Otra imagen en el espejo
Con ingenuidad, un directivo de la Cámara de Comercio señalaba que las protestas y, cierres de calles ?daban mala imagen al país?, ?asustaban la inversión extranjera? y ?producían pérdidas millonarias a la actividad económica?. Reacciona como si las manifestaciones fueran el antojo de un grupo de personas ociosas. ¿Pensará en esa niña Panamá sentada frente a un espejo contemplando la belleza de su rostro , sin fijar la mirada en esa otra imagen del fondo, difusa y siniestra, de La Parca que con su guadaña acecha paciente la hora final ?
Para algunos empresarios y políticos, el crecimiento económico y la inversión extranjera constituyen factores únicos de desarrollo; deformes miran los hechos que surgen a su alrededor y miden las consecuencias equivocadamente. De allí que su imagen estereotipada de Panamá sea el de la chica llena de maquillaje que se vende por internet, pasea en los casinos, luce sensual en anuncios inmobiliarios o se sumerge sibilina en la piscina de un hotel cinco estrellas. La perspectiva de la realidad que está más allá de las operaciones de compraventa, comisiones e intereses se la vedan las vallas publicitarias, pautas comerciales de la televisión y los ?stands? de las ferias comerciales.
Existe otro país, marginado del crecimiento económico, de la riqueza que ingresa generosa; ubicado como segundo con el ingreso per cápita más alto de la región; pero igualmente segundo con la peor distribución de la riqueza, por lo cual 200,000 niños indígenas y rurales sufren raquitismo o mueren de hambre, aunque UNICEF exprese que ?tiene suficientes recursos para atender sus problemas de desnutrición?. Un pueblo cuyos comerciantes lo reducen a la animalidad haciéndolo comer productos vencidos, granos para consumo animal y piltrafas que no ingieren en otras latitudes. Una sociedad que resignada sufre embates de un servicio de transporte genocida y obsoleto. Una clase obrera laborando en condiciones tan precarias, que los obliga a confesarse cada mañana. Un país, estimado empresario, diseñado para la subordinación y la rutina por un sistema educativo enajenante y embrutecedor, muy alejado de los parámetros de competitividad y eficiencia. Pequeño y pobre país ?pro mundi beneficio?, aunque sus habitantes mueran envenenados, narcotizados o discriminados social, económica, cultural o étnicamente, formas sutiles de muerte colectiva.