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ONU, resoluciones y condenas


Cada vez que estalla un conflicto armado en el mundo se agudiza la impresión popular de que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) es un organismo plagado de incertidumbre y que en los momentos más críticos demuestra impotencia.
Invariablemente, el Consejo de Seguridad se reúne como si entrara en un rito religioso, pero solo para emitir piadosas declaraciones "condenando", "deplorando" y "lamentando" los sangrientos acontecimientos, a la vez que llama a las partes involucradas a recapitular y a dialogar, como en el caso de la violencia entre israelíes y palestinos. Pero por lo general, las partes en conflicto ni recapitulan ni abandonan las armas y tampoco dialogan sin la imposición de presiones externas.
En el caso más reciente, dada la reticencia inicial del gobierno de Estados Unidos, por unos días el interlocutor en el agitado Oriente Próximo, dejó que la Unión Europea que tomó la iniciativa enviando a Javier Solana, su más experimentado mediador, y al ministro español de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, para tratar de inyectar un módico de sensatez a Yasser Arafat, el líder de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y Ariel Sharon, el primer ministro de Israel. "No hemos logrado un milagro, pero por lo menos se ha iniciado un nuevo proceso", fue el primer cauteloso comentario de Solana.
Finalmente, y tras las críticas de la Unión Europea y de los expertos, el presidente George W. Bush decidió enviar a su secretario de Estado, Colin Powell, al Oriente Próximo esta semana, para conseguir el cumplimiento de la resolución 1402 de Naciones Unidas, en la que se pide la retirada israelí de los territorios ocupados la semana pasada y recabar el apoyo de los países de la zona para crear las condiciones necesarias para el establecimiento de los planes, Tenet y Mitchell, de paz en la región.
Para este corresponsal el paso de tortuga que adoptan los organismos multinacionales en momentos críticos del panorama internacional no son nada nuevo. Yo estaba a cargo de la "mesa internacional" de la United Press en Londres la noche del 14 de mayo de 1948 cuando la Asamblea General de la ONU proclamó el Estado de Israel, de inmediato siete ejércitos árabes se abalanzaron sobre el nuevo Estado. Hasta la madrugaba me cansaba enviando cables a Nueva York solicitando la reacción del Consejo de Seguridad. Este organismo rector de la ONU tardó dos semanas en tomar una decisión que no tuviera el veto de uno de los cinco países fundadores.
"Nos reunimos dos veces", me informó la semana pasada el embajador Adolfo Aguilar Zinser de México, quien es miembro del Consejo de Seguridad este año. "La primera fue para escuchar al representante palestino, la segunda para oír la respuesta de Israel". Por cierto, ninguna de las exhortaciones del Consejo para que cesara la violencia tuvo efecto.
El primer cambio en la intrensigencia de los dos bandos siguió la clarinada de retroceso que sonó Bush el pasado jueves cuando exigió la retirada de las fuerzas israelíes de los territorios recientemente ocupados. En una intervención en los jardines de la Casa Blanca en la que ha intentado lanzar un mensaje equilibrado, Bush se ha vuelto a mostrar muy crítico con Arafat, al que ha acusado de no cumplir sus compromisos en materia de lucha contra el terrorismo, por lo que le considera responsable de la grave situación actual y de "haber traicionado las esperanzas de su pueblo". Sin embargo, se ha mostrado un poco más duro de lo habitual con Israel, al que ha exigido la retirada inmediata de los territorios palestinos, incluyendo Ramallah, donde estaba cercado Arafat desde hace una semana a la vez que exigió al gobierno de Sharon que cese sus incursiones en territorios palestinos y que se retire de los que ha ocupado recientemente.
111 Washington, sin embargo, continúa haciendo oídos sordos, mientras la espiral de violencia se propaga con nuevas incursiones israelíes a los territorios palestinos y los consecutivos ataques terroristas contra la población civil de Israel.
Pero, Bush no ha cambiado su opinión en cuanto al papel que juega Arafat en esta crisis. Según Bush, Arafat se ha comprometido en los distintos acuerdos internacionales emanados de los tratados de Oslo a acabar con el terrorismo, pero no ha cumplido sus compromisos y "ha desperdiciado sus oportunidades". Por ello, es en gran parte responsable de la situación actual", ya que Israel ha concluido, a la vista de las acciones de Arafat, "que tiene que atacar a los terroristas". Bush ha llamado a Arafat a "poner fin al terrorismo" y a cortar su financiación porque los atentados no ayudan a la causa palestina, sino que pueden acabar con la esperanza de lograr un Estado palestino. Además, ha criticado la postura de los países árabes, que consideran mártires a los activistas suicidas. "No son mártires, son asesinos y no hacen sino socavar la causa palestina". Reconocido el derecho a un Estado palestino independiente, "puede ser la hora de la esperanza, pero eso requiere liderazgo, no terror".
Antes del volte face de Bush, miembros del Congreso de Estados Unidos, asi como la prensa de este país se expresaban perplejos por la falta de acción de Washington ante una crisis que aumenta de día a día en su gravedad. Por unos días, y para atajar las críticas, el presidente George W. Bush ha puesto en marcha una operación de relaciones públicas diseminando a sus colaboradores por los medios de comunicación. El secretario de Estado, Colin Powell, garantizó que dedica buena parte de su tiempo a la crisis, "y el presidente también", matizó después. Pero este ejercicio de relaciones públicas no ha disminuido la impresión de incertidumbre y falta una política coherente por parte del gobierno.
(**)Flavio Josefo (37-95). Hombre de Letras e Historiador Judío. En Jerusalén se unió a los fariseos. Comandante Militar en Galilea durante la Revuelta Judía (A.D. 66-70). Al ascender al poder Vespasiano renegó de la causa judía y se adhirió al dominio de Roma. Se le otorgó la ciudadanía romana, con una pensión, y gozó del favor de la Corte del Emperador Vespasiano.

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