Opiniones
Dice el periodista internacional Andrés Oppenheimer, que hay un fenómeno asombroso que está ocurriendo en varios países latinoamericanos (y en Estados Unidos también); y ese fenómeno consiste en que políticos que han sido objeto de numerosas denuncias de corrupción, no sólo siguen activos, sino que figuran bien alto en las encuestas de popularidad. Se refiere específicamente Oppenheimer al ex presidente peruano Alan García, quien fue acusado de enriquecimiento ilícito y huyó a Francia luego de su corrupto gobierno, que terminó en 1990; pero el mismo Alan García regresó a su país y logró un sorprendente 49% del voto en las elecciones, en que triunfó Toledo con solamente dos puntos más que él. Y que hoy las encuestas lo consideran el más importante político de la oposición.
También llama la atención de Oppenheimer, que Menem, en Argentina, mantenga un gran poder popular, pese a que se le complicó en un tráfico ilegal de armas y un presunto soborno de 10 millones de dólares. Y el ex presidente brasileño Fernando Collor de Melo, que fue derrocado por corrupto en 1992, ha regresado triunfal al escenario político de su país.
También habla Oppenheimer del ex alcalde de Washington, Marion Barry, quien fue reelegido luego de aparecer en un video fumando crack con una prostituta...
Indudablemente que el tema es interesante. Todos recordamos lo sucedido en Panamá, cuando poco después de la caída de la dictadura, el PRD ganó 9 de las 11 curules legislativas que todavía no habían sido llenadas. Y en las elecciones generales siguientes, el candidato de la dictadura venció a la candidata Mireya Moscoso.
Y el caso del dictador venezolano Marco Pérez Jiménez. Todavía recuerdo los titulares de los periódicos informando, que el día de la huida, quebraron cuatro bancos en Caracas: el dictador huyó con una fortuna enorme. Luego pagó en Estados Unidos una condena por delitos que cometió en ese país, pero después de estar libre en España, anunció que regresaría a Venezuela para ser candidato presidencial; y como las encuestas lo ponían como seguro ganador, en el congreso venezolano sacaron una ley que impedía ser candidato a quien hubiera sido condenado por delitos comunes o políticos. Así impidieron que el dictador ganara las elecciones en su país.
¿A qué conclusión se llega después de comprobar casos como los anteriores? ¿Cuál es la moraleja? Sencillamente, a que los pueblos olvidan a sus criminales y depredadores; y que eso se produce en países en que la moral política ha sufrido severos deterioros.
Otras opiniones. El periodista internacional Jorge Ramos Avalos, pregunta cómo decirle "no" a Bush. El mismo responde, que es difícil y peligroso para los congresistas norteamericanos, negarle el apoyo a Bush en su aparente decisión de declararle la guerra a Irak.
Ramos asegura que en el fondo de la actitud del presidente norteamericano está la política. A Bush y al partido Republicano le interesa solidificar su mayoría en la Cámara de Representantes y recuperarla en el Senado. Y una guerra haría que todo el país se identifique, como es lógico, con Bush. El periodista pregunta: ¿Qué político va a atreverse a cuestionar públicamente al presidente -que es el comandante en jefe del Ejército- una vez que empiecen a movilizarse tropas estadounidenses hacia Irak? ¿Quién?
De todo esto, concluye Ramos, que cuando llegara una declaración de guerra en el Congreso, no se atreverían a decirle "no" a Bush. O al menos, no en público.
El caso norteamericano, no es igual al caso argentino, pero sí muy parecido. Cuando los militares gobernaban, estaban tan desprestigiados, eran tan asesinos y corruptos, que al presidente Galtieri no se le ocurrió otra cosa que declararle la guerra a Inglaterra, y mandó a tomarse las islas Malvinas. Desde el momento en que Argentina entró militarmente en Las Malvinas, el pueblo de ese país, como un solo hombre, se identificó con los militares.
Fue una estupidez, pero no era el momento de decirle a Galtieri y a los militares que eran unos estúpidos; y se metieron en una guerra suicida, que después tanto lamentaron.
Ha llegado la hora de que alguien, o muchos, le digan que "no" a Bush. Debe haber otras alternativas.
También llama la atención de Oppenheimer, que Menem, en Argentina, mantenga un gran poder popular, pese a que se le complicó en un tráfico ilegal de armas y un presunto soborno de 10 millones de dólares. Y el ex presidente brasileño Fernando Collor de Melo, que fue derrocado por corrupto en 1992, ha regresado triunfal al escenario político de su país.
También habla Oppenheimer del ex alcalde de Washington, Marion Barry, quien fue reelegido luego de aparecer en un video fumando crack con una prostituta...
Indudablemente que el tema es interesante. Todos recordamos lo sucedido en Panamá, cuando poco después de la caída de la dictadura, el PRD ganó 9 de las 11 curules legislativas que todavía no habían sido llenadas. Y en las elecciones generales siguientes, el candidato de la dictadura venció a la candidata Mireya Moscoso.
Y el caso del dictador venezolano Marco Pérez Jiménez. Todavía recuerdo los titulares de los periódicos informando, que el día de la huida, quebraron cuatro bancos en Caracas: el dictador huyó con una fortuna enorme. Luego pagó en Estados Unidos una condena por delitos que cometió en ese país, pero después de estar libre en España, anunció que regresaría a Venezuela para ser candidato presidencial; y como las encuestas lo ponían como seguro ganador, en el congreso venezolano sacaron una ley que impedía ser candidato a quien hubiera sido condenado por delitos comunes o políticos. Así impidieron que el dictador ganara las elecciones en su país.
¿A qué conclusión se llega después de comprobar casos como los anteriores? ¿Cuál es la moraleja? Sencillamente, a que los pueblos olvidan a sus criminales y depredadores; y que eso se produce en países en que la moral política ha sufrido severos deterioros.
Otras opiniones. El periodista internacional Jorge Ramos Avalos, pregunta cómo decirle "no" a Bush. El mismo responde, que es difícil y peligroso para los congresistas norteamericanos, negarle el apoyo a Bush en su aparente decisión de declararle la guerra a Irak.
Ramos asegura que en el fondo de la actitud del presidente norteamericano está la política. A Bush y al partido Republicano le interesa solidificar su mayoría en la Cámara de Representantes y recuperarla en el Senado. Y una guerra haría que todo el país se identifique, como es lógico, con Bush. El periodista pregunta: ¿Qué político va a atreverse a cuestionar públicamente al presidente -que es el comandante en jefe del Ejército- una vez que empiecen a movilizarse tropas estadounidenses hacia Irak? ¿Quién?
De todo esto, concluye Ramos, que cuando llegara una declaración de guerra en el Congreso, no se atreverían a decirle "no" a Bush. O al menos, no en público.
El caso norteamericano, no es igual al caso argentino, pero sí muy parecido. Cuando los militares gobernaban, estaban tan desprestigiados, eran tan asesinos y corruptos, que al presidente Galtieri no se le ocurrió otra cosa que declararle la guerra a Inglaterra, y mandó a tomarse las islas Malvinas. Desde el momento en que Argentina entró militarmente en Las Malvinas, el pueblo de ese país, como un solo hombre, se identificó con los militares.
Fue una estupidez, pero no era el momento de decirle a Galtieri y a los militares que eran unos estúpidos; y se metieron en una guerra suicida, que después tanto lamentaron.
Ha llegado la hora de que alguien, o muchos, le digan que "no" a Bush. Debe haber otras alternativas.