Otra promesa sin cumplir: la de la CSS
Hay muchas opiniones y argumentos de cómo resolver el problema de la CSS; y con el tiempo, los cotizantes como nosotros, y en especial los jubilados de la institución, nos hemos ido ilustrando sobre la forma de resolverlos. También hemos seguido de cerca en la prensa hablada y escrita las opiniones del perceptiblemente inoperante "Diálogo por la CSS". Estos son algunos titulares de prensa: "Gobierno aumenta deuda con la CSS", "Estado debe 113 millones a la CSS", "Hay déficit en la CSS"; y por último, "Agoniza el Coloso".
La razón de este artículo no es dar opiniones sobre cómo resolver los problemas de la CSS; creo que hay muchas ideas, pero no acciones. Más bien queremos enfatizar lo enfermizo de que un gobierno que se dice llamar arnulfista haya dejado que la CSS caiga en su primer déficit actuarial de su historia. Esta no fue la promesa de la candidata presidenta a los panameños en 1998.
Recuerdo, ya hace alrededor de tres años, una disertación del actual Administrador de la CSS a un grupo del Club Kiwanis Metropolitano, pronosticando un déficit en la CSS, el cual lo veía venir, pero mucho más alejado de la realidad actual. En síntesis, el señor Jované analizaba el problema de la CSS como una realidad de pocos cotizantes y muchos usuarios. Nada extraordinario, ¿verdad?. Sin embargo, se enfocaba en la tesis de que un mejoramiento en la educación del panameño traería como beneficio el cotizar más y usar menos el CSS. En otras palabras, en la medida que mejoramos nuestros estándares de vida, dejaremos de usar la CSS y utilizar más los hospitales privados.
La tesis del señor Jované es muy clara y una gran verdad, pero está dirigida a un problema estructural que tardará mucho tiempo en corregirse. También, se tocó el tema de la edad de jubilación, cantidad de cuotas, cuota obrero-patronal, que son decisiones que se pueden tomar a corto o mediano plazo, pero que no se han puesto en acción.
Estamos viviendo y tengo gratos recuerdos de mis padres, abuelos y tíos sobre cómo vívidamente esperan su chequecito de la CSS y religiosamente los cambian para cumplir con sus compromisos. Los jubilados se han beneficiado, en especial, del programa de IVM (Invalidez, Vejez, Muerte) y el de Enfermedad y Maternidad. No es justo que los que estamos actualmente cotizando, ni tampoco nuestros hijos, dejemos que el "Coloso", que está enfermo, no se pueda recuperar. La morosidad de 113 millones de dólares que ha dejado acumular el gobierno no tiene razón de ser. No solamente ha dejado de pagar las cuotas de los empleados públicos, también ha utilizado la CSS para vender títulos de deuda por $50 millones para enfrentar compromisos con el IDAAN. El director de la CSS considera que el gobierno "debe pagar sus deudas con la institución y no a través de bonos o instrumentos financieros". Con estas acciones el gobierno está enterrando vivo a la CSS, y con ello, la entidad gubernamental más noble y popular de nuestra vida republicana.
Según un informe de la calificadora de riesgo Moody"s, publicado el 6 de febrero de 2003, la economía panameña ha reportado tasas de crecimiento inferiores al 1%; y, entre los retos fiscales, está el de la Caja de Seguro Social: "Implementar una reforma comprensiva en el sistema de pensiones es crucial a mediano plazo para la perspectiva fiscal del país".
No podemos enteramente achacar que la CSS ha caído en su primer déficit actuarial, porque el gobierno no ha pagado sus compromisos. Esta es sólo una de las consecuencias. Sin embargo, sí podemos revivir una promesa de campaña hecha por la señora Mireya, la esposa del fundador de la Seguridad Social de Panamá, quien nos dijo que nunca privatizará ni dejaría caer nuestra seguridad social.
Ya que el próximo gobierno será el que tendrá que lidiar con este problema, la señora Presidenta sabe y tiene más que nadie la responsabilidad de encaminar nuestro sistema social por el camino correcto.
Con sano realismo "los asesores" han estipulado que "los métodos que se empleen para introducir los cambios constitucionales deben ser los que están previstos en la actual Constitución". Si quisieran aprovechar la coincidencia de dos Asambleas diferentes que se dará en el 2004, para usar uno de los dos métodos previstos para cambios constitucionales, todo lo que tendría que hacer es presentar ante la actual Asamblea para que se apruebe una primera vez su propia propuesta a favor de una reforma que permita recurrir a una Asamblea Constituyente paralela, como tercer método para cambiar la Constitución parcial o totalmente. Los candidatos a Presidente y sus candidatos a legisladores en el 2004 declararían si piensan impulsar la reforma constitucional y por qué método lo harían. Si uno de los bandos en el proceso electoral indicara que lo haría por el método de la Constituyente paralela y el electorado lo favoreciera, habría recibido un mandato político para que se esfuerce por lograr que aprueben dicha reforma por segunda vez y completen así su aprobación, de manera que se pueda convocar efectivamente a la mencionada Asamblea.
Es improbable que la Asamblea discuta el proyecto de "los asesores". Primero, porque la opinión pública no dejará de exigir que los grandes responsables por la corrupción rindan cuentas personalmente. Segundo, porque el proyecto no tiene todavía un patrocinador con capacidad y autoridad para forjar los consensos necesarios. Tercero, porque se podría lograr el mismo propósito de una manera más simple abriendo la puerta a la posibilidad de una Asamblea Constituyente paralela.
Los asesores han perdido su tiempo en su esfuerzo por distraer la atención del tema de la responsabilidad personal por la corrupción. Pero en el proceso han hecho un trabajo preparatorio útil de inventoriar propuestas con miras a un eventual perfeccionamiento de nuestra Constitución.
(ariyan@sinfo.net)
La razón de este artículo no es dar opiniones sobre cómo resolver los problemas de la CSS; creo que hay muchas ideas, pero no acciones. Más bien queremos enfatizar lo enfermizo de que un gobierno que se dice llamar arnulfista haya dejado que la CSS caiga en su primer déficit actuarial de su historia. Esta no fue la promesa de la candidata presidenta a los panameños en 1998.
Recuerdo, ya hace alrededor de tres años, una disertación del actual Administrador de la CSS a un grupo del Club Kiwanis Metropolitano, pronosticando un déficit en la CSS, el cual lo veía venir, pero mucho más alejado de la realidad actual. En síntesis, el señor Jované analizaba el problema de la CSS como una realidad de pocos cotizantes y muchos usuarios. Nada extraordinario, ¿verdad?. Sin embargo, se enfocaba en la tesis de que un mejoramiento en la educación del panameño traería como beneficio el cotizar más y usar menos el CSS. En otras palabras, en la medida que mejoramos nuestros estándares de vida, dejaremos de usar la CSS y utilizar más los hospitales privados.
La tesis del señor Jované es muy clara y una gran verdad, pero está dirigida a un problema estructural que tardará mucho tiempo en corregirse. También, se tocó el tema de la edad de jubilación, cantidad de cuotas, cuota obrero-patronal, que son decisiones que se pueden tomar a corto o mediano plazo, pero que no se han puesto en acción.
Estamos viviendo y tengo gratos recuerdos de mis padres, abuelos y tíos sobre cómo vívidamente esperan su chequecito de la CSS y religiosamente los cambian para cumplir con sus compromisos. Los jubilados se han beneficiado, en especial, del programa de IVM (Invalidez, Vejez, Muerte) y el de Enfermedad y Maternidad. No es justo que los que estamos actualmente cotizando, ni tampoco nuestros hijos, dejemos que el "Coloso", que está enfermo, no se pueda recuperar. La morosidad de 113 millones de dólares que ha dejado acumular el gobierno no tiene razón de ser. No solamente ha dejado de pagar las cuotas de los empleados públicos, también ha utilizado la CSS para vender títulos de deuda por $50 millones para enfrentar compromisos con el IDAAN. El director de la CSS considera que el gobierno "debe pagar sus deudas con la institución y no a través de bonos o instrumentos financieros". Con estas acciones el gobierno está enterrando vivo a la CSS, y con ello, la entidad gubernamental más noble y popular de nuestra vida republicana.
Según un informe de la calificadora de riesgo Moody"s, publicado el 6 de febrero de 2003, la economía panameña ha reportado tasas de crecimiento inferiores al 1%; y, entre los retos fiscales, está el de la Caja de Seguro Social: "Implementar una reforma comprensiva en el sistema de pensiones es crucial a mediano plazo para la perspectiva fiscal del país".
No podemos enteramente achacar que la CSS ha caído en su primer déficit actuarial, porque el gobierno no ha pagado sus compromisos. Esta es sólo una de las consecuencias. Sin embargo, sí podemos revivir una promesa de campaña hecha por la señora Mireya, la esposa del fundador de la Seguridad Social de Panamá, quien nos dijo que nunca privatizará ni dejaría caer nuestra seguridad social.
Ya que el próximo gobierno será el que tendrá que lidiar con este problema, la señora Presidenta sabe y tiene más que nadie la responsabilidad de encaminar nuestro sistema social por el camino correcto.
Con sano realismo "los asesores" han estipulado que "los métodos que se empleen para introducir los cambios constitucionales deben ser los que están previstos en la actual Constitución". Si quisieran aprovechar la coincidencia de dos Asambleas diferentes que se dará en el 2004, para usar uno de los dos métodos previstos para cambios constitucionales, todo lo que tendría que hacer es presentar ante la actual Asamblea para que se apruebe una primera vez su propia propuesta a favor de una reforma que permita recurrir a una Asamblea Constituyente paralela, como tercer método para cambiar la Constitución parcial o totalmente. Los candidatos a Presidente y sus candidatos a legisladores en el 2004 declararían si piensan impulsar la reforma constitucional y por qué método lo harían. Si uno de los bandos en el proceso electoral indicara que lo haría por el método de la Constituyente paralela y el electorado lo favoreciera, habría recibido un mandato político para que se esfuerce por lograr que aprueben dicha reforma por segunda vez y completen así su aprobación, de manera que se pueda convocar efectivamente a la mencionada Asamblea.
Es improbable que la Asamblea discuta el proyecto de "los asesores". Primero, porque la opinión pública no dejará de exigir que los grandes responsables por la corrupción rindan cuentas personalmente. Segundo, porque el proyecto no tiene todavía un patrocinador con capacidad y autoridad para forjar los consensos necesarios. Tercero, porque se podría lograr el mismo propósito de una manera más simple abriendo la puerta a la posibilidad de una Asamblea Constituyente paralela.
Los asesores han perdido su tiempo en su esfuerzo por distraer la atención del tema de la responsabilidad personal por la corrupción. Pero en el proceso han hecho un trabajo preparatorio útil de inventoriar propuestas con miras a un eventual perfeccionamiento de nuestra Constitución.
(ariyan@sinfo.net)