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Otra industria cerrada


Nuevamente los medios de comunicación nos traen la noticia sobre otra industria panameña que se ve forzada a cerrar sus puertas como resultado de la forma como la actual administración gubernamental ha venido aplicando la política de apertura comercial. En esta ocasión se trata de una fábrica de pastillas ubicada en el interior de la República que ofrecía empleo directo e indirecto a un gran número de panameños y panameñas que viven en áreas alejadas de la capital.
El caso viene a unirse al numeroso grupo de empresas que se han visto obligadas a terminar sus operaciones de producción en Panamá porque encuentran que no existen las condiciones convenientes en nuestro país para fabricar a precio competitivo y que no consideran que esto podrá conseguirse en un futuro inmediato.
Como consecuencia de la situación planteada, sus trabajadores tendrán que buscar empleo en alguna otra empresa, pero sin contar con la capacitación que les permitirá hacerlo con rapidez porque no se les ha concedido el tiempo ni los medios necesarios para que este salto pueda hacerse sin trauma para la familia panameña. Desde hace mucho tiempo la comunidad ha venido advirtiendo sobre el problema social que se genera al implementar un programa de rebaja de aranceles sin gradualidad y sin proyectos serios de reconversión, pero las autoridades no han prestado atención y como resultado de ello estamos viviendo esta lamentable realidad.
Otra alternativa que tienen los empleados despedidos de las industrias cerradas sería buscar un espacio en la economía informal resignándose a ver reducidos sus ingresos y sus prestaciones sociales, porque es en la industria donde se ofrecen empleos bien remunerados, se cumple con todas las reglamentaciones de seguridad que merece un trabajador, y se pagan todos los sobrecargos correspondientes. Además ni siquiera en este caso los afectados cuentan con una política eficaz de ayuda de parte del Gobierno Nacional que facilite la creación de pequeñas empresas ofreciendo orientación y créditos para que el despedido se convierta en un empresario.
Por supuesto que frente a estos difíciles caminos que se le presentan al obrero que ha quedado cesante, lo más probable es que termine aumentando el ejército de desempleados y con ello incrementando el sentimiento de frustración nacional con relación a nuestras aspiraciones de una vida de mayor bienestar para todos los panameños y panameñas. Definitivamente la política económica implementada por este gobierno requiere de importantes cambios de cara al futuro para lograr más crecimiento económico pero con más justicia social.

101 años de Panamá América

 
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