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Otra república bananera


Con la decisión tomada por las huestes del candidato presidencial republicano George W. Bush de llevar a los tribunales la solicitud del Partido Demócrata de revisar manualmente los resultados electorales de dos condados de Florida, se abrió una opción política de aquellas que sabes dónde empiezan, pero no dónde acaban. En los Estados Unidos- el paradigma de la democracia política occidental hecho nación- cualquier desenlace de la actual pugna post- electoral, será contrario a sus intereses hegemónicos. El candidato que se proclame triunfador vendrá manchado con la marca de ilegitimidad, sobre todo, si le toca al republicano, por aquello de ganador de los votos electorales, pero perdedor de los votos populares.
La ilegitimidad tiene signo contrario al interés hegemónico. Cuando los políticos estadounidenses vienen por acá a supervisar las elecciones, la autoridad que representan, ya sea del liberal Centro Carter o del conservador Heritage, se basa tanto en el poder que poseen los Estados Unidos como en la cultura democrática de respeto a los resultados, que fue la norma política dominante- hasta ahora- entre sus dos principales partidos políticos. De hecho, la forma elegante de reconocer el triunfo del candidato ganador por parte del perdedor, la misma noche de las elecciones, es una práctica política que se impuso en la mayoría de nuestros países.
Este año, la norma no aplicó. Por eso el vocero del Departamento de Estado reaccionó confuso y dijo que no, cuando los periodistas le preguntaron si los Estados Unidos estaría dispuesto a recibir a una misión de la OEA a supervisar la cuestionada elección floridiana. El silencio fue su respuesta, ante la provocación del gobierno de Cuba de ofrecerles observadores para las elecciones de Florida, supuestamente afectadas por las "macalucias" del exilio cubano.
Lo inédito del momento, que tiene su origen o en la manipulación de los resultados o en la incapacidad del sistema de contar los votos, sólo tendrá un resultado: la pérdida de confianza en un vetusto mecanismo, que frente a lo parejo de las fuerzas en pugna, no fue capaz de sostenerse en las encuestas de salida de urna, que constituyeron los soportes de credibilidad de la mayoría de las elecciones estadounidenses de los últimos años. Las consecuencias lo será la pérdida de legitimidad de quien resulte vencedor de los comicios.
En adición, dos elementos novedosos impiden o hacen más difícil una salida política negociada entre las dos fuerzas dominantes, como lo plantean algunos. Primero, ya se acabó la guerra fría y la necesidad de la hegemonía mundial estadounidense y segundo, la conspiración que montaron los republicanos contra el presidente Clinton a raíz del escándalo Lewinsky rompió los puentes de comunicación entre los dos partidos. La polarización de la sociedad norteamericana entre liberales y conservadores se acentuó después del "affaire" y las recientes elecciones, nos muestran lo descarnado de una sociedad dividida, poco tolerante y en consecuencia, más cercana a esos sentimientos políticos primitivos, propios de quienes ellos denominan los habitantes de los países bananeros.
La judicialización del conflicto, apunta El País de España " podría degenerar en metástasis porque, dada la estrechez de los resultados en Nuevo México, Oregon, Wyoming y Wisconsin, los republicanos y los demócratas podrían solicitar a los tribunales, nuevos recuentos e incluso, nuevas votaciones". Pero todo parece indicar que la sangre no llegará hasta allá y mañana sabremos de los resultados de Florida y del nuevo presidente electo, que podría iniciar su período tan lastimado por la crisis, que tardará en recomponer la autoridad de la potencia, a no ser que esgrima el garrote. Los efectos del fenómeno los veremos en cómo se manejará el nuevo gobierno estadounidense frente a los conflictos del Medio Oriente o Colombia.
Quizá el legado, que sigue buscando Clinton, termina diciendo El País, " sea esta aberrante combinación de prosperidad económica y polarización política de EEUU. Los electores lo expresaron con claridad el pasado martes. No sólo dieron un empate a la pugna entre Gore y Bush, sino que, según el macrosondeo de Voter News Service, 6 de cada 10 expresaron su repulsión personal por Clinton, al tiempo que 2 de cada 3 reconocieron que su presidencia ha sido un éxito económico." Pero las consecuencias de tal visión las pagaremos quienes no votamos en esas elecciones, pero sufrimos o nos beneficiamos por los efectos de las mismas y peor aún, somos considerados por quienes, a partir de ahora, son tan bananeros como nosotros.

101 años de Panamá América

 
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