Oportuna denuncia
Felicitamos al semanario Panorama Católico por su editorial del 10 de agosto de 2008, donde señalaba que las ganancias excesivas de las compañías petroleras y sus filiales constituyen una injusticia social.
Hace ya décadas que la Iglesia Católica nos viene advirtiendo que uno de los grandes problemas del mundo contemporáneo es que se ha perdido la noción del mal, que, para aquellos que no creen en Dios, puede ser definido como cualquier falta contra el amor a nuestros semejantes; por consiguiente, es inaceptable que nos estén cobrando el galón de combustible a un precio mayor que el que tenía cuando el precio del barril de petróleo era igual pero estaba subiendo.
Ciertamente que uno de los factores principales de la presente "crisis petrolera" es la devaluación del dólar americano, moneda que esperamos tenga una pronta recuperación, posiblemente con la ayuda de un gobierno estadounidense nuevo; sin embargo, esto es algo para lo cual sólo podemos guardar esperanzas.
A menos que las compañías petroleras mejoren su trayectoria, nuestros gobernantes deben tratar de limitar las ganancias récord que han estado recibiendo en la mayoría de los países afectados por la crisis, ya que incluso la tranquilidad social es amenazada cuando una empresa que presta un servicio indispensable se conduce únicamente por criterios mezquinos y sin ninguna consideración por las personas de escasos recursos económicos.
Este control puede consistir de impuestos cada vez mayores sobre las ganancias de las compañías, tal como proponen algunos de los actuales candidatos presidenciales en EE.UU o de llegar a los extremos, la nacionalización de compañías, como ha hecho el Gobierno venezolano.
Es muy importante que los conciudadanos conozcamos qué posición y qué planes específicos tienen los actuales candidatos presidenciales, porque este es un problema que deberá ser encarado por nuestro gobierno venidero.
Es alentador que los católicos tengamos una Iglesia que señale aquellas conductas específicas que benefician o perjudican a la sociedad; porque, en este mundo donde sobreabunda la propaganda consumista, resulta difícil que la justicia social se fortalezca sólo con predicar el amor al prójimo como a nosotros mismos.
Para aquellos que creen que todos los hombres somos hermanos, más que "condenar" a alguna persona o empresa en particular, se trata de denunciar oportunamente qué es beneficioso y qué es pernicioso para la gran familia panameña ya que, tarde o temprano, todos sin excepción hemos de cosechar lo que sembremos en el presente.