Opción Opositora
La participación de Alberto Vallarino en las primarias del Partido Arnulfista buscando una candidatura presidencial, le da a la política nacional, en especial en el sector oposición, un giro importante que amerita algunos comentarios.
En varios artículos me he referido al papel que, según mi opinión, debía jugar la oposición, en este quinquenio que se va distinguiendo por profundas transformaciones, con independencia de sus resultados a la fecha. El balance entre el papel fiscalizador propio de la oposición, con el de propuesta oportuna y atinada respecto de tantos temas trascendentales que han pasado por el tapete, ha faltado en todo momento. La postura ha sido oponerse por oponerse y distraerse y dividirse entre peleas internas en disputa de liderazgo que no enciende emoción alguna fuera de los muros de cada partido. No me resulta fácil escribir estos planteamientos, pero tampoco puedo tapar el sol con las manos, porque me una a la oposición lazos de amistad, trayectoria y esperanzas.
En múltiples ocasiones he escrito sobre la necesidad que tenemos los panameños de contar con un gobernante capaz y responsable para el próximo quinquenio. El momento histórico que distingue a Panamá en 1999 no sólo es único porque se nos transferirá el Canal, lo cual, aunque significativo, sería lo de menos ya que, de hecho, ese Canal es ya panameño.
Se le adiciona, el cúmulo de decisiones nacionales en torno a su administración y modernización que deberán ser manejadas atinadas y prudentemente, sin precedentes que seguir por no haber tenido Panamá nunca semejante responsabilidad. Por otra parte, los retos y compromisos que tenemos como Nación, a lo interno y a lo externo, son tan grandes, producto de todo el cambio producido y de las obligaciones de variada índole que se han adquirido, que sólo una conducción capaz y un equipo de hombres que complementen esa conducción, propiciarán las decisiones acertadas y proyectarán la necesaria confianza frente a una comunidad internacional cada vez mas exigente y globalizada en todas sus formas.
Hasta el momento, a mi juicio esa proyección de eventuales candidatos no se percibía con claridad. Existía en amplios sectores, partidistas e independientes, apatía respecto de los existente y cierta inclinación peligrosa de hasta favorecer la reelección si las cosas avanzaban hacia una alianza sin opción de aglutinar, fuera de los partidos, a sectores importantes que no vacilarían en apoyar una reeleccion, más por eliminación que por escogencia.
Alberto Vallarino viene a representar una opción viable. Es un arnulfista de cuna, un empresario con trayectoria de éxito y reconocimiento gremial a través de sus ejecutorias, lo que le brinda la visual para organizar un programa que le brinde al país soluciones y al pueblo panameño opciones de vida mejor. Lo escuché la noche de su postulación y en el abarcador discurso no sólo aceptó el reto de competir en su partido, sino que envió un mensaje que contenía proyección y visión sobre temas de la agenda nacional, distinguiéndose por el planteamiento de propuesta hacia el futuro, dejando atrás el desgastado discurso de ataque al PRD, como única fórmula para arrancar aplausos. No cabe duda que tiene que subir una empinada loma para conquistar sus aspiraciones. Su rival, doña Mireya, lleva años de trabajo intenso y de comunicación constante con sus bases, factor que no se puede ni desconocer ni demeritar. El tiempo es corto y el país esperará los resultados ansioso de aclarar de una vez por todas en torno a quien girará la alianza opositora.
Espero que la contienda sea limpia y democrática. La unidad del partido mayoritario es indispensable mantenerla, por lo que el debate debe ser de altura y respetuoso para no abrir heridas de división imposibles de cerrar.
Al amigo Alberto, le deseo suerte en la más importante tarea que un panameño debe afrontar con responsabilidad en beneficio del servicio a nuestra Nación.
En varios artículos me he referido al papel que, según mi opinión, debía jugar la oposición, en este quinquenio que se va distinguiendo por profundas transformaciones, con independencia de sus resultados a la fecha. El balance entre el papel fiscalizador propio de la oposición, con el de propuesta oportuna y atinada respecto de tantos temas trascendentales que han pasado por el tapete, ha faltado en todo momento. La postura ha sido oponerse por oponerse y distraerse y dividirse entre peleas internas en disputa de liderazgo que no enciende emoción alguna fuera de los muros de cada partido. No me resulta fácil escribir estos planteamientos, pero tampoco puedo tapar el sol con las manos, porque me una a la oposición lazos de amistad, trayectoria y esperanzas.
En múltiples ocasiones he escrito sobre la necesidad que tenemos los panameños de contar con un gobernante capaz y responsable para el próximo quinquenio. El momento histórico que distingue a Panamá en 1999 no sólo es único porque se nos transferirá el Canal, lo cual, aunque significativo, sería lo de menos ya que, de hecho, ese Canal es ya panameño.
Se le adiciona, el cúmulo de decisiones nacionales en torno a su administración y modernización que deberán ser manejadas atinadas y prudentemente, sin precedentes que seguir por no haber tenido Panamá nunca semejante responsabilidad. Por otra parte, los retos y compromisos que tenemos como Nación, a lo interno y a lo externo, son tan grandes, producto de todo el cambio producido y de las obligaciones de variada índole que se han adquirido, que sólo una conducción capaz y un equipo de hombres que complementen esa conducción, propiciarán las decisiones acertadas y proyectarán la necesaria confianza frente a una comunidad internacional cada vez mas exigente y globalizada en todas sus formas.
Hasta el momento, a mi juicio esa proyección de eventuales candidatos no se percibía con claridad. Existía en amplios sectores, partidistas e independientes, apatía respecto de los existente y cierta inclinación peligrosa de hasta favorecer la reelección si las cosas avanzaban hacia una alianza sin opción de aglutinar, fuera de los partidos, a sectores importantes que no vacilarían en apoyar una reeleccion, más por eliminación que por escogencia.
Alberto Vallarino viene a representar una opción viable. Es un arnulfista de cuna, un empresario con trayectoria de éxito y reconocimiento gremial a través de sus ejecutorias, lo que le brinda la visual para organizar un programa que le brinde al país soluciones y al pueblo panameño opciones de vida mejor. Lo escuché la noche de su postulación y en el abarcador discurso no sólo aceptó el reto de competir en su partido, sino que envió un mensaje que contenía proyección y visión sobre temas de la agenda nacional, distinguiéndose por el planteamiento de propuesta hacia el futuro, dejando atrás el desgastado discurso de ataque al PRD, como única fórmula para arrancar aplausos. No cabe duda que tiene que subir una empinada loma para conquistar sus aspiraciones. Su rival, doña Mireya, lleva años de trabajo intenso y de comunicación constante con sus bases, factor que no se puede ni desconocer ni demeritar. El tiempo es corto y el país esperará los resultados ansioso de aclarar de una vez por todas en torno a quien girará la alianza opositora.
Espero que la contienda sea limpia y democrática. La unidad del partido mayoritario es indispensable mantenerla, por lo que el debate debe ser de altura y respetuoso para no abrir heridas de división imposibles de cerrar.
Al amigo Alberto, le deseo suerte en la más importante tarea que un panameño debe afrontar con responsabilidad en beneficio del servicio a nuestra Nación.