Otro ángulo
Con motivo del nuevo año escolar y de otros esfuerzos comunitarios en orden a hacer algo por el rescate de los valores, arribamos al tema de la educación. Y al hablar de educación, nos damos cuenta de que esa labor hay que redefinirla, porque así como decimos "que la economía es tan importante que no podemos dejárselas a los economistas", de la misma manera podríamos decirle de la educación que es tan importante, que no podemos dejársela sólo a los educadores" enfatizando con esto su complejidad y su extensión hacia el hogar y hacia el ambiente.
En un colegio de la capital, una maestra inspirada en las ideas educativas prácticas trata de inculcar entre los niños de primer grado la idea de "compartir" y para eso, en los trabajos de pintar con lápices de colores, les sugiere que se presten unos a otros los lápices, las reglas y lo que se necesita y al día siguiente se encontró que un niño no quería compartir, porque su papá le había instruido que no compartiera nada, porque si estaban en ese colegio sus papas debían tener plata para comprárselos y no para compartirlos.
De qué sirve que en la escuela te enseñen moral, justicia, buenas maneras si cuando vuelves a casa, contradicen y cancelan lo aprendido. Eso mismo noté cuando visité una región indígena, y me encontré que muchos nativos eran graduados del Nido de Aguilas y habían cursado en la Universidad, pero cuando llegaban a su sitio de origen, toda su educación exquisita se veía cancelada por el entorno cultural y todo lo aprendido en un sentido quedaba absorbido por la costumbre contraria. La selva absorbe.
Otro caso. Me contaba llena de tristeza una madre de familia una situación extraña. En su hogar, donde había dos adolescentes varones en estudios secundarios, cada vez que se armaba una discusión por cualquier tontería en la familia, el papá, un hombre instruido, invitaba a pelear él con sus hijos en la calle, con los resultados consecuentes. Así, ¿cómo podemos educar?
Lo mismo que aquel señor muy letrado y que tenía a un hijo adolescente, pero con unos modales un tanto delicados, le calzaba los guantes de boxeo, diariamente, para que convirtiera esos modales en otros más feroces. Resultado. Lo magullaba todo y no consiguió nada, sino un rencor insustituible.
Y ya que estamos en ejemplos, recuerdo la filosofía de aquel padre de familia que al enterarse de que su hijo adolescente andaba abusando sexualmente del servicio doméstico femenino, se enorgullecía y lo justificaba diciendo que eso estaba incluido en el contrato de servicio para todo en la casa.
No sabemos quiénes son los que deben ser educados muchas veces, si los papás o los hijos. Y eso hace difícil hablar y echar la culpa a la falta de educación.
Ya lo dijimos en otro artículo cuando hablábamos de la familia y la fe, que si la fe hogareña es débil, la acogida en el colegio, también será débil.
Hace ya muchos años, siendo profesor de moral cristiana católica, hicimos una pequeña encuesta cuando hablamos de la obligación dominical de la Eucaristía y efectivamente, en un salón de 40 alumnos, sólo el 5% había cumplido con el precepto dominical. Y preguntándonos a qué se debía la inasistencia, llanamente y sin embages, respondieron: porque en mi casa no se estila con el precepto dominical. ¿Si mis padres no van por qué voy a ir yo?.
Con lo cual quedó claro que el asunto no es que el colegio no hagan ver tu obligación de vivir como cristiano, sino que en tu casa desmontan, con el ejemplo, la estructura de convicción que se comienza a crear : "Verba, volant, exempla trahunt", las palabras vuelan, los ejemplos arrastran.
Resultado, no se habló más del tema. Entonces vienen los reclamos de por qué no les inculcan ésta u otra buena costumbre u obligación. Si en tu casa se fomenta la mentira, no te extrañes que no se le pueda creer nada al muchacho. Hijo de gato... "Los ejemplos arrastran".
Afirmamos que la caridad comienza por casa, y podemos glosar el dicho, diciendo que la verdadera educación comienza por casa. Dejemos de pedirles milagros a las escuelas y colegios y de exigir a los profesores que por tener tantos alumnos no puede asistir personalmente al alumno.
Sí, los grandes males que nos aquejan como conglomerado social se deben en gran parte a la falta de educación, pero esa educación no la podemos encargar a otros y tiene que comenzar por casa, y eso sí que hace el asunto difícil.
En un colegio de la capital, una maestra inspirada en las ideas educativas prácticas trata de inculcar entre los niños de primer grado la idea de "compartir" y para eso, en los trabajos de pintar con lápices de colores, les sugiere que se presten unos a otros los lápices, las reglas y lo que se necesita y al día siguiente se encontró que un niño no quería compartir, porque su papá le había instruido que no compartiera nada, porque si estaban en ese colegio sus papas debían tener plata para comprárselos y no para compartirlos.
De qué sirve que en la escuela te enseñen moral, justicia, buenas maneras si cuando vuelves a casa, contradicen y cancelan lo aprendido. Eso mismo noté cuando visité una región indígena, y me encontré que muchos nativos eran graduados del Nido de Aguilas y habían cursado en la Universidad, pero cuando llegaban a su sitio de origen, toda su educación exquisita se veía cancelada por el entorno cultural y todo lo aprendido en un sentido quedaba absorbido por la costumbre contraria. La selva absorbe.
Otro caso. Me contaba llena de tristeza una madre de familia una situación extraña. En su hogar, donde había dos adolescentes varones en estudios secundarios, cada vez que se armaba una discusión por cualquier tontería en la familia, el papá, un hombre instruido, invitaba a pelear él con sus hijos en la calle, con los resultados consecuentes. Así, ¿cómo podemos educar?
Lo mismo que aquel señor muy letrado y que tenía a un hijo adolescente, pero con unos modales un tanto delicados, le calzaba los guantes de boxeo, diariamente, para que convirtiera esos modales en otros más feroces. Resultado. Lo magullaba todo y no consiguió nada, sino un rencor insustituible.
Y ya que estamos en ejemplos, recuerdo la filosofía de aquel padre de familia que al enterarse de que su hijo adolescente andaba abusando sexualmente del servicio doméstico femenino, se enorgullecía y lo justificaba diciendo que eso estaba incluido en el contrato de servicio para todo en la casa.
No sabemos quiénes son los que deben ser educados muchas veces, si los papás o los hijos. Y eso hace difícil hablar y echar la culpa a la falta de educación.
Ya lo dijimos en otro artículo cuando hablábamos de la familia y la fe, que si la fe hogareña es débil, la acogida en el colegio, también será débil.
Hace ya muchos años, siendo profesor de moral cristiana católica, hicimos una pequeña encuesta cuando hablamos de la obligación dominical de la Eucaristía y efectivamente, en un salón de 40 alumnos, sólo el 5% había cumplido con el precepto dominical. Y preguntándonos a qué se debía la inasistencia, llanamente y sin embages, respondieron: porque en mi casa no se estila con el precepto dominical. ¿Si mis padres no van por qué voy a ir yo?.
Con lo cual quedó claro que el asunto no es que el colegio no hagan ver tu obligación de vivir como cristiano, sino que en tu casa desmontan, con el ejemplo, la estructura de convicción que se comienza a crear : "Verba, volant, exempla trahunt", las palabras vuelan, los ejemplos arrastran.
Resultado, no se habló más del tema. Entonces vienen los reclamos de por qué no les inculcan ésta u otra buena costumbre u obligación. Si en tu casa se fomenta la mentira, no te extrañes que no se le pueda creer nada al muchacho. Hijo de gato... "Los ejemplos arrastran".
Afirmamos que la caridad comienza por casa, y podemos glosar el dicho, diciendo que la verdadera educación comienza por casa. Dejemos de pedirles milagros a las escuelas y colegios y de exigir a los profesores que por tener tantos alumnos no puede asistir personalmente al alumno.
Sí, los grandes males que nos aquejan como conglomerado social se deben en gran parte a la falta de educación, pero esa educación no la podemos encargar a otros y tiene que comenzar por casa, y eso sí que hace el asunto difícil.