Otro 3 de Noviembre
EL VIAJE DE BUSH a Panamá. El jueves recién pasado, celebramos el tercer 3 de noviembre de nuestro segundo siglo como república independiente. El primero, del año 2003, estuvo marcado por la celebración del primer siglo de nuestra independencia y por la incertidumbre sobre el proceso electoral, realmente competitivo, por lo menos a nivel presidencial, que comenzaba a desarrollaba entonces.
El tercer 3 de noviembre de nuestro segundo siglo como República independiente lo hemos celebrado en la expectativa de la visita del presidente Bush al presidente Martín Torrijos, el 6 y .7 del mismo mes. No cabe la menor duda de que la visita fue un éxito personal político de nuestro presidente. El Presidente de EU elogió al de Panamá, por el rumbo de la economía, la lucha contra la corrupción, la práctica de la democracia, su cooperación con EU, y en especial su apoyo a una política internacional antiterrorista. Además, nuestro Ejecutivo supo tomar las providencias para que la visita del presidente de EU no estuviera marcada por protestas y manifestaciones en su contra. Ni el presidente Lula ni el presidente Kirschner lograron evitar actos de protesta popular contra la presencia de Bush, que fueron particularmente duros en la Argentina. El contraste favoreció al presidente Martín Torrijos, quien pudo limitar la mayor parte de la protesta prevista. Ello tuvo algún costo político para el gobierno y para el grupo de manifestantes por la irritación que siente una parte de la población panameña cada vez que le alteran sus hábitos de transporte.
En estos aspectos que conciernen sobre todo a la opinión pública, la imagen de nuestro país mejoró notablemente. Lo necesitábamos. Sin embargo, hay que mencionar que la imagen del presidente Bush y la de su país son, en actualmente negativas. Por ello, el gobierno de Panamá se consideró obligado a crear un vacío de presencia humana y de ajetreo urbano y a desplegar numerosos miembros de la Policía Nacional y de otros cuerpos policivos, en torno a los lugares que visitaría el presidente norteamericano, para así garantizar su seguridad. Adicionalmente, el poder máximo que ostenta EU y su mandatario lo pagan a un precio muy alto de falta de simpatía e incluso de animadversión por parte de sectores de otros países.
Con respecto al futuro, el presidente Bush destacó la buena administración del Canal en manos panameñas, naturalmente esperando que continuaría, una vez que se ampliara el Canal, si Panamá lo decidía. Se mostró partidario de la finalización y la aprobación de un Tratado de Libre Comercio con Panamá. Al decir que para EU el tema de los polígonos de tiro era susceptible mas conversación, dejó una puerta para que, al margen de los tratados, se encuentre una compensación al daño causado a nuestro medio ambiente.
Aunque sus expresiones sobre estos temas no fueron ni precisas ni, según EU, obligantes, mantuvieron abierta la posibilidad de un eventual entendimiento entre nuestros dos países sobre el particular. Si en el futuro EU no demostrara posturas más favorables a Panamá sobre estos puntos, tendríamos el derecho a sentir que, al margen de los Tratados, EU habría incumplido su propia actitud, tal que la sugirieron las expresiones del presidente Bush.
Tomamos nota, por lo demás, que la pregunta que le hicieron al presidente Bush sobre la participación de China Popular en la expansión del Canal, no recibió respuesta. Probablemente esta reticencia se extienda al resto del mejoramiento de nuestras relaciones con China Popular.
Pienso que esta postura del Ejecutivo norteamericano no es aceptable para Panamá, y que debemos insistir en que la misma se supere y que nuestro gobierno adopte sobre este particular lo que juzgue más conveniente para nuestro país. Panamá no puede mantenerse al margen del surgimiento indiscutible de China Popular como una potencia de primer rango en el mundo, tal que lo reconocen 165 países de la Naciones Unidas, incluso todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, mientras sólo 27 países reconocen a Taiwan.
Oportunidad para nuestros gobernantes. Es necesario que nuestros gobernantes adviertan que si bien EU es la única gran potencia mundial restante, ésta se topa con límites muy serios en diversas áreas. En cuanto al Canal, para proteger el mismo sin restablecer un ejército ni involucrase en alianzas militares, Panamá va a tener que desarrollar una auténtica política de neutralidad activa. Ello implicaría un límite a la exclusividad que EU parece querer mantener con respecto a la seguridad del Canal. Además, EU demuestra una vulnerabilidad inesperada ante el daño que le puedan infligir grupos con mentalidad políticamente fundamentalista, que aunque no tengan una industria de armas de destrucción masiva, ni una economía capaz de hacerle frente a un conflicto prolongado, ni una tecnología que les dé acceso a una capacidad moderna de defenderse, suplen varias de estas carencias gracias a su disposición a recurrir a agentes suicidas-homicidas, con tal de hacerle daño irreparable a EU y a sus más cercanos aliados.
Los encargados de las Relaciones Exteriores y de la seguridad de Panamá, supieron actuar con cautela e inteligencia, pues lograron que el Presidente de EU, sintiéndose mejor recibido, mencionara temas que probablemente hubiera preferido mantener en silencio y este hecho es favorable a nuestras posiciones sobre los mismos. Iguales habilidades diplomáticas podrían brindarnos una oportunidad ante la situación de América Latina que ahora se está dividiendo en direcciones divergentes frente al ALCA. Por una parte, 27 países de nuestro continente están tomando una dirección a favor del ALCA, con EU, Canadá y México a la cabeza. Y por otra parte, 5 países encabezados por Brasil y Argentina, plantean su negativa al ALCA. Pero sus posiciones no coinciden, puesto que Brasil y Argentina no rechazan el ALCA, sino que condicionan su ingreso a lo que ellos piensan son condiciones de mayor equidad, sobre todo en razón de la política norteamericana y también europea de subvenciones y otras ventajas a favor de los productos agropecuarios.
Sólo un país, Venezuela, bajo el gobierno del presidente Chavez, que es un populista a ultranza, convierte la discusión del ALCA en una oportunidad para promover un antinorteamericanismo obsesivo. También estimula una supuesta revolución social, que le sirve de pretexto para acumular el poder de todos los órganos del Estado, violentando así el equilibrio de la democracia. Su influencia proviene de la gran cantidad de petróleo del que dispone su país.
Panamá, que como señala el analista político y periodista Milton Henríquez, geográficamente es centroamericana, históricamente suramericana, culturalmente caribeña, y ha tenido una intensidad de relaciones con los EU sólo superada por Puerto Rico y en otra época por Cuba. A diferencia de estos países, Panamá ni se ha integrado a EU como Puerto Rico, ni ha incurrido en las últimas décadas en la enemistad con dicho país como Cuba.
El reciente éxito de Panamá en sus relaciones exteriores sugiere que podría ayudar a recomponer la unidad de lo substancial de América Latina con los Estados Unidos, siempre y cuando éstos demuestren una nueva flexibilidad en cuanto a las condiciones del ALCA. Ello podría convertir a Panamá en la Bruselas de nuestro continente, haciendo realidad el sueño del Libertador que veía a nuestro país como "puente del mundo y corazón del universo".
Para que Panamá juegue este papel debemos aprender a hacer consenso en los asuntos de mayor gravedad para el país y no solo en asuntos de menor importancia. Estoy convencido que nuestra política exterior requiere un consenso semejante que abarque a todos los partidos políticos y a los principales gremios. El momento de hacerlo es ahora.
(ariyan@sinfo.net)
El tercer 3 de noviembre de nuestro segundo siglo como República independiente lo hemos celebrado en la expectativa de la visita del presidente Bush al presidente Martín Torrijos, el 6 y .7 del mismo mes. No cabe la menor duda de que la visita fue un éxito personal político de nuestro presidente. El Presidente de EU elogió al de Panamá, por el rumbo de la economía, la lucha contra la corrupción, la práctica de la democracia, su cooperación con EU, y en especial su apoyo a una política internacional antiterrorista. Además, nuestro Ejecutivo supo tomar las providencias para que la visita del presidente de EU no estuviera marcada por protestas y manifestaciones en su contra. Ni el presidente Lula ni el presidente Kirschner lograron evitar actos de protesta popular contra la presencia de Bush, que fueron particularmente duros en la Argentina. El contraste favoreció al presidente Martín Torrijos, quien pudo limitar la mayor parte de la protesta prevista. Ello tuvo algún costo político para el gobierno y para el grupo de manifestantes por la irritación que siente una parte de la población panameña cada vez que le alteran sus hábitos de transporte.
En estos aspectos que conciernen sobre todo a la opinión pública, la imagen de nuestro país mejoró notablemente. Lo necesitábamos. Sin embargo, hay que mencionar que la imagen del presidente Bush y la de su país son, en actualmente negativas. Por ello, el gobierno de Panamá se consideró obligado a crear un vacío de presencia humana y de ajetreo urbano y a desplegar numerosos miembros de la Policía Nacional y de otros cuerpos policivos, en torno a los lugares que visitaría el presidente norteamericano, para así garantizar su seguridad. Adicionalmente, el poder máximo que ostenta EU y su mandatario lo pagan a un precio muy alto de falta de simpatía e incluso de animadversión por parte de sectores de otros países.
Con respecto al futuro, el presidente Bush destacó la buena administración del Canal en manos panameñas, naturalmente esperando que continuaría, una vez que se ampliara el Canal, si Panamá lo decidía. Se mostró partidario de la finalización y la aprobación de un Tratado de Libre Comercio con Panamá. Al decir que para EU el tema de los polígonos de tiro era susceptible mas conversación, dejó una puerta para que, al margen de los tratados, se encuentre una compensación al daño causado a nuestro medio ambiente.
Aunque sus expresiones sobre estos temas no fueron ni precisas ni, según EU, obligantes, mantuvieron abierta la posibilidad de un eventual entendimiento entre nuestros dos países sobre el particular. Si en el futuro EU no demostrara posturas más favorables a Panamá sobre estos puntos, tendríamos el derecho a sentir que, al margen de los Tratados, EU habría incumplido su propia actitud, tal que la sugirieron las expresiones del presidente Bush.
Tomamos nota, por lo demás, que la pregunta que le hicieron al presidente Bush sobre la participación de China Popular en la expansión del Canal, no recibió respuesta. Probablemente esta reticencia se extienda al resto del mejoramiento de nuestras relaciones con China Popular.
Pienso que esta postura del Ejecutivo norteamericano no es aceptable para Panamá, y que debemos insistir en que la misma se supere y que nuestro gobierno adopte sobre este particular lo que juzgue más conveniente para nuestro país. Panamá no puede mantenerse al margen del surgimiento indiscutible de China Popular como una potencia de primer rango en el mundo, tal que lo reconocen 165 países de la Naciones Unidas, incluso todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, mientras sólo 27 países reconocen a Taiwan.
Oportunidad para nuestros gobernantes. Es necesario que nuestros gobernantes adviertan que si bien EU es la única gran potencia mundial restante, ésta se topa con límites muy serios en diversas áreas. En cuanto al Canal, para proteger el mismo sin restablecer un ejército ni involucrase en alianzas militares, Panamá va a tener que desarrollar una auténtica política de neutralidad activa. Ello implicaría un límite a la exclusividad que EU parece querer mantener con respecto a la seguridad del Canal. Además, EU demuestra una vulnerabilidad inesperada ante el daño que le puedan infligir grupos con mentalidad políticamente fundamentalista, que aunque no tengan una industria de armas de destrucción masiva, ni una economía capaz de hacerle frente a un conflicto prolongado, ni una tecnología que les dé acceso a una capacidad moderna de defenderse, suplen varias de estas carencias gracias a su disposición a recurrir a agentes suicidas-homicidas, con tal de hacerle daño irreparable a EU y a sus más cercanos aliados.
Los encargados de las Relaciones Exteriores y de la seguridad de Panamá, supieron actuar con cautela e inteligencia, pues lograron que el Presidente de EU, sintiéndose mejor recibido, mencionara temas que probablemente hubiera preferido mantener en silencio y este hecho es favorable a nuestras posiciones sobre los mismos. Iguales habilidades diplomáticas podrían brindarnos una oportunidad ante la situación de América Latina que ahora se está dividiendo en direcciones divergentes frente al ALCA. Por una parte, 27 países de nuestro continente están tomando una dirección a favor del ALCA, con EU, Canadá y México a la cabeza. Y por otra parte, 5 países encabezados por Brasil y Argentina, plantean su negativa al ALCA. Pero sus posiciones no coinciden, puesto que Brasil y Argentina no rechazan el ALCA, sino que condicionan su ingreso a lo que ellos piensan son condiciones de mayor equidad, sobre todo en razón de la política norteamericana y también europea de subvenciones y otras ventajas a favor de los productos agropecuarios.
Sólo un país, Venezuela, bajo el gobierno del presidente Chavez, que es un populista a ultranza, convierte la discusión del ALCA en una oportunidad para promover un antinorteamericanismo obsesivo. También estimula una supuesta revolución social, que le sirve de pretexto para acumular el poder de todos los órganos del Estado, violentando así el equilibrio de la democracia. Su influencia proviene de la gran cantidad de petróleo del que dispone su país.
Panamá, que como señala el analista político y periodista Milton Henríquez, geográficamente es centroamericana, históricamente suramericana, culturalmente caribeña, y ha tenido una intensidad de relaciones con los EU sólo superada por Puerto Rico y en otra época por Cuba. A diferencia de estos países, Panamá ni se ha integrado a EU como Puerto Rico, ni ha incurrido en las últimas décadas en la enemistad con dicho país como Cuba.
El reciente éxito de Panamá en sus relaciones exteriores sugiere que podría ayudar a recomponer la unidad de lo substancial de América Latina con los Estados Unidos, siempre y cuando éstos demuestren una nueva flexibilidad en cuanto a las condiciones del ALCA. Ello podría convertir a Panamá en la Bruselas de nuestro continente, haciendo realidad el sueño del Libertador que veía a nuestro país como "puente del mundo y corazón del universo".
Para que Panamá juegue este papel debemos aprender a hacer consenso en los asuntos de mayor gravedad para el país y no solo en asuntos de menor importancia. Estoy convencido que nuestra política exterior requiere un consenso semejante que abarque a todos los partidos políticos y a los principales gremios. El momento de hacerlo es ahora.
(ariyan@sinfo.net)