Otra de Chávez
Si alguien llegó a pensar que su creatividad tenía límites, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, se ha encargado de demostrar que se aprendió de memoria aquel manual que afirma que “el poder es para usarlo”. Caracas, la capital venezolana, está conformada por cuatro municipios y el de la ciudad capital que los coordina. Todas las alcaldías las ganó la oposición en la última elección, lo que, claro, no gustó para nada al inquilino del Palacio de Miraflores y, recientemente, la mandó a desaparecer de la estructura administrativa.
No fue que despojó de su triunfo al opositor vencedor, no. Lo que hizo fue desaparecer la alcaldía y colocar la capital bajo la égida de la gobernación, la designación de cuyo titular le corresponde a “Chávez himself”.
Pero allí no para su originalidad. A aquellos que encabezan la oposición los ha encarcelado bajo la acusación de enriquecimiento ilícito uno, y del otro a un no se sabe cuál es la acusación puntual. Lo cierto es que Chávez ha decidido que la oposición no sólo no debe existir sino que ha comenzado a descabezarla, sobre todo después del referéndum en que fue derrotado.
Entre tanto, trata de consolidar su amistad con Estados localizados en el otro lado del mundo. No se puede dudar de la solidaridad que naciones como Rusia e Irán puedan darle; la ironía estriba en cuánto demorará en llegar esa ayuda después que el pueblo venezolano comience a pasarle facturas.