Otra huelga innecesaria
En el mes de noviembre del año pasado, escribí un artículo sobre el sindicalismo en Panamá y el error de la huelga llamada por los dirigentes.
Decía entonces que los sindicalistas no han sabido aprovechar la oportunidad para engrandecer sus agrupaciones y estar a la altura del siglo XXI.
Si se tiene un liderazgo para dirigir grupos más o menos poderosos como son los sindicatos, es necesario conservarlo aunque sea con sacrificios.
Cuando se es líder de un grupo, hay que guiarlo por el mejor sendero. Sin embargo, vemos a los sindicatos panameños conservar los mismos dirigentes a través de lustros, y pareciera que no existiera relevo para sus figuras que debieran ceder el mando a otros que vienen preparados para ello.
En los medios de comunicación ellos hablan el mismo casete anticuado sobre sus tendencias de izquierda, fuera de contexto porque el comunismo no existe. Sus nombres y sus caras se han hecho familiares en el haber diario. No obstante, es necesario que los dirigentes sepan cuándo cambiar de figuras, cuándo detenerse, cuándo sacrificarse y cuándo percibir un fracaso o un triunfo en sus actitudes.
Si deseas hacer un mal al gobierno, tiene que ser con todos los cabos atados para llevarlos al éxito o rectificar cuando se equivocan.
La huelga última del transporte fue igual a la anterior: un fracaso, y ellos lo saben.
Ellos no lograron ni siquiera unanimidad de criterio y el paro se sintió parcialmente, más bien con perjuicio para los mismos transportistas.
Luego de dos días de paro, sintieron el golpe de bolsillo, se percataron de que el apoyo de los ciudadanos era pequeño y sus mismos compañeros del gremio los abandonaron.
Es que los "cabeza caliente" creen que organizar un paro cuando la causa no es suficientemente asentada, es chicha de piña. ¡No! La economía panameña sufrió grandes pérdidas, los ciudadanos que no tienen transporte propio sufrieron atraso al ir a sus trabajos; al Gobierno no lo afectó en nada; en otros tiempos, lo hubiera reforzado.
En pocas palabras, no causó el impacto que los dirigentes transportistas esperaban y eso se veía, claro, aunque pensaran lo contrario.
Los inconvenientes a la población fueron superados; los esfuerzos sin obtener resultados positivos debilitan a esa dirigencia hasta perder el poder que siempre nos ponían como cuco de que viene una huelga de transporte y paralizará el país. ¡Mentiras! No pasó nada y no lograron nada porque sus objetivos no estaban claramente cimentados.
Cada vez que un sindicato hace una huelga, pierde parte de sus prerrogativas que les entregó Omar Torrijos como prebendas, sin ganarlos con trabajo, solamente regaladas.
Por lo tanto, esas ganancias no son suficientemente fuertes como para preservarlas, contrario al deseo del pueblo panameño.
Si los dirigentes continúan con la terquedad de sentirse fuertes equivocadamente, perderán su fuerza como sindicatos, marcharán por senderos errados y continuarán con los mismos dichos ante un pueblo cansado de lo mismo y que rechaza esa actitud.
Nadie está dispuesto a soportar más la división de clases sociales creada por esos dirigentes entre pobres y ricos. Ninguno de los dos sectores los apoyaron y perdieron el respeto; yo estaría encerrado sin que nadie me recordara
Me extraña que las bases transportistas no comprendan que es hora de renovar las dirigencias. Sin embargo, tengo entendido que tampoco son agrupaciones demasiado grandes y, esta vez, el fracaso se une a la larga lista de los últimos adquiridos por falta de liderazgo.
Me molesta eso, porque los sindicatos son parte de la democracia. Pero, de continuar cometiendo fallas, sin rectificar y autoevaluarse para saber dónde estuvo su error, perderán la consideración de la ciudadanía, de los pobres que pasaron horas largas para conseguir un medio de comunicación y para regresar a sus hogares en la noche.
Recuerden que ya los buseros no cuentan con simpatía. Ojalá recapaciten y cambien su manera de actuar para bien del movimiento sindicalista.
Ojalá paren la división de clases y se fortalezcan con buenos dirigentes que modernicen el sindicalismo en nuestro país.
Por otro lado, en los sucesos registrados en el Instituto Nacional, una unidad de la Policía Nacional que estaba de vacaciones, quien se encontraba en su residencia, sacó a relucir dos armas de fuego e hizo algunos disparos para ahuyentar a los manifestantes.
Según el agente, quien fue arrestado por miembros de la entidad policial, los estudiantes pusieron en riesgo la integridad física de su familia y sus bienes, entre ellos un vehículo que estaba estacionado en la parte baja del edificio donde reside.
En tanto, la ministra de Educación, Doris Rosas de Mata, advirtió que la violencia en ambas protestas son inexplicables, porque en ningún momento se presentó a las autoridades educativas un pliego de peticiones.
Cuestionó los actos propiciados por estudiantes del Artes y enfatizó que algunos de ellos mantienen conductas delictivas fuera del plantel.
Advirtió que los estudiantes retenidos y con mayoría edad tendrán que responder a la ley. "Es una barbarie la actuación de algunos de estos estudiantes", destacó.
La ministra informó que el Ministerio de Educación podrá prolongar la suspensión de las clases en estos planteles, si no se ha reestablecido el clima de normalidad que propicie el desarrollo efectivo de las labores educativas.
Decía entonces que los sindicalistas no han sabido aprovechar la oportunidad para engrandecer sus agrupaciones y estar a la altura del siglo XXI.
Si se tiene un liderazgo para dirigir grupos más o menos poderosos como son los sindicatos, es necesario conservarlo aunque sea con sacrificios.
Cuando se es líder de un grupo, hay que guiarlo por el mejor sendero. Sin embargo, vemos a los sindicatos panameños conservar los mismos dirigentes a través de lustros, y pareciera que no existiera relevo para sus figuras que debieran ceder el mando a otros que vienen preparados para ello.
En los medios de comunicación ellos hablan el mismo casete anticuado sobre sus tendencias de izquierda, fuera de contexto porque el comunismo no existe. Sus nombres y sus caras se han hecho familiares en el haber diario. No obstante, es necesario que los dirigentes sepan cuándo cambiar de figuras, cuándo detenerse, cuándo sacrificarse y cuándo percibir un fracaso o un triunfo en sus actitudes.
Si deseas hacer un mal al gobierno, tiene que ser con todos los cabos atados para llevarlos al éxito o rectificar cuando se equivocan.
La huelga última del transporte fue igual a la anterior: un fracaso, y ellos lo saben.
Ellos no lograron ni siquiera unanimidad de criterio y el paro se sintió parcialmente, más bien con perjuicio para los mismos transportistas.
Luego de dos días de paro, sintieron el golpe de bolsillo, se percataron de que el apoyo de los ciudadanos era pequeño y sus mismos compañeros del gremio los abandonaron.
Es que los "cabeza caliente" creen que organizar un paro cuando la causa no es suficientemente asentada, es chicha de piña. ¡No! La economía panameña sufrió grandes pérdidas, los ciudadanos que no tienen transporte propio sufrieron atraso al ir a sus trabajos; al Gobierno no lo afectó en nada; en otros tiempos, lo hubiera reforzado.
En pocas palabras, no causó el impacto que los dirigentes transportistas esperaban y eso se veía, claro, aunque pensaran lo contrario.
Los inconvenientes a la población fueron superados; los esfuerzos sin obtener resultados positivos debilitan a esa dirigencia hasta perder el poder que siempre nos ponían como cuco de que viene una huelga de transporte y paralizará el país. ¡Mentiras! No pasó nada y no lograron nada porque sus objetivos no estaban claramente cimentados.
Cada vez que un sindicato hace una huelga, pierde parte de sus prerrogativas que les entregó Omar Torrijos como prebendas, sin ganarlos con trabajo, solamente regaladas.
Por lo tanto, esas ganancias no son suficientemente fuertes como para preservarlas, contrario al deseo del pueblo panameño.
Si los dirigentes continúan con la terquedad de sentirse fuertes equivocadamente, perderán su fuerza como sindicatos, marcharán por senderos errados y continuarán con los mismos dichos ante un pueblo cansado de lo mismo y que rechaza esa actitud.
Nadie está dispuesto a soportar más la división de clases sociales creada por esos dirigentes entre pobres y ricos. Ninguno de los dos sectores los apoyaron y perdieron el respeto; yo estaría encerrado sin que nadie me recordara
Me extraña que las bases transportistas no comprendan que es hora de renovar las dirigencias. Sin embargo, tengo entendido que tampoco son agrupaciones demasiado grandes y, esta vez, el fracaso se une a la larga lista de los últimos adquiridos por falta de liderazgo.
Me molesta eso, porque los sindicatos son parte de la democracia. Pero, de continuar cometiendo fallas, sin rectificar y autoevaluarse para saber dónde estuvo su error, perderán la consideración de la ciudadanía, de los pobres que pasaron horas largas para conseguir un medio de comunicación y para regresar a sus hogares en la noche.
Recuerden que ya los buseros no cuentan con simpatía. Ojalá recapaciten y cambien su manera de actuar para bien del movimiento sindicalista.
Ojalá paren la división de clases y se fortalezcan con buenos dirigentes que modernicen el sindicalismo en nuestro país.
Por otro lado, en los sucesos registrados en el Instituto Nacional, una unidad de la Policía Nacional que estaba de vacaciones, quien se encontraba en su residencia, sacó a relucir dos armas de fuego e hizo algunos disparos para ahuyentar a los manifestantes.
Según el agente, quien fue arrestado por miembros de la entidad policial, los estudiantes pusieron en riesgo la integridad física de su familia y sus bienes, entre ellos un vehículo que estaba estacionado en la parte baja del edificio donde reside.
En tanto, la ministra de Educación, Doris Rosas de Mata, advirtió que la violencia en ambas protestas son inexplicables, porque en ningún momento se presentó a las autoridades educativas un pliego de peticiones.
Cuestionó los actos propiciados por estudiantes del Artes y enfatizó que algunos de ellos mantienen conductas delictivas fuera del plantel.
Advirtió que los estudiantes retenidos y con mayoría edad tendrán que responder a la ley. "Es una barbarie la actuación de algunos de estos estudiantes", destacó.
La ministra informó que el Ministerio de Educación podrá prolongar la suspensión de las clases en estos planteles, si no se ha reestablecido el clima de normalidad que propicie el desarrollo efectivo de las labores educativas.