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Optimismo, pesimismo, realidad


La existencia social de cualquier país es, en nuestros días, extraordinariamente compleja. Una fuerte avalancha de situaciones nuevas, que ha gravitado sobre todo el globo terráqueo, desde hace algo menos de siglo y medio, aproximadamente, de unos ciento treinta años a esta parte, viene conformando el hábitat general y complicado, digamos así, dentro del que ha debido vivir la especie humana, en todas las latitudes del planeta.
A toda la población del mundo, en el lapso indicado, se le ha transformado por completo el modo de existencia, que de patriarcal y sencillo como era todavía casi un siglo atrás, alcanza actualmente un gran y veloz ascenso y complejidades, de premuras, de profundas alteraciones individuales y colectivas, de claros avances y oscuros retrocesos. Los grandes inventos que podríamos clasificar de mecánicos, como el buque a vapor, el teléfono, el telégrafo, la luz eléctrica, el ferrocarril, el avión primitivo y el avión supersónico; los inventos como la radio, la televisión, la fisión nuclear, los espectaculares avances de la tecnología y de la ciencia, los vuelos espaciales, han revolucionado radicalmente el medio del hombre y todas las condiciones políticas, económicas y sociales que integran hoy su civilización.
Pero no es sólo el medio general del ente humano el que se ha convulsionado a profundidad, sino también sus formas de vida individual y de grupos, sus instituciones, su confort, hasta los problemas de las enfermedades de la persona y de los pueblos; los fenómenos económicos; las religiones; las alteraciones sociales, cobran a saltos expresiones diferentes.
Ignoramos en qué medida esas “mutaciones” espectaculares, favorables y desfavorables, han introducido grandes cambios en la sociedad panameña, de los últimos tiempos, mas resulta innegable que las hemos venido experimentando en todas las formas adversas o positivas, con que se presentan o surgen. No obstante, creemos, sin ser alarmistas, ni pesimistas acobardados, ni optimistas ilusos, que el balance entre lo que nos conviene y nos causa males, no nos es favorable. Los medios de comunicación social (radio, televisión, prensa) de todos los días, y hasta las páginas de opinión de los periódicos, delatan, según nos parece, más vicios que virtudes; más vida negativa que existencia redimida; menos realizaciones que fracasos; más desempleo que trabajo; más crimen o delito que vida honorable y normal.
Así, ¿qué motivaciones nos impulsan a ser optimistas o pesimistas? Detrás del pesimismo o del optimismo, hay realidades que no se presentan con caretas; sino con el rostro amargo de las verdades o con la faz sonriente de la felicidad.
Nosotros, tras una luenga vida bastante equilibrada, confesamos que nos asaltan grandes temores por el porvenir que debemos continuar padeciendo, con alarmantes incrementos, como pueblo. La maquinaria estatal de las últimas décadas sigue empantanada en un cúmulo de fracasos que afectan a toda la población habitante en nuestro país. Los índices de pobreza, ya corriente ya crítica, dan pavor, y continúan subiendo. La carestía de la vida nos amenaza abrumadoramente. La delincuencia se pasea por las calles, pistola en mano. Y no hay por qué seguir, cuando la realidad cotidiana no puede ser ocultada, y nos golpea desde todos los rincones y hasta desde los palacetes fastuosos.
A pesar de todos los pesares, tenemos una gran confianza en la gran intuición de nuestro pueblo, comprobada en más de unos cuantos episodios estelares de la historia panameña: vendrá el día, y sospechamos que será más temprano que tarde, en que nuestro pueblo saldrá definitivamente a las calles, con el propósito claro de poner las cosas en su lugar, con el fin de labrar su propia felicidad colectiva.
Cuando la menor intentó rebasar al vehículo que se había detenido, golpeó con tanta fuerza a Kathia que la elevó por los aires y la arrojó a 40 metros del sitio inicial de im

101 años de Panamá América

 
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