Otra idea para el transporte público
De este medio han surgido múltiples ideas para mejorar el transporte público, en especial el colectivo, que es el peor. Ultimamente hemos propuesto abrir a licitación las rutas a la participación del sector privado, nacional y extranjero, con la aplicación de subsidios para las de menor movimiento.
En esta ocasión, frente a la problemática del alza de pasajes, proponemos establecer una clasificación por calidad del servicio, de modo que existan vehículos de clase A y B. Los primeros estarían autorizados para cobrar más caro.
Serían patrones de clasificación los siguientes: año del vehículo, tenencia de aire acondicionado, televisión y sanitario, asientos de tela, reclinables o no; tipo de música, ausencia de pasajeros de pie, conductores uniformados, apariencia interior y exterior, existencia de seguros y respeto de las reglas. De ese modo, los usuarios podrían escoger entre seguir pagando 25
centécimos al usar chatarras y ser atendidios por maleantes; o pagar en cambio 75 centésimos por ir sentado, sin que nadie lo empuje, con aire acondicionado, televisión y buena música de fondo desde San Miguelito hasta la Gran Terminal. La mayoría haría el esfuerzo por irse en un clase A.
Proponemos, incluso, establecer paradas especiales para los vehículos de clase B, más amplias y mejor dotadas, a cuenta de las concesionarias, donde los buses entren a recoger pasajeros, sin riesgo de mojarse y sin ocasionar tranques ni tener que correr a tomarlo en media calle.
Al poco tiempo de estar circulando los primeros buses clase A, los demás, de clase inferior, forzarán a sus dueños a ascender de clasificación mejorando el servicio, para percibir mayores ganancias, porque se procuraría que la rentabilidad de los primeros fuera tres y hasta cuatro veces superior, para incentivar la inversión y elevar la calidad, sin necesidad de decretos, ni de multas, ni de huelgas. Así dejamos que sea el libre mercado y el acicate de las mayores ganacias lo que mejore el transporte.
¿No haremos nada, porque viene el transmilénium? ¡Patrañas! Será un fracaso espectacular. Las soluciones más efectivas y perdurables vienen del mercado, no del gobierno. Los vicios existentes en nuestro transporte terminarán por estropear el proyecto. Panamá no es Bogotá, que no tiene un Canal y ni un mar constriñendo la ciudad; ni el servicio está monopolizado.
En esta ocasión, frente a la problemática del alza de pasajes, proponemos establecer una clasificación por calidad del servicio, de modo que existan vehículos de clase A y B. Los primeros estarían autorizados para cobrar más caro.
Serían patrones de clasificación los siguientes: año del vehículo, tenencia de aire acondicionado, televisión y sanitario, asientos de tela, reclinables o no; tipo de música, ausencia de pasajeros de pie, conductores uniformados, apariencia interior y exterior, existencia de seguros y respeto de las reglas. De ese modo, los usuarios podrían escoger entre seguir pagando 25
centécimos al usar chatarras y ser atendidios por maleantes; o pagar en cambio 75 centésimos por ir sentado, sin que nadie lo empuje, con aire acondicionado, televisión y buena música de fondo desde San Miguelito hasta la Gran Terminal. La mayoría haría el esfuerzo por irse en un clase A.
Proponemos, incluso, establecer paradas especiales para los vehículos de clase B, más amplias y mejor dotadas, a cuenta de las concesionarias, donde los buses entren a recoger pasajeros, sin riesgo de mojarse y sin ocasionar tranques ni tener que correr a tomarlo en media calle.
Al poco tiempo de estar circulando los primeros buses clase A, los demás, de clase inferior, forzarán a sus dueños a ascender de clasificación mejorando el servicio, para percibir mayores ganancias, porque se procuraría que la rentabilidad de los primeros fuera tres y hasta cuatro veces superior, para incentivar la inversión y elevar la calidad, sin necesidad de decretos, ni de multas, ni de huelgas. Así dejamos que sea el libre mercado y el acicate de las mayores ganacias lo que mejore el transporte.
¿No haremos nada, porque viene el transmilénium? ¡Patrañas! Será un fracaso espectacular. Las soluciones más efectivas y perdurables vienen del mercado, no del gobierno. Los vicios existentes en nuestro transporte terminarán por estropear el proyecto. Panamá no es Bogotá, que no tiene un Canal y ni un mar constriñendo la ciudad; ni el servicio está monopolizado.