¿Otra vez la constituyente?
No importa toda la tierra que le echen encima. Es imposible enterrar las críticas que se hacen a todo lo que huela a política en este país. Todo lo que tiene que ver con los políticos tradicionales, de ahora y siempre, carece de la menor credibilidad. Entre los entes que se identifican con la política, el Tribunal Electoral se ha catapultado a niveles mucho más altos con su decisión -tan pragmática que recuerda a Pilato- de negarle el derecho a voto a los representantes de la sociedad civil en la Comisión de Reformas Electorales. Después de esto ya los miembros de ese tribunal no deben -a falta de autoridad moral- culpar a los partidos más poderosos de ser los únicos responsables del mangoneo de los entes cívicos y de los ciudadanos independientes, que se abstienen de formar parte de estos grupos exclusivistas que son los partidos políticos, elitistas por excelencia.
Con toda razón el Colegio Nacional de Abogados se ha retirado de la Comisión antes citada. Y por supuesto, la reiteración de la necesidad de una Asamblea Constituyente por parte del Dr. César Quintero, a la cual estoy seguro que se agregarán otros, recuerda que se necesita una nueva constitución que acabe con las sinvergüencerías de los que mangonean desde posiciones estratégicas en todos los poderes del Estado.
Yo prefiero ver si por un cambio las fuerzas políticas se ponen de acuerdo en la definición de una estrategia económica en aras de los más altos intereses de Panamá. No así de los intereses de los partidos electoreros ni de los presuntos futuros candidatos a la presidencia de la República. El bienestar económico del país, la lucha contra el desempleo y las medidas sociales urgentes, dentro de un ambiente de erradicación de la corrupción, tienen prelación, en mi opinión. De aprobarse dicha estrategia, con la participación de tirios y troyanos, deberá haber un compás de espera para ver si se termina con el desencanto que sentimos muchos por el aparente estancamiento de la economía. Y no entro a opinar sobre los factores que han llevado a este estancamiento. En esta instancia, eso se lo dejo a los politiqueros del patio.
Ahora bien, si después de un período prudencial la estrategia económica no da señales de éxito, entonces no nos quedará otro remedio que desviar dineros y recursos humanos en la redacción de una nueva constitución que deberá estipular todo lo que los politiqueros no quieren estipular. Me parece que esto en sí ocasionaría otro estancamiento. Sin embargo, no cabría otra alternativa ante la tosudez de los politiqueros del patio.
Reitero, pónganse de acuerdo respecto de la nueva estrategia económica. Nada de importancia tiene si tal o cual aporte es mérito de tal o cual partido o futuro candidato. Es Panamá lo que tiene preeminencia, ahora y siempre.
Mientras tanto, valdría la pena que el Tribunal Electoral reconsidere su decisión de hacer lo que quieren los partidos políticos y negarle el voto a la sociedad civil en la Comisión de Reformas Electorales. Los partidos están desacreditados. El Tribunal Electoral no debe agregarse a este grupo de dudoso historial. La fuerza moral de las funciones bien cumplidas, en todos los niveles, es el poder que cuenta porque es consistente con el bienestar de Panamá y de su gente. ¿O no?
Con toda razón el Colegio Nacional de Abogados se ha retirado de la Comisión antes citada. Y por supuesto, la reiteración de la necesidad de una Asamblea Constituyente por parte del Dr. César Quintero, a la cual estoy seguro que se agregarán otros, recuerda que se necesita una nueva constitución que acabe con las sinvergüencerías de los que mangonean desde posiciones estratégicas en todos los poderes del Estado.
Yo prefiero ver si por un cambio las fuerzas políticas se ponen de acuerdo en la definición de una estrategia económica en aras de los más altos intereses de Panamá. No así de los intereses de los partidos electoreros ni de los presuntos futuros candidatos a la presidencia de la República. El bienestar económico del país, la lucha contra el desempleo y las medidas sociales urgentes, dentro de un ambiente de erradicación de la corrupción, tienen prelación, en mi opinión. De aprobarse dicha estrategia, con la participación de tirios y troyanos, deberá haber un compás de espera para ver si se termina con el desencanto que sentimos muchos por el aparente estancamiento de la economía. Y no entro a opinar sobre los factores que han llevado a este estancamiento. En esta instancia, eso se lo dejo a los politiqueros del patio.
Ahora bien, si después de un período prudencial la estrategia económica no da señales de éxito, entonces no nos quedará otro remedio que desviar dineros y recursos humanos en la redacción de una nueva constitución que deberá estipular todo lo que los politiqueros no quieren estipular. Me parece que esto en sí ocasionaría otro estancamiento. Sin embargo, no cabría otra alternativa ante la tosudez de los politiqueros del patio.
Reitero, pónganse de acuerdo respecto de la nueva estrategia económica. Nada de importancia tiene si tal o cual aporte es mérito de tal o cual partido o futuro candidato. Es Panamá lo que tiene preeminencia, ahora y siempre.
Mientras tanto, valdría la pena que el Tribunal Electoral reconsidere su decisión de hacer lo que quieren los partidos políticos y negarle el voto a la sociedad civil en la Comisión de Reformas Electorales. Los partidos están desacreditados. El Tribunal Electoral no debe agregarse a este grupo de dudoso historial. La fuerza moral de las funciones bien cumplidas, en todos los niveles, es el poder que cuenta porque es consistente con el bienestar de Panamá y de su gente. ¿O no?