¿Otra vez?
No sé usted, pero yo pasé tantas veces vergüenza ajena durante el gobierno de Guillermo Endara, que el verlo ahora de candidato para las elecciones presidenciales de 2004 me trae recuerdos que hubiera preferido dejar engavetados. Ante sus frecuentes ocurrencias, hasta me pregunté en ocasiones si no le faltaría un tornillo. Pero llegué a la conclusión de que no; de que sencillamente la madre naturaleza le había negado algo, bien importante a mi modo de ver: el sentido del ridículo, aspecto que va muy ligado a la dignidad personal y que se vuelve imprescindible cuando uno no es Perico de los Palotes, sino el Presidente de la República.
¿Recuerda usted la foto en la que aparecía él muy risueño, sentado en un escaloncito, rodeado de soldados norteamericanos armados y con cascos cubiertos de tela desflecada? ¿Y qué me dice de la otra de la hija del señor Presidente, nada más y nada menos que sentada en la silla presidencial, también muy sonriente, rodeada por soldados norteamericanos? ¡Pobre Panamá!
Esas fueron las dos primeras y mayores vergüenzas ajenas. Luego tuve que pasar muchas otras, si bien menores, porque muy pronto la nueva esposa del presidente Endara llegó a sumarse de manera entusiasta a las salidas y desplantes de su consorte, aportando una que otra malacrianza propia o adoptada (porque en el gobierno y en su entorno directo había otros destacados lenguaraces).
¿Se acuerda usted del calificativo de "maricas" que les espetó el vicepresidente Ford a los policías? ¿Y de que la Primera Dama, atacando a los maestros en huelga, les dijo que podían "meterse el cheque por..."? Pero ninguno de los dos arriesgó tanto como el propio Endara al declarar públicamente, sin contención diplomática alguna, que el Presidente de México "hablaba puras pendejadas".
Tamañas majaderías eran bastante frecuentes entonces. Aunque lo peor de todo es que eran espectaculares fuegos de artificio que entretenían a la gente sin dejarle ver que ese gobierno bien poco estaba haciendo por el país. El gobierno de Endara fue, realmente, una gran oportunidad perdida.
222 Aunque lo peor de todo es que eran espectaculares fuegos de artificio que entretenían a la gente sin dejarle ver que ese gobierno bien poco estaba haciendo por el país. El gobierno de Endara fue, realmente, una gran oportunidad perdida.
Y, claro, la evidencia de todo eso ha ido creciendo con el tiempo, pues más allá de las discrepancias sobre si Pérez Balladares fue pedante y antipático o todo lo contrario, la cantidad de realizaciones hechas por su gobierno contrasta con las pocas de su antecesor, cosa que hoy reconocen incluso un buen número de quienes fueron sus adversarios.
Para colmo, el gobierno del "Toro" fue acompañado por una Primera Dama de lujo, verdad que reconocen muchos más. Pero volvamos al presente. ¿Qué me dice usted de la nueva tarjeta de presentación del señor Endara? Y que conste, del ya can-di-da-to Endara. Y menos mal que en El Panamá América él mismo se encargó de aclararnos el asunto, porque a mí la tarjeta no me dio risa, como a algunos; yo lo que me preocupé fue bastante, le digo, porque no quería malpensar con cuál de los personajes es que él se estaba identificando.
En cuanto a la señora de Endara, la verdad es que no había vuelto a oír nada de ella desde la sonada pelea familiar, que hizo pública su propio esposo, hace unos años. Hasta supuse que sus mascotas la habían al fin tranquilizado. Pero ¡qué va! Por un titular del periódico Crítica me enteré hace poquito de que cuando la reunión del CADE "Ana Mae se rayó" al saber que Martín Torrijos no iba a asistir. Sabrá Dios el porqué de la pataleta.
Es por ello que espero (ojalá se me cumpla) no tener que soportar otro gobierno que me haga pasar tantas vergüenzas ajenas pero, sobre todo, un gobierno que a final de cuentas vuelva a ser recordado más por lo que no hizo que por lo que hizo, porque Panamá se nos está cayendo a pedacitos.
¿Recuerda usted la foto en la que aparecía él muy risueño, sentado en un escaloncito, rodeado de soldados norteamericanos armados y con cascos cubiertos de tela desflecada? ¿Y qué me dice de la otra de la hija del señor Presidente, nada más y nada menos que sentada en la silla presidencial, también muy sonriente, rodeada por soldados norteamericanos? ¡Pobre Panamá!
Esas fueron las dos primeras y mayores vergüenzas ajenas. Luego tuve que pasar muchas otras, si bien menores, porque muy pronto la nueva esposa del presidente Endara llegó a sumarse de manera entusiasta a las salidas y desplantes de su consorte, aportando una que otra malacrianza propia o adoptada (porque en el gobierno y en su entorno directo había otros destacados lenguaraces).
¿Se acuerda usted del calificativo de "maricas" que les espetó el vicepresidente Ford a los policías? ¿Y de que la Primera Dama, atacando a los maestros en huelga, les dijo que podían "meterse el cheque por..."? Pero ninguno de los dos arriesgó tanto como el propio Endara al declarar públicamente, sin contención diplomática alguna, que el Presidente de México "hablaba puras pendejadas".
Tamañas majaderías eran bastante frecuentes entonces. Aunque lo peor de todo es que eran espectaculares fuegos de artificio que entretenían a la gente sin dejarle ver que ese gobierno bien poco estaba haciendo por el país. El gobierno de Endara fue, realmente, una gran oportunidad perdida.
222 Aunque lo peor de todo es que eran espectaculares fuegos de artificio que entretenían a la gente sin dejarle ver que ese gobierno bien poco estaba haciendo por el país. El gobierno de Endara fue, realmente, una gran oportunidad perdida.
Y, claro, la evidencia de todo eso ha ido creciendo con el tiempo, pues más allá de las discrepancias sobre si Pérez Balladares fue pedante y antipático o todo lo contrario, la cantidad de realizaciones hechas por su gobierno contrasta con las pocas de su antecesor, cosa que hoy reconocen incluso un buen número de quienes fueron sus adversarios.
Para colmo, el gobierno del "Toro" fue acompañado por una Primera Dama de lujo, verdad que reconocen muchos más. Pero volvamos al presente. ¿Qué me dice usted de la nueva tarjeta de presentación del señor Endara? Y que conste, del ya can-di-da-to Endara. Y menos mal que en El Panamá América él mismo se encargó de aclararnos el asunto, porque a mí la tarjeta no me dio risa, como a algunos; yo lo que me preocupé fue bastante, le digo, porque no quería malpensar con cuál de los personajes es que él se estaba identificando.
En cuanto a la señora de Endara, la verdad es que no había vuelto a oír nada de ella desde la sonada pelea familiar, que hizo pública su propio esposo, hace unos años. Hasta supuse que sus mascotas la habían al fin tranquilizado. Pero ¡qué va! Por un titular del periódico Crítica me enteré hace poquito de que cuando la reunión del CADE "Ana Mae se rayó" al saber que Martín Torrijos no iba a asistir. Sabrá Dios el porqué de la pataleta.
Es por ello que espero (ojalá se me cumpla) no tener que soportar otro gobierno que me haga pasar tantas vergüenzas ajenas pero, sobre todo, un gobierno que a final de cuentas vuelva a ser recordado más por lo que no hizo que por lo que hizo, porque Panamá se nos está cayendo a pedacitos.