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Otra cerca de la vergüenza


El presidente norteamericano, George Bush, con apoyo de su congreso, sigue extendiendo la cerca limítrofe con México en medio de las protestas de su vecino del sur y la repulsa de gran parte de la comunidad internacional. ¿Qué significado tiene el hecho? Fracaso, impotencia y vergüenza.
Fracaso porque Estados Unidos, con su enorme riqueza y su tratado de libre comercio, no ha logrado que México registre un crecimiento y calidad de vida suficiente para mantener a sus ciudadanos dentro de su frontera. De hecho, ahora hay más migración ilegal que nunca. Ello contrasta con la Unión Europea, que procura crear con la admisión de nuevos socios, las condiciones para una inmigración ordenada procedente de las naciones de la ex órbita soviética; aunque tiene su talón de Aquiles en la ausencia de una estrategia similar con respecto a la inmigración africana.
Impotencia, porque la cerca, además de simbolizar el alto grado de frustración de sus promotores, es totalmente inútil. Sólo servirá para aumentar el sufrimiento y los riesgos de quienes cruzan la frontera, no tanto por las propias necesidades y carencias en su país de origen, como por la presión y necesidades de una demanda de obra generada por el propio mercado norteamericano. Es como las drogas. ¿Quién es más villano, quien la produce en el sur o quien le crea mercado de consumidores en el norte? Obviamente ambos lo son. Pero no se soluciona el problema con una visión miope y parcial. ¿Por qué no orientan a su gente para que cese de pagar a precio de oro el veneno de las drogas? Si no hay demanda, no hay oferta. Crea la demanda y la oferta se generará sola. Tras la inmigración ilegal hacia Estados Unidos se oculta una creciente e imparable demanda de su industria por mano de obra barata que le permita competir con los europeos y los asiáticos.
Y es una vergüenza suprema, en la medida que los gobiernos de ambos países no encuentren de consuno fórmulas civilizadas y realistas para ponerle remedio, salvo construir Estados Unidos una cerca oprobiosa y enviar su ejército y a milicias fanáticas a impedir la inmigración por la fuerza.
Si algo nos enseña la historia es que una cerca mil veces mayor, como la Gran Muralla China, y otras menores como el Muro de Berlín, igual que la que separa hoy a los palestinos de los israelíes, es que han sido, son y serán totalmente inútiles.

101 años de Panamá América

 
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