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Otra oportunidad que se debe  aprovechar


No hay duda de que la invasión en 1989 fue una oportunidad que se nos presentó para que todos juntos, hombro con hombro, lucháramos para corregir el rumbo vicioso que nos había señalado la narcodictadura, es decir, la cúpula milica y la de sus fieles seguidores. Para mí esta lealtad se basaba en continuar pelechando sin importar las condiciones que se dieran. Esta afirmación es veraz y se comprueba con solo volver la mirada y constatar quiénes son los que dominan las maracas en nuestro Panamá.

Nunca he dejado de preguntarme por qué se hizo casi nada para investigar a todos los que mataron, vejaron y abusaron de los panameños, con todo y que nos llenábamos la boca hablando de que teníamos una CSJ de lujo. Admito que poco me importaba mi ignorancia de los recovecos legales o de las leguleyadas que se esgrimían para hacer nada en el campo de la justicia. ¿O será más apropiado hablar de impunidad?

En el presente se supone que aprovecharemos otra oportunidad para salvar a Panamá de caer en un precipicio más profundo. Como es de esperarse, el nuevo gobierno del `cambio´ cometerá errores obvios para la ciudadanía y, a la vez, parece dispuesto a tomar medidas significativas para acabar al máximo con aquello que se ha dado en denominar “más de lo mismo” y poner al país en marcha.

Para mí no se trata de cuidarse de no criticar, porque algunos, como yo, censuramos casi todo. El caso es que se supone que los políticos vencedores se ufanan de que van a ser un verdadero cambio para el beneficio del país. ¡Enhorabuena! Y todos debemos asegurarnos de que esto se haga realidad. La única manera es no dejando pasar ninguna proclividad porque ello llevaría a otras tendencias hacia el mal que podrían convertirse en una secuela maléfica que podría prolongarse si no se le pone coto a tiempo.

Gracias a Dios, los medios de información están tratando de poner todos los puntos sobre las íes. Por lo pronto debo unirme a los que censuran la suciedad que puede sepultar a la cinta coimera (¿) y, añado, al estado deplorable en que podemos dejar al nuevo coliseo deportivo “Roberto Durán”.

Ya habrá tiempo de puntualizar otros temas importantes. Por lo pronto me conformo alentando a los que deseamos poner nuestros dedos sobre las llagas que puedan surgir. Es nuestro deber para con nuestro Panamá, que es inmortal.

101 años de Panamá América

 
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