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Organización y seguridad ciudadana


Existe una estrecha vinculación entre capital social e inseguridad ciudadana. Entenderemos como capital social "rasgos de la organización social, como la confianza, las normas y redes, que pueden mejorar la eficacia de la sociedad facilitando acciones coordinadas". O "la confianza en los sistemas de ayuda recíproca y las redes sociales que vinculan a la gente de la comunidad"... "la confianza, las normas y las redes de reciprocidad arraigadas en las organizaciones sociales", o "la capacidad de los individuos de trabajar juntos a otros, con grupos y organizaciones, para alcanzar objetivos comunes".
Mucha de la capacidad de reaccionar de las comunidades depende de su capital social. Las relaciones recíprocas y las redes sociales tienen su origen en los vínculos familiares basadas en el parentesco y el lugar de origen, y en redes locales formadas más recientemente que asumen multiplicidad de formas. De lo anterior se desprende la importancia que tiene el capital social y la participación con relación a la capacidad de superar o mitigar situaciones adversas o generar activos con relación al impacto social y la vulnerabilidad. Podemos dimensionar las principales características del capital social, a través de la participación, tolerancia y confianza interpersonal.
1.Participación ciudadana: La participación en agrupaciones y organizaciones de diversos tipo y calibre refuerzan los valores de solidaridad y tolerancia, y la corresponsabilidad en el progreso social y comunitario, y en la seguridad ciudadana. En un estudio publicado en 1998 en base a una encuesta a nivel nacional permitió captar que el 75.9% de los encuestados no participa en ninguna organización y relación a un 24.1% que responde que en alguna. Es evidente la bajísima integración a asociaciones y organizaciones de diversos tipos, y lo poco denso de las justificaciones, pero en cambio es muy significativa la inclinación hacia la importancia de la acción organizada de la población para resolver sus problemas y la opción por aumentar la participación ciudadana.
2.Tolerancia: En relación a la tolerancia, los más cuestionados son los homosexuales (36.4%), seguidos de los militares (12.8%) y los ateos (6%). Las posiciones ideológicas obtienen un cuarto y quinto lugar con 5.4% la extrema izquierda y 1.3% la extrema derecha, respectivamente. El 79.5% desaprueba que los grupos rechazados puedan enseñar en escuelas públicas y el 78% que se les pueda elegir en cargos públicos, lo que baja a un 61.3% cuando se refiere a que hablen en televisión o en reuniones públicas, lo que delinea un significativo nivel de intolerancia entre los encuestados al rechazar los derechos de aquellos con los que existe desacuerdo.
3.Confianza interpersonal: La confianza interpresonal es una condición básica para la lealtad, y supone aceptación mutua de reglas que viabilizan el consenso y la convivencia. Además es un paso necesario para salir del espacio intrafamiliar o cercano y proyectarse en las organizaciones sociales y comunales de mayor efectividad y maduración. El 74.8% de los encuestados cree que uno nunca es lo suficientemente cuidadoso en el trato con los demás y en cambio, el 24.9% afirma que se puede confiar en las demás personas. El 52.1% opina que la mayoría de la gente de donde vive tratarían de aprovecharse de uno si se les presenta la oportunidad, en relación 38.8% que cree que no tratarían de aprovecharse y un 9% no responde. Se advierte la desconfianza en las relaciones personales, lo que indica la existencia de un clima psicosocial y cultural poco favorable, el desarrollo de actitudes de alejamiento entre las personas, y que el menor acceso a recursos y oportunidades de vida parece conducir a la competencia y rivalidad.
De las tres variables desarrolladas es palpable que la desconfianza interpersonal se asocia con un bajo nivel asociativo, lo que puede reforzar la baja capacidad de tolerancia que ya se advirtió, pese a esto, existe conciencia de solidaridad, de la importancia de organizarse y del papel que el capital social puede jugar, aunque aquello no parece llegar el terreno de los hechos sino más bien, de las intenciones. Las actitudes y creencias de los individuos hacia lo colectivo están señaladas por la desconfianza, el individualismo aunque se destaca el deseo, más que la voluntad, de participar. Definitivamente, el resultado tiene que ver con el débil tejido de la sociedad civil panameña y su vulnerabilidad.
Hoy en día el desafío más difícil y complejo de la política social es la reconstitución de la trama social. Al aumentar la presión económica y social aumenta el capital social, pero cuando la presión llega a ciertos límites las redes se recargan y los sistemas sociales dejan de funcionar, con consecuencias desastrosas para familias y comunidades. El crimen y la violencia gestados en la anomia social y en un escaso capital social, debilitan gradualmente las organizaciones comunitarias y conspiran contra ellas. Las familias invierten cada vez más en mecanismos de protección del crimen y la violencia, con la instalación de verjas y puertas metálicas, cerrojos, y cercas en torno a sus viviendas en desmedro de sus presupuestos hogareños.
En un estudio de mejoramiento de las condiciones del hogar en barriadas en los alrededores de Ciudad de Panamá, se determinó que estos tipo de medidas son genéricas y onerosas (la mitad de todos los hogares de la muestra), pues 54% se siente poco seguro en el barrio. Existen más incidentes de violencia cuando la cohesión social entre los habitantes es más débil. También la carencia de capital social impide que los jóvenes se beneficien de las inversiones en capital humano.
Enfrentar la pobreza y la violencia, a través de la construcción o reconstitución del capital social es una tarea de primer orden. Cuando la trama social es fuerte, por ejemplo a través de una red densa de organizaciones y asociaciones (cívicas, reivindicativas, iglesias, grupos de padres de familia y maestros, ligas deportivas y clubes sociales, entre otros) o cuando los valores familiares se mantienen y fortalecen se abren más posibilidades de equidad y producen las condiciones para reducir la vulnerabilidad.

101 años de Panamá América

 
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