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Otra reforma tributaria


Para finales del mes pasado, el nuevo gobierno había prometido presentar, entre otras, su reforma tributaria. Sin embargo, venció el plazo y anunció que antes de llevar esa reforma a la Asamblea Legislativa la sometería a consulta con los asesores del gobierno y luego con los diferentes gremios productivos del país. Esas consultas son sabias, particularmente porque podrían cometer graves errores, como el que recientemente se dio con los CAT y demás créditos fiscales. Pero también lo son porque servirán de oportunidad para justificar lo que propondrán ante los contribuyentes.
En esta ocasión, no se ha hablado de simplificación ni de reordenamiento, como lo hizo el gobierno anterior; simplemente de "reforma". Recuérdese que la administración anterior promovió una reforma fiscal que pretendía simplificar y reordenar el régimen tributario, pero que en el fondo buscaba, por supuesto, mayor recaudación. Acabó, entre otros, ampliando la base del ITBM para añadirle servicios (por eso ahora se llama ITBMS), derogando ciertos impuestos de poca recaudación (como el de donación), introduciendo nuevos gravámenes (como el de consumo) y reformando significativamente el régimen administrativo para la recaudación. Aunque en su momento se anticipó que la reforma tendría un efecto negativo en la economía, éste fue neutral.
En esta ocasión, no se sabe exactamente qué es lo que propondrán. En un momento se llegó a especular sobre el posible reemplazo del sistema territorial de tributación por el sistema universal. Eso, sin embargo, ya ha sido negado por las autoridades. Sí ha quedado claro que el gobierno, otra vez, pretenderá aumentar las recaudaciones a través de mayores impuestos, menores deducciones o créditos y una recaudación más efectiva.
El país estará una vez más a la expectativa de los compromisos que el gobierno asumirá en relación con las nuevas recaudaciones. En algunos países del mundo, como los escandinavos, sus ciudadanos pagan en impuestos hasta 60% de sus ingresos. Lo hacen no porque lo disfrutan sino porque reciben a cambio más y mejores servicios (educación, salud, seguridad, etc.). En Panamá, ocurre todo lo contrario: además de contar con servicios deficientes, no sólo malgastan los recursos estatales, a través de planillas infladas, proyectos demasiado costosos para el valor agregado que brindan, o gastos suntuosos, sino que prevalece la corrupción. Una y otra vez conocemos personas que llegan al gobierno con una situación económica y al terminar su gestión acaban evidentemente holgados, con casas nuevas o remodeladas, autos del año y viajes regulares que antes de su nombramiento hubieran sido imposibles.
El país sólo aceptará otra reforma tributaria que represente mayor recaudación si el gobierno demuestra que los dineros que recibe los utilizará en forma responsable, transparente y eficaz, de manera que redunden en beneficio de la población que más lo necesita. Esperamos con anticipación la justificación que nos brindará el nuevo gobierno.

101 años de Panamá América

 
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