Otra tragedia en el transporte público
Con horror vimos las escenas del lamentable siniestro que ocurrió en una unidad de transporte público, cuando explotó y las llamas terminaron arrasando el vehículo y con éste, víctimas inocentes, humildes ciudadanos, niños y mujeres. Pero por mucho dolor que esta calamidad nos cause, es momento para que veamos lo obsoleto de nuestro transporte, lo infrahumano que es, barato pero mortal. Y es que en esta gran desgracia se conjugan otras, la más reciente, la muerte de una niña, otra de las víctimas que cobra este sistema.
Hoy se culpará a los desperfectos mecánicos, a la negligencia del conductor, a la falta de seguridad; pero, más allá de eso, hay un vicio muy grande, uno que hace que por más que se compren buses nuevos, hará que estas situaciones se repitan. Se trata del sistema irracional de los cupos, invención anacrónica de algún "caudillo panameño" que con gran genialidad hizo que se instauraran estas mafias del transporte. Un sistema que fomenta las regatas, que fomenta la compra de unidades que son chatarra en Estados Unidos, la explotación del conductor que tiene que sacar su tajada de la jornada porque el dueño le exige una cuota esclavizante, y otras tantas calamidades.
Dios quiera que algún día, nosotros, la ciudadanía ejerza su presión sobre las autoridades del transporte, las empresas que prestan el servicio y los otros responsable, para que algún día tengamos un sistema centralizado, en el cual los buses presten un servicio humano y no lo actual, en alcancías rodantes que devoran a pobres personas que los esperan en las paradas de la orbe.
Luchemos por un transporte que no haya que persignarse antes de entrar, que no se irrespete la dignidad de la mujer, de los ancianos y los incapacitados, con horarios establecidos, con la paciencia para que se siente embarazadas, niños y jóvenes. No queremos ver más desgracias como ésta.
Por hoy, concluyo con esta pregunta: Quién responderá si cuando se pase del "borrador" a los detalles y a los cálculos reales, los costos se disparan por encima de los 6,000 millones. O esta otra: Quién asumirá la responsabilidad si todas las promesas hechas se quedan en el aire, como las otras promesas de "la patria nueva".
Hoy se culpará a los desperfectos mecánicos, a la negligencia del conductor, a la falta de seguridad; pero, más allá de eso, hay un vicio muy grande, uno que hace que por más que se compren buses nuevos, hará que estas situaciones se repitan. Se trata del sistema irracional de los cupos, invención anacrónica de algún "caudillo panameño" que con gran genialidad hizo que se instauraran estas mafias del transporte. Un sistema que fomenta las regatas, que fomenta la compra de unidades que son chatarra en Estados Unidos, la explotación del conductor que tiene que sacar su tajada de la jornada porque el dueño le exige una cuota esclavizante, y otras tantas calamidades.
Dios quiera que algún día, nosotros, la ciudadanía ejerza su presión sobre las autoridades del transporte, las empresas que prestan el servicio y los otros responsable, para que algún día tengamos un sistema centralizado, en el cual los buses presten un servicio humano y no lo actual, en alcancías rodantes que devoran a pobres personas que los esperan en las paradas de la orbe.
Luchemos por un transporte que no haya que persignarse antes de entrar, que no se irrespete la dignidad de la mujer, de los ancianos y los incapacitados, con horarios establecidos, con la paciencia para que se siente embarazadas, niños y jóvenes. No queremos ver más desgracias como ésta.
Por hoy, concluyo con esta pregunta: Quién responderá si cuando se pase del "borrador" a los detalles y a los cálculos reales, los costos se disparan por encima de los 6,000 millones. O esta otra: Quién asumirá la responsabilidad si todas las promesas hechas se quedan en el aire, como las otras promesas de "la patria nueva".