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Otra vez Roosevelt


Chávez en Venezuela, Lula en Brasil y hace un tiempo Tabaré Vázquez en Uruguay mencionan a Franklin Delano Roosevelt como el salvador de los Estados Unidos de la crisis del 30. Nada más lejano a la verdad.
Los acuerdos de Génova y Bruselas de los años 20 abandonaron el patrón oro clásico para implantar un sistema que, en definitiva, se basaba en el dólar sin atadura con el oro, aunque nominalmente se estableció una relación con aquel metal. Dicha vinculación sólo podía concretarla la banca central extranjera, pero con un acuerdo tácito de no pedir el oro a Fort Knox. Esta maquinación permitió que en los Estados Unidos se imprimieran alegremente billetes verdes que condujeron al auge de los años 20 y, finalmente, a la gran depresión de los años 30. A esto se agregó el aumento del gasto público y el déficit fiscal de la época del presidente Herbert Hoover. Entonces, el primer punto que debe precisarse es que la crisis se produjo como consecuencia del desorden monetario y fiscal que se apartó radicalmente de los postulados de disciplina que establece la visión liberal.
Durante su campaña electoral y hasta que asumió la presidencia en 1933, Roosevelt prometió ordenar el presupuesto y reducir en una cuarta parte los gastos estatales. Sin embargo, en el ínterin se reunía con intelectuales socialistas como Raymond Moley, Rexford Tagwell, Adolph Berle, Felix Frankfurter y James Landis quienes sostenían que el modelo a seguir era el de Bismarck en Alemania y de Beveridge y los fabianos en Inglaterra. Así, cuando asumió la presidencia revirtió todo lo prometido en campaña. Como explica Milton Friedman, hasta 1929 el gasto público en los Estados Unidos era el 12% del PBN. Durante los primeros años de Roosevelt este guarismo se duplicó y luego se acercó al 32%.
Durante la era Roosevelt, bautizada como "New Deal", se crearon catorce entidades para la intervención gubernamental en la economía: en el comercio, la industria, los bancos, la agricultura y las relaciones laborales. Se implantó un sistema estatal denominado de "seguridad social" y, en plena caída de las tasas de capitalización por las crisis, se decretaron salarios mínimos que condenaron a 13 millones de personas al desempleo. Se encararon masivas obras públicas que reasignaron los escasos recursos desde las áreas productivas a las estatales lo cual hizo que, solamente en el primer año fiscal, se duplicara el gasto total. Se estableció la empresa estatal eléctrica Tennessee Valley Authority que, a partir de entonces, produjo grandes problemas ecológicos, energía cara y un abultado déficit operativo.
Roosevelt destrozó lo que quedaba del patrón oro, convirtió en ilegal la tenencia de ese metal por parte de particulares y prohibió contratos con cláusula oro al tiempo que estableció, ya en 1934, las tasas fiscales más elevadas del orbe.
Muchas de las iniciativas de Roosevelt fueron rechazadas por la Corte Suprema de Justicia por inconstitucionales, lo que hizo que aquel llevara a cabo todas las medidas que estuvieron a su alcance con la intención de aumentar el número de los miembros de la Corte, lo cual estuvo a punto de lograr. La segunda Guerra Mundial opacó en algo los efectos negativos del "New Deal", absorbió una parte sustancial de la mano de obra y permitió ocultar algunas de sus consecuencias más espinosas a través de la emergencia de la guerra. Como ha escrito el célebre profesor de UCLA Benjamin M. Anderson, "Wilson se vio forzado a tomar medidas durante la Primera Guerra mientras que Roosevelt apuntaba al agrandamiento del aparato estatal, la Segunda Guerra era un pretexto".
Principalmente debido a su asesor en el Departamento de Estado -Alger Hiss- y a la influencia de izquierda en esa área gubernamental es que, finalmente, en Yalta, se entregaron las tres cuartas de Europa a la Unión Soviética.
John Flynn, Paul Poirot, Hans Sennholz, Ludwig von Mises, F. A. Hayek, Leonard E. Read, Murray Rothbard, Robert Higgs, Henry Hazlitt, Frank Chodorov y tantos otros han dejado testimonio en sus obras de cómo Estados Unidos se apartó completamente de la visión de los Padres Fundadores a partir de Roosevelt. Incluso, como apunta Higgs, hasta simpatizantes de Roosevelt como Alan Brinkley dejaron consignado que el gobierno de Roosevelt "tomó la planificación gubernamental con una veneración religiosa".
* Vicepresidente - Investigador Senior de la Fundación Friedrich A. von Hayek de Argentina.
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