Otra vez los medicamentos
Vistos desde otro punto de vista...El lunes de esta semana amanecieron los programas de radio, televisión y los periódicos alborotados porque se estaba reglamentando la ley de medicamentos y que esto era peor que la ley. Escuché temprano al viceministro de Salud defendiendo el punto de vista del Ministerio, encargado de la reglamentación y explicando por qué algunas determinaciones que tomaron .
Pero, me preocupó que más de seis mil medicamentos necesitarán receta médica, inclusive los que yo tomo para la presión y no presión. Luego de analizar la situación, si yo, que soy médico, tendré dificultad para conseguir recetas repetitivas, ¿qué será de los otros pacientes? Una de las medicinas que tomo trae para 20 días, otra para 30 días. Pero la que trae para 20 y otra para el colesterol que también trae para 20, no coinciden, así es que, prácticamente, pasaré metida en el consultorio de mi médico solicitándole recetas nuevas y molestando aunque tenga buena voluntad. Les aseguro que el colega terminará odiándome y un día me dirá que busque otro más tonto.... y tiene toda la razón.
¿Cómo serán los demás? ¿Cobrará el médico cada vez que vaya el paciente por su nueva receta hasta que al paciente se le agote el dinero y se quede sin medicinas?¿O lo hará el médico como una cortesía, que no tienen por qué hacerlo, hasta que el galeno se canse de perder su tiempo o el paciente se avergüence de molestarlo tanto? No encuentro solución al problema, a menos que me lo expliquen los que están reglamentando.
Dijo el viceministro, a quien tengo gran cariño desde hace tiempo, que se trata de evitar la automedicación. Eso sólo se logrará con una campaña educativa que aún no la hay en Panamá. Es difícil evitar que el paciente se automedique o que el farmacéutico lo haga.
También escuché la cantidad de datos que debe escribir el médico en una receta. ¿Beneficia esto en algo a alguien? ¿De qué sirven tantos datos para comprar un antitusígeno o un antidiarreico?
Escuché además que los lugares donde se venda algún medicamento tiene que sacar permiso de Salud. Ya veo a los chinitos de las tiendecitas sacando permiso y vendiendo las medicinas al doble. ¿Abaratará esta medida las medicinas o las encarecerán? Y así continúa la reglamentación que parece ser más larga que la ley. Miren por dónde va la ley de Balbina. Nosotros, los viejos, que tomamos medicinas seremos los más perjudicados.
Me encantaría conversar con las autoridades de salud para saber qué piensan en realidad de esto; quién les ha elaborado esta reglamentación, si han medido las consecuencias. Lo que sucede es que cuando usted llama a las autoridades de salud, contesta una secretaria que es peor que una pared y le responde que ellos están en reunión y que le contestarán la llamada... y más nunca se sabe de ellos. Por esto he decidido escribir este mensaje a ver si les llega por intermedio de alguien que lo lea.
Cuando se cumplen algunos años, las neuronas se van atrofiando y la comprensión se hace más difícil. Tal vez esto hará que me resulte incomprensible esta actitud. Pero, también cuando se cumplen algunos años, la experiencia adquirida debiera ser escuchada por los jóvenes. No sé si será posible hacerme escuchar, pero le sugiero a las autoridades encargadas que reconsideren, que reflexionen, que es honesto cambiar lo hecho si hay equivocaciones.
¿Qué hará una madre a las dos de la madrugada si su niño tiene dolor de oído o de barriga, llama al pediatra y le receta por teléfono ¿Cómo comprará el medicamento?
La salud del pueblo está en juego y es muy delicado errar. Si la idea de la ley fue abaratar los medicamentos, estamos cayendo en el error de encarecerlos. Piensen lo que van a hacer por el bien de las mayorías.
Pero, me preocupó que más de seis mil medicamentos necesitarán receta médica, inclusive los que yo tomo para la presión y no presión. Luego de analizar la situación, si yo, que soy médico, tendré dificultad para conseguir recetas repetitivas, ¿qué será de los otros pacientes? Una de las medicinas que tomo trae para 20 días, otra para 30 días. Pero la que trae para 20 y otra para el colesterol que también trae para 20, no coinciden, así es que, prácticamente, pasaré metida en el consultorio de mi médico solicitándole recetas nuevas y molestando aunque tenga buena voluntad. Les aseguro que el colega terminará odiándome y un día me dirá que busque otro más tonto.... y tiene toda la razón.
¿Cómo serán los demás? ¿Cobrará el médico cada vez que vaya el paciente por su nueva receta hasta que al paciente se le agote el dinero y se quede sin medicinas?¿O lo hará el médico como una cortesía, que no tienen por qué hacerlo, hasta que el galeno se canse de perder su tiempo o el paciente se avergüence de molestarlo tanto? No encuentro solución al problema, a menos que me lo expliquen los que están reglamentando.
Dijo el viceministro, a quien tengo gran cariño desde hace tiempo, que se trata de evitar la automedicación. Eso sólo se logrará con una campaña educativa que aún no la hay en Panamá. Es difícil evitar que el paciente se automedique o que el farmacéutico lo haga.
También escuché la cantidad de datos que debe escribir el médico en una receta. ¿Beneficia esto en algo a alguien? ¿De qué sirven tantos datos para comprar un antitusígeno o un antidiarreico?
Escuché además que los lugares donde se venda algún medicamento tiene que sacar permiso de Salud. Ya veo a los chinitos de las tiendecitas sacando permiso y vendiendo las medicinas al doble. ¿Abaratará esta medida las medicinas o las encarecerán? Y así continúa la reglamentación que parece ser más larga que la ley. Miren por dónde va la ley de Balbina. Nosotros, los viejos, que tomamos medicinas seremos los más perjudicados.
Me encantaría conversar con las autoridades de salud para saber qué piensan en realidad de esto; quién les ha elaborado esta reglamentación, si han medido las consecuencias. Lo que sucede es que cuando usted llama a las autoridades de salud, contesta una secretaria que es peor que una pared y le responde que ellos están en reunión y que le contestarán la llamada... y más nunca se sabe de ellos. Por esto he decidido escribir este mensaje a ver si les llega por intermedio de alguien que lo lea.
Cuando se cumplen algunos años, las neuronas se van atrofiando y la comprensión se hace más difícil. Tal vez esto hará que me resulte incomprensible esta actitud. Pero, también cuando se cumplen algunos años, la experiencia adquirida debiera ser escuchada por los jóvenes. No sé si será posible hacerme escuchar, pero le sugiero a las autoridades encargadas que reconsideren, que reflexionen, que es honesto cambiar lo hecho si hay equivocaciones.
¿Qué hará una madre a las dos de la madrugada si su niño tiene dolor de oído o de barriga, llama al pediatra y le receta por teléfono ¿Cómo comprará el medicamento?
La salud del pueblo está en juego y es muy delicado errar. Si la idea de la ley fue abaratar los medicamentos, estamos cayendo en el error de encarecerlos. Piensen lo que van a hacer por el bien de las mayorías.