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Otra vez déficit en el Seguro Social


Costó un mundo de esfuerzo hallar un grado de consenso sobre su reforma. No quedaba otro camino. El programa de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) estaba virtualmente quebrado con un déficit actuarial que excedía los mil millones de balboas e iba en aumento.

En la discusión de las reformas se habían enfrentado dos corrientes, una favorable a la privatización de los fondos de pensión y otra defensora del esquema actual de dejarlos al cuidado del Seguro Social. La cosa quedó igual, salvo una sola concesión, los asegurados más jóvenes podrían optar o no por un cálculo de su pensión, sin límites, dependiendo de la cuantía de sus aportes. Más de quince mil migraron a este sistema.

Se amplió la base de aportantes, obligando a gente que antes estaba afuera y se amplió sustancialmente la base contributiva, de modo que tuviera que cotizarse sobre sumas que antes no estaban gravadas, como fue el caso de los gastos de representación. La burocracia del Seguro estalló de alegría y, a los pocos meses estaban de vuelta a las calles, exigiendo como trofeo de guerra, un sustancial aumento de sueldo, sin ninguna relación con la calidad de los servicios. Los jubilados ya habían exigido y obtenido también su parte, merecida por cierto.

El IVM está en déficit, por B/ 71 millones, rumbo a la quiebra otra vez. Y hasta el Estado, que impulsó la reforma, está haciendo de las suyas con su mal ejemplo. El año pasado no dio su aporte de B/ 75 millones. Está listo para reemplazar el efectivo por papeles de deuda, usando al Seguro como caja menuda. Tendrá que cambiar de actitud si es que quiere realmente unificar el sistema de salud pública. Los próximos gobiernos heredarán de nuevo un dolor de cabeza insidioso, tratado con aspirina.

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