado decenas de vidas humanas.
"Cuando los hombres decentes no participa en política, los indecentes se aprovechan de ella, y entonces los decentes tendrán que callar". Ghandi.
(cdaa@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
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