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Organicemos una escuela mejor


En editoriales previos, dijimos que el ministerio de Educación debía aprender a gastar mejor su presupuesto porque destina demasiado a burocracia administrativa, en vez de a una mayor remuneración para los educadores y a una mejor infraestructura escolar. También manifestamos que la estrategia para elevar la educación podría resumirse en ocuparse de la escuela primaria (primero a noveno grado) con la seguridad que los niveles superiores se compondrán solos.
La lógica tras el aserto radica en que los egresados de esta primaria, al estar mejor dotados y motivados, caminarán por sí solos hacia estadios de formación superiores, diestros entonces en más de dos idiomas y perfectamente dotados de modernas herramientas para acceder a grandes fuentes de conocimiento tales como el Internet y la bibliografía disponible en cualquier disciplina.
Todo ello, expresamos, requeriría de un tremendo esfuerzo para forjar una nueva generación de educadores para ese nuevo alumnado del nueva siglo; y sugerimos habilitar para esa magna tarea a la Escuela Normal de Santiago, Juan Demóstenes Arosemena, por su prestigiosa tradición histórica, importando para ello a un equipo de especialistas extranjeros que planteamos viniera de Chile por la excelencia de su educación.
En esta ocasión, visualizando que luego de tres años, podemos contar con una primera camada de cinco mil nuevos educadores primarios de nuevo siglo, formados en alta tecnología y pedagogía de punta, bien remunerados, quienes laborarían en equipo en escuelas bien dotadas, a triple jornada, mañana, tarde y noche. La primera, sería para impartir enseñanza, la segunda para la guía de estudios y tareas, y la tercera para reforzar a los rezagados.
En cada escuela habría una gradación, según el grado de profundidad e intensidad de la formación, dependiendo de la capacidad de los alumnos. Los más brillantes se agruparán en ciertos niveles, donde se les impartirá una enseñanza adecuada a su avance; y los menos, al contrario, contarán con un equipo de educadores y auxiliares que les dedicarán más tiempo y otro método. De ese modo habrá más eficiencia, desde el momento en que unos no atrasarán ni interferirán en el avance de otros. Igual gradación corresponderá a las aptitudes especiales que vaya mostrando cada alumno. Algunos desarrollarán más en matemáticas, otros en idiomas, otros en informáticas, otros en deportes, otros en artes, etc. Cada estudiante recibirá una educación integral básica y, al mismo tiempo, una personalizada según sus aptitudes.
Alumnos y docentes estarían también sujetos a continua supervisión y evaluación. Los educadores que mejores resultados arrojen ganarán más y recibirán primas dinerarias, mientras los estudiantes se harán acreedores a becas y estímulos. Las escuelas entre sí igual. Las que mejor trabajo hagan, serán premiadas con espectáculos gratuitos, viajes, excursiones, etc. La competencia es el motor del progreso.

101 años de Panamá América

 
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