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Orientar la economía del país


No se necesita ser economista para hablar, aunque sea por encima, de la situación que vive Panamá. Tengo un yerno que es economista y siempre le he dicho que, desde que ellos se inventaron, el mundo anda enredado. Pero es que a todos nos interesa que el país avance, que su economía prospere para tener más empleos y dar a cada panameño posibilidad de vida digna. Lo primero que tenemos es la falta de un programa económico, la falta de coherencia en la política económica, que se dice una cosa y se hace otra.
Actualmente se trata como prioridad el uso del Fondo Fiduiciario para comprar deuda. Sólo basta ser un buen administrador o una buena ama de casa para saber las conveniencias del uso de ese dinero y dejar al país sin reserva y sin la base económica que le es necesario. A esto se agrega la falta de credibilidad de la sociedad en los políticos y no confían en lo que estos dicen que harán con esos fondos. La estrategia que debe seguir el gobierno está encaminada a fortalecer la economía, a buscar e incentivar las inversiones nacionales e internacionales que robustezcan la empresa privada y se le permita actuar agresivamente para cubrir las necesidades de empleo de la gente. ¿Cuántas veces he dicho que el gobierno no es empleador? Nuestros gobiernos se han acostumbrado a tener una hiperbólica burocracia porque creen que es la manera de complacer a los votantes, de tener "seguidores" que apoyen los programas de gobierno, en un momento dado.
El gobierno debe tener exclusivamente los empleados que administren y lleven la cosa pública. Luego, dejar a la empresa privada que se hipertrofie para aceptar a esos desempleados. Esto se lo propuso la empresa privada al Presidente Ardito Barletta en 1984 cuando surgió CO.CI.NA. Pero, las presiones de afuera o él mismo no supo comprender esta oportunidad.
El gobierno tiene que velar por una transparencia jurídica, una Corte Suprema impoluta; jueces que impartan justicia en forma correcta; leyes que protejan las inversiones pero, sobre todo, estabilidad jurídica y política. Nadie invertirá sin seguridad ni coloca su dinero cuando hay la posibilidad de cambiar reglas del juego en cualquier momento.
Sin ser la encargada de las finanzas del país, podría sugerir algunos proyectos que crearán empleos, que refortalezcan las pequeñas y medianas empresas que independicen a sus dueños y disminuya la supeditación que hombres y mujeres tienen de la inseguridad gubernamental o de jefes retrógrados que sojuzgan a sus empleados.
Hay que advertir la popularidad que tiene la Sra. Presidenta. Sin embargo, la campaña terminó y ahora ella nos gobierna y tiene la obligación de resolver los problemas de quienes esperan esto. Su triunfo causó una expectativa increíble, inclusive entre quienes no votaron por ella. Pero, si no pone a caminar la economía, no sólo con propósitos presentes, sino también con miras al futuro, esa popularidad se acabará o se debilitará. Faltan más de cuatro años de gobierno que el pueblo no soportará ni aunque se trate de doña Mireya.
Creo que debe hacer lo debido para que los panameños vayamos con dignidad. No se duerma en sus laureles porque la necesidad de un pueblo es más fuerte que el cariño que puedan tenerle.

101 años de Panamá América

 
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