Orden en casa, coherencia en el exterior
El gobierno del presidente Martín Torrijos se caracteriza por su espíritu reformista. Desde antes de asumir el poder, Torrijos trabajó por la reforma constitucional, luego realizó la reforma fiscal, la de la seguridad social y, en este momento, está inmerso en la del sistema judicial. Esta última dentro de los plazos acordados por la Comisión de Estado por la Justicia, producto de un amplio consenso entre todas las partes comprometidos en el tema.
Torrijos ha demostrado que su proyecto político es incluyente, tratando de sumar a los sectores que no necesariamente comparten su visión de país. En aras de la estabilidad nacional debe impulsar un diálogo permanente con todo el espectro político, el sector privado y la sociedad organizada. Ese diálogo también se ha mantenido al interior de la alianza política que lo llevó al poder. El diálogo y la interdependencia son el fundamento de toda democracia sólida, madura, próspera. El marco de referencia es el compromiso de todos los sectores con el proyecto de país que se busca construir. No siempre se requiere un pacto escrito ni un acuerdo expreso, pero es necesario una hoja de ruta que permita establecer el rumbo, pues la Nación no puede gobernarse en forma compulsiva y sin equilibrios. El diálogo tolerante, fluido, racional y permanente es lo que permite que la democracia se consolide como un sistema de gobierno y que los proyectos de largo aliento adquieran el carácter de auténticas políticas de Estado.
Un país no prospera inmerso en la desconfianza y resentimientos pasados. Quienes buscan dividir a los panameños entre amigos y enemigos, entre elegidos y repudiados, como pretende cierta prensa mediante una agenda mezquina que trata de socavar permanentemente la raíz de la convivencia democrática y que descalifica todo lo que consideran oficialismo, deberían mirar a través del cristal de la mayoría de panameños con una visión que proyecta en el tiempo planes y estrategias de crecimiento y desarrollo.
El espíritu reformista de Torrijos le ha llevado a poner la casa en orden y articular el futuro institucional de la Nación. Eso ha sido posible con una actitud ética, con un estilo pragmático, pero prudente y, cuando ha sido necesario, enérgico y audaz. En la base de la vida política de una Nación no está el protagonismo personal, sino la supremacía institucional. No es con demagogia, sino con pragmatismo y honrando el contrato social suscrito con la mayoría de los panameños, como se fundamenta el crecimiento sostenible y las prioridades del desarrollo a largo plazo.
En el campo de las relaciones internacionales, Torrijos también ha proyectado la política de acercar posiciones y eliminar divisiones. Conciliación y coherencia son los atributos insuperables de un sensato manejo de la política exterior. Eso pasa por alejar las indefiniciones, las vacilaciones y apresuramientos, poniendo en práctica políticas prudentes que rindan los resultados programados. Por eso hay que reconocer que el pensamiento sereno y el equilibrado sentido crítico son dos elementos sobresalientes en la planificación y las decisiones que impulsan las acciones internacionales del gobierno de Torrijos.
La política exterior no puede partir de fases lunares que pasan de la oscuridad de la luna nueva al transitorio resplandor del plenilunio, para luego iniciar el mismo ciclo. No se puede estar o no estar al mismo tiempo en una ubicación determinada. Las relaciones internacionales no responden a políticas de conveniencias, ni a cálculos empresariales, ni a los vaivenes de decisiones presidenciales. Obedecen a una clara definición de los intereses nacionales y una acción coherente y predecible.
En las relaciones internacionales no hay ejercicios de caridad. Por eso, países pequeños como Panamá, deben identificar sus potencialidades y actuar en forma racional. El libre comercio y la integración son un proceso político condicionado por la realidad económica en la que no hay subordinaciones sino metas de desarrollo dentro de un destino común en el que la política exterior y la política económica son caminos de doble vía.
Si bien, una de las prioridades como país es concluir el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos por sus perspectivas de inversión, exportaciones, creación de trabajo y generación de empleos de calidad, Torrijos no ha escatimado esfuerzos por buscar asociarse con bloques regionales y extraregionales. Mercosur, Comunidad Andina de Naciones, Grupo de los Cuatro (Colombia, México, Panamá y Venezuela), Asociación de Estados del Caribe, Sistema de Integración Centroamericana para lograr acceso comercial a la Unión Europea, el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico, y naciones de Asia Central como India, son las principales instancias en las que Panamá ha estado promoviéndose como plataforma logística y de transporte entre las Américas, Europa y Asia.
Panamá no puede comprometerse definitivamente con ningún bloque económico para no cerrarse el camino a un desarrollo particular que puede aportarle excelentes resultados. La política exterior de Torrijos busca que el centro de gravedad de cada uno de los bloques regionales y extraregionales se constituya en un espacio común para todas las economías participantes. El objetivo final es el crecimiento sostenible y el desarrollo a largo plazo que beneficie a todos los panameños.
Torrijos ha demostrado que su proyecto político es incluyente, tratando de sumar a los sectores que no necesariamente comparten su visión de país. En aras de la estabilidad nacional debe impulsar un diálogo permanente con todo el espectro político, el sector privado y la sociedad organizada. Ese diálogo también se ha mantenido al interior de la alianza política que lo llevó al poder. El diálogo y la interdependencia son el fundamento de toda democracia sólida, madura, próspera. El marco de referencia es el compromiso de todos los sectores con el proyecto de país que se busca construir. No siempre se requiere un pacto escrito ni un acuerdo expreso, pero es necesario una hoja de ruta que permita establecer el rumbo, pues la Nación no puede gobernarse en forma compulsiva y sin equilibrios. El diálogo tolerante, fluido, racional y permanente es lo que permite que la democracia se consolide como un sistema de gobierno y que los proyectos de largo aliento adquieran el carácter de auténticas políticas de Estado.
Un país no prospera inmerso en la desconfianza y resentimientos pasados. Quienes buscan dividir a los panameños entre amigos y enemigos, entre elegidos y repudiados, como pretende cierta prensa mediante una agenda mezquina que trata de socavar permanentemente la raíz de la convivencia democrática y que descalifica todo lo que consideran oficialismo, deberían mirar a través del cristal de la mayoría de panameños con una visión que proyecta en el tiempo planes y estrategias de crecimiento y desarrollo.
El espíritu reformista de Torrijos le ha llevado a poner la casa en orden y articular el futuro institucional de la Nación. Eso ha sido posible con una actitud ética, con un estilo pragmático, pero prudente y, cuando ha sido necesario, enérgico y audaz. En la base de la vida política de una Nación no está el protagonismo personal, sino la supremacía institucional. No es con demagogia, sino con pragmatismo y honrando el contrato social suscrito con la mayoría de los panameños, como se fundamenta el crecimiento sostenible y las prioridades del desarrollo a largo plazo.
En el campo de las relaciones internacionales, Torrijos también ha proyectado la política de acercar posiciones y eliminar divisiones. Conciliación y coherencia son los atributos insuperables de un sensato manejo de la política exterior. Eso pasa por alejar las indefiniciones, las vacilaciones y apresuramientos, poniendo en práctica políticas prudentes que rindan los resultados programados. Por eso hay que reconocer que el pensamiento sereno y el equilibrado sentido crítico son dos elementos sobresalientes en la planificación y las decisiones que impulsan las acciones internacionales del gobierno de Torrijos.
La política exterior no puede partir de fases lunares que pasan de la oscuridad de la luna nueva al transitorio resplandor del plenilunio, para luego iniciar el mismo ciclo. No se puede estar o no estar al mismo tiempo en una ubicación determinada. Las relaciones internacionales no responden a políticas de conveniencias, ni a cálculos empresariales, ni a los vaivenes de decisiones presidenciales. Obedecen a una clara definición de los intereses nacionales y una acción coherente y predecible.
En las relaciones internacionales no hay ejercicios de caridad. Por eso, países pequeños como Panamá, deben identificar sus potencialidades y actuar en forma racional. El libre comercio y la integración son un proceso político condicionado por la realidad económica en la que no hay subordinaciones sino metas de desarrollo dentro de un destino común en el que la política exterior y la política económica son caminos de doble vía.
Si bien, una de las prioridades como país es concluir el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos por sus perspectivas de inversión, exportaciones, creación de trabajo y generación de empleos de calidad, Torrijos no ha escatimado esfuerzos por buscar asociarse con bloques regionales y extraregionales. Mercosur, Comunidad Andina de Naciones, Grupo de los Cuatro (Colombia, México, Panamá y Venezuela), Asociación de Estados del Caribe, Sistema de Integración Centroamericana para lograr acceso comercial a la Unión Europea, el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico, y naciones de Asia Central como India, son las principales instancias en las que Panamá ha estado promoviéndose como plataforma logística y de transporte entre las Américas, Europa y Asia.
Panamá no puede comprometerse definitivamente con ningún bloque económico para no cerrarse el camino a un desarrollo particular que puede aportarle excelentes resultados. La política exterior de Torrijos busca que el centro de gravedad de cada uno de los bloques regionales y extraregionales se constituya en un espacio común para todas las economías participantes. El objetivo final es el crecimiento sostenible y el desarrollo a largo plazo que beneficie a todos los panameños.