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Otra Semana Santa


Fueron días maravillosos de descanso en Las Tablas donde, como ya saben, los paso hace muchos años. La familia reunida, me concedió la satisfacción de estar con los tíos, primos y demás familiares alrededor de tanto cariño y de la Magdalena, santa que se arregla en nuestra casa y a quien todos damos un amor inmenso. El Viernes Santo estuvo tan hermosa como otros porque cada año lleva un arreglo diferente y su nuevo vestido y manto la llenaron de donaire y belleza.

Como Las Tablas es una región con gran influencia española, tiene arraigado el fervor religioso que da al pueblo aspecto de recogimiento. La iglesia, ocupada siempre por feligreses, ofrece diferentes actividades: el Monumento bellamente adornado el jueves santo, el lavado de los pies, el paseo de Papa Chú (como le decimos al Jesús que sale el domingo de ramos), paseando sobre alfombras de flores en las calles por donde pasa para llegar a Israel por el Puerto de Tierra, especialmente las caracuchas y todas las que se encuentren; lo importante es que Él pase sobre esa alfombra. Esa procesión estremece porque, sabiendo lo que le espera, recorre el trayecto sin lágrimas en sus ojos.

Cada pueblo tiene sus tradiciones y éstas vienen desde antes de que yo fuera niña. En otros lugares, ellas son más recientes, pero se transforman en tradiciones igualmente con el pasar del tiempo y el repetitivo uso. Cada costumbre hace de la Semana Santa, el atractivo acto en donde se pone su imaginación y logran lo inconcebible. Pesé nos presenta ahora la pasión en vivo, novedad atractiva y que ya se ha constituido en tradición visitada por personas de otros lugares del país. Y así vemos crecer la fe ante la pasión de nuestro Señor. Actualmente, las comunidades alrededor de Las Tablas tienen sus iglesias y sus propias actividades sin necesidad de ir al poblado a participar en ellas. Esto ha hecho que disminuya la concurrencia, pero las andas de La Cruz, San Juan, la Magdalena, la Dolorosa y el Santo Sepulcro recorren las calles bellamente arreglados por manos que ponen lo mejor de sí y se lucen con gusto para embellecer la procesión. Vemos pues, cómo se conservan las tradiciones, se aumentan otras, pero se conserva la fe y el respeto por ellas y por lo que significan para nosotros los católicos. Ha pasado otro año y nos preparamos para regresar al poblado, si Dios lo permite, a recordar la infancia.

101 años de Panamá América

 
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