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Olimpiada internacional de Matemáticas


A inicios de su mandato, el presidente Pérez Balladares solía ilustrar el grado de atraso de la educación nacional con el desastroso desempeño anual de los equipos estudiantiles panameños enviados a competir en olimpiadas internacionales de matemáticas auspiciadas por la UNESCO. En una de ellas, nuestra representación quedó de última, lo que fue una especie de toque de fondo de un desempeño mediocre que oscilaba siempre entre los últimos escalones de cada competencia.
Afortunadamente, en el último de estos certámenes celebrado recientemente en San José, Costa Rica, a nivel centroamericano y del Caribe, nuestro país cosechó un segundo y tercer puesto, más una mención honorífica, con la participación de una tríada de jóvenes estudiantes de secundaria provenientes de centros de educación privados, recayendo tal mérito en Verónica Him, del Colegio Santo Domingo de Penonomé; Henry Wong del Instituto Episcopal San Cristóbal de la capital y Gabriela Jaén con mención honorífica.
El equipo panameño contó con el respaldo del profesor Eric Santiago Chang, coordinador de la Unidad Supervisora Educativa Nacional y con la estrecha colaboración de la Escuela de Matemáticas de la Universidad de Panamá. Hubo pues en esta ocasión una adecuada organización, preparación y apoyo para nuestros jóvenes competidores.
Lo anterior podría significar que algo se está haciendo mejor en la educación nacional como para que produzca tan buen resultado. Y en este aserto concordamos plenamente. Pero a la vez, hay que reconocer el mérito a quien lo merece, empezando por las respectivas escuelas de los galardonados y generalizando luego hacia la educación particular que ha hecho en los últimos años un esfuerzo encomiable por modernizarse y superarse.
El triunfo de los tres jóvenes estudiantes es un primer indicador positivo de que estamos en buen camino; pero a la vez ilustra lo duro de la tarea que nos resta por delante. Porque la educación nacional en su conjunto no mejorará si no hacemos extensivo a la educación pública y a los demás colegios particulares la misma mística de trabajo que condujo a la tríada de triunfadores al digno sitial que ocuparon.
En consecuencia, hay que redoblar esfuerzos, continuar con los intercambios y programas de "escuelas hermanas" en los que centros particulares "adoptan" escuelas públicas, hay que seguir invirtiendo y consolidar la cooperación con la educación extranjera, en una labor de actualización y superación constantes que nunca de detiene como el ciclo de la muerte y de la vida.



101 años de Panamá América

 
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