Organizaciones internacionales
Las Cartas constitutivas de la ONU y la OEA establecen como fin fundamental propiciar la coexistencia pacífica entre los Estados que integran el concierto de naciones.
Ese objetivo no ha sido alcanzado, pues a pesar de los esfuerzos, aún no han logrado que las diferencias y controversias entre países sean resueltas mediante el diálogo y la negociación, pues hasta el presente impera la imposición de los Estados más fuertes sobre los débiles, lo cual concreta la ley de la selva.
La poca efectividad de las resoluciones adoptadas por la mayoría de los miembros de la ONU y la OEA son desconocidas por las naciones poderosas, utilizando el mecanismo del veto. Ello ha generado un orden internacional convulsionado; hemos sido testigos de la invasión a Irak, que ha degenerado una guerra sin justificación que sigue cobrando vidas, los actos terroristas se han incrementado, igual el conflicto del Medio Oriente sin resolver.
Mientras las grandes potencias, a través de sus jefes de Estado, no asuman un cambio de conducta en el sentido de que las diferencias deben resolverse con el diálogo dentro del marco jurídico consagrado por las normas del Derecho Internacional, muy poco podrán hacer estos organismos internacionales. Jamás alcanzaremos la coexistencia pacífica entre los países y estos conflictos continuarán produciéndose, constituyendo una amenaza permanente para la humanidad.
Ese objetivo no ha sido alcanzado, pues a pesar de los esfuerzos, aún no han logrado que las diferencias y controversias entre países sean resueltas mediante el diálogo y la negociación, pues hasta el presente impera la imposición de los Estados más fuertes sobre los débiles, lo cual concreta la ley de la selva.
La poca efectividad de las resoluciones adoptadas por la mayoría de los miembros de la ONU y la OEA son desconocidas por las naciones poderosas, utilizando el mecanismo del veto. Ello ha generado un orden internacional convulsionado; hemos sido testigos de la invasión a Irak, que ha degenerado una guerra sin justificación que sigue cobrando vidas, los actos terroristas se han incrementado, igual el conflicto del Medio Oriente sin resolver.
Mientras las grandes potencias, a través de sus jefes de Estado, no asuman un cambio de conducta en el sentido de que las diferencias deben resolverse con el diálogo dentro del marco jurídico consagrado por las normas del Derecho Internacional, muy poco podrán hacer estos organismos internacionales. Jamás alcanzaremos la coexistencia pacífica entre los países y estos conflictos continuarán produciéndose, constituyendo una amenaza permanente para la humanidad.