Otra opción para el Canal y su futuro
Demografía y complementos. ¿Qué pudiera suceder en el país - especialmente con una población rural sumida su gran mayoría en niveles de pobreza preocupantes - si se inician a corto plazo, tanto los embalses de Río Indio, Caño Sucio y Coclé del Norte, como el proyectado tercer juego de esclusas? No dudo que se produciría una debacle migratoria cuyas consecuencias demográficas afectarían, irreversiblemente, las urbes de Panamá y Colón.
Con un sector agropecuario desarticulado, poco promovido y en absoluta desventaja frente a lo que está ocurriendo en otras partes del mundo, son altísimas las probabilidades de que se genere el éxodo que nos ocupa. Estos nuevos colonos, luego que se terminen las gigantescas obras que algunos proponen como solución inmediata a los problemas nacionales, establecerían morada permanente en la gran región metropolitana aumentando las alarmantes realidades socioeconómicas que aquejan a nuestras dos mayores ciudades, al mismo tiempo que incrementarían las presiones sobre las cuencas y reservas de agua involucradas.
Vale la pena recordar que el oleoducto transístmico funcionó de maravilla durante los años que trasegó petróleo del Pacífico al Caribe. Los gigantes de doscientas y tantas mil toneladas que transportaban el crudo de Alaska anclaron en ambas costas panameñas, nunca cruzaron el Canal y produjeron muchísimo dinero a los socios de la obra. Hoy se presenta una situación similar que, si se aprovecha oportunamente, pudiera beneficiar a las maltrechas poblaciones de Chiriquí Grande y Puerto Armuelles, como también a la necesaria administración hídrica de la cuenca existente y a los intereses de la hermana República Bolivariana de Venezuela.
Con sólo modificar el sentido de las válvulas existentes dicha instalación pudiera manejar todo el crudo venezolano que hoy se envía hacia los países asiáticos. Habría que buscar el equilibrio económico - entiéndase una oferta tentadora y que mejore el costo de navegar alrededor del Cabo de Hornos - para que esta acción resulte interesante a quienes administran tan importante rubro de exportación.
De los 13,003 tránsitos totales registrados en el año fiscal 1999 casi el 11% (1,411 cruces, y de los cuales la gran mayoría se dirigían del Atlántico al Pacífico) fueron efectuados por buques petroleros. De llegarse a implantar el esquema antes mencionado buena parte de ellos pudiera considerar el bombeo a través del istmo como propuesta atractiva a sus intereses comerciales. Esta acción sería igualmente conveniente a nuestro país, tanto por el ahorro de agua que la misma representaría y que pudiera emplearse para fomentar el paso de naves que transporten granos y contenedores - 1 y 2 en las frecuencias de uso de la vía interoceánica - como para apuntalar las condiciones generales de los poblados colindantes con los puertos en Chiriquí y Bocas del Toro.
No sólo la reactivación de tan importante infraestructura pudiese traer beneficios al oriente panameño. Recientemente la República Bolivariana de Venezuela nos ofreció un subsidio sobre el costo de su crudo para aliviar el alza del combustible que se ha dado en el ámbito mundial. Por lo tanto, haría todo el sentido del mundo construir una refinería en Puerto Armuelles para mitigar, no sólo el influjo monopólico que tiene Bahía Las Minas, sino también suministrar a buen precio los derivados del petróleo a nuestras zonas agrícolas y otras regiones en Centroamérica.
Similar al trasiego de banano que hoy se da por vía terrestre del Pacífico al Caribe panameño otros productos - los agroquímicos y fertilizantes por citar 2 elementos ligados con la principal actividad económica del área - pudieran emplear favorablemente la combinación de puertos, servidumbres de bombeo y carreteras existentes para establecer también plantas de procesamiento en ese sector del país.
De esa forma el Canal estaría reservando su más preciado recurso para aquellos buques que realmente necesitan efectuar la travesía, es decir, aumentando el número de tránsitos disponibles para el creciente mercado de granos y contenedores, a la vez que diseminando actividad económica hacia otros sitios de la geografía nacional.
Con un sector agropecuario desarticulado, poco promovido y en absoluta desventaja frente a lo que está ocurriendo en otras partes del mundo, son altísimas las probabilidades de que se genere el éxodo que nos ocupa. Estos nuevos colonos, luego que se terminen las gigantescas obras que algunos proponen como solución inmediata a los problemas nacionales, establecerían morada permanente en la gran región metropolitana aumentando las alarmantes realidades socioeconómicas que aquejan a nuestras dos mayores ciudades, al mismo tiempo que incrementarían las presiones sobre las cuencas y reservas de agua involucradas.
Vale la pena recordar que el oleoducto transístmico funcionó de maravilla durante los años que trasegó petróleo del Pacífico al Caribe. Los gigantes de doscientas y tantas mil toneladas que transportaban el crudo de Alaska anclaron en ambas costas panameñas, nunca cruzaron el Canal y produjeron muchísimo dinero a los socios de la obra. Hoy se presenta una situación similar que, si se aprovecha oportunamente, pudiera beneficiar a las maltrechas poblaciones de Chiriquí Grande y Puerto Armuelles, como también a la necesaria administración hídrica de la cuenca existente y a los intereses de la hermana República Bolivariana de Venezuela.
Con sólo modificar el sentido de las válvulas existentes dicha instalación pudiera manejar todo el crudo venezolano que hoy se envía hacia los países asiáticos. Habría que buscar el equilibrio económico - entiéndase una oferta tentadora y que mejore el costo de navegar alrededor del Cabo de Hornos - para que esta acción resulte interesante a quienes administran tan importante rubro de exportación.
De los 13,003 tránsitos totales registrados en el año fiscal 1999 casi el 11% (1,411 cruces, y de los cuales la gran mayoría se dirigían del Atlántico al Pacífico) fueron efectuados por buques petroleros. De llegarse a implantar el esquema antes mencionado buena parte de ellos pudiera considerar el bombeo a través del istmo como propuesta atractiva a sus intereses comerciales. Esta acción sería igualmente conveniente a nuestro país, tanto por el ahorro de agua que la misma representaría y que pudiera emplearse para fomentar el paso de naves que transporten granos y contenedores - 1 y 2 en las frecuencias de uso de la vía interoceánica - como para apuntalar las condiciones generales de los poblados colindantes con los puertos en Chiriquí y Bocas del Toro.
No sólo la reactivación de tan importante infraestructura pudiese traer beneficios al oriente panameño. Recientemente la República Bolivariana de Venezuela nos ofreció un subsidio sobre el costo de su crudo para aliviar el alza del combustible que se ha dado en el ámbito mundial. Por lo tanto, haría todo el sentido del mundo construir una refinería en Puerto Armuelles para mitigar, no sólo el influjo monopólico que tiene Bahía Las Minas, sino también suministrar a buen precio los derivados del petróleo a nuestras zonas agrícolas y otras regiones en Centroamérica.
Similar al trasiego de banano que hoy se da por vía terrestre del Pacífico al Caribe panameño otros productos - los agroquímicos y fertilizantes por citar 2 elementos ligados con la principal actividad económica del área - pudieran emplear favorablemente la combinación de puertos, servidumbres de bombeo y carreteras existentes para establecer también plantas de procesamiento en ese sector del país.
De esa forma el Canal estaría reservando su más preciado recurso para aquellos buques que realmente necesitan efectuar la travesía, es decir, aumentando el número de tránsitos disponibles para el creciente mercado de granos y contenedores, a la vez que diseminando actividad económica hacia otros sitios de la geografía nacional.