¿Otra oportunidad?
Mis primeras memorias sobre la política criolla son las actividades proselitistas realizadas en las principales calles y avenidas de la ciudad, por los partidos que disputaron el solio presidencial en las elecciones nacionales de 1964. El país acababa de sufrir una desgarradora tragedia con los sucesos del 9 de enero de ese año y aún las heridas no terminaban de sanar.
Sin embargo, los políticos de siempre, en ese entonces Liberales, Republicanos, Tercer Partido Nacionalista, el Partido del Dr. Arnulfo Arias, entre otros, parecían más interesados en ganar el torneo electoral que en el dolor y luto sufrido por los panameños. Sólo la joven Democracia Cristiana parecía irradiar esperanza de cambio, y cuando más tarde le llegó su momento, sólo pudo conformarse con compartir el poder y pasar a la historia sin pena ni gloria hasta el punto de tener que cambiarse el nombre. De sus filas, eso sí, salieron excelentes profesionales y ciudadanos a los que la política no les pagó bien por su valor y esfuerzo.
Aún siguen vivas en mis memorias los símbolos de la campana, el venado, las culebritas y de la Estrella Verde de esa época. Cuatro años más tarde, se da otra, pero todavía más dramática campaña electoral, quizás hasta más dantesca que la anterior y la cual dio como resultado final una dictadura militar que llegó a durar más de dos décadas. Esta, que culminó con una invasión dirigida por una fuerza extranjera que trajo nuevamente el luto en los hogares panameños, nos dejó una herencia de dirigentes políticos que creen que los panameños sufren de una especie de Alzheimer o amnesia colectiva, y se presentan maquillados; pero con trazas de reciclados con ofertas frescas de cambio y los más osados se identifican como "el continuismo". Pero como "función de intermedio", a la Oposición se le dio la oportunidad de gobernar en estos últimos 40 años, encabezados por los herederos políticos del Dr. Arias, quienes parecen perdieron la brújula de la sensibilidad social con que el caudillo navego y algunos se dedicaron a enriquecerse y hacer acuerdos de recámara con los herederos políticos del otro caudillo para protegerse el uno al otro las espaldas. Todo esto, a costa de aumentar los índices de pobreza en el país y coartándoles la oportunidad de mejorar su calidad de vida a cientos de miles de panameños.
Aceptamos que Panamá creció y que su economía muestra cifras de éxito, pero gracias, en parte, a la iniciativa privada que cree en el futuro de la nación panameña. Lamentablemente, los políticos, en su papel de funcionarios, fracasaron. Este fracaso lo reflejan el alza acelerada del costo de la vida y la inflación, los altos niveles de inseguridad ciudadana, un servicio de transporte público ineficiente, un sistema de educación y salud decadentes, así como la falta de infraestructuras adecuadas, por mencionar algunas.
¿Y ahora qué? ¿Nos piden otra oportunidad? ¿Exigen y traman por querer encabezar una nómina presidencial desconociendo el clamor de la mayoría de los panameños y panameñas que piden a gritos un cambio de verdad? ¿Qué les da ese derecho? Obviamente, no su perfil público. Señores políticos de siempre, por primera vez en los anales de la historia republicana del Istmo, se cumplirá la vieja máxima de "Ahora le toca al Pueblo". Lo de más sale sobrando.