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¿Otro arboricidio?


Agradezco al alcalde Navarro que haya respondido mi llamada telefónica del pasado sábado 13 de diciembre, para indagar sobre el derribo, por una cuadrilla del Departamento de Ornato y Medio Ambiente del Municipio de Panamá, de un majestuoso árbol de más de 50 años y 20 metros de altura que embellecía la esquina de avenida Manuel María Icaza, justo al costado del edificio Campo Alegre, donde he tenido mi bufete desde hace más de veinte años.
El alcalde Navarro me adelantó que había accedido al derribo del árbol, contra su deseo, en atención a que lo habían demandado varios vecinos del lugar que lo consideraban un peligro. No tengo por qué dudar de la versión del Alcalde. Sin embargo, todas las personas del sector, incluyendo los dueños y residentes del edificio Campo Alegre, a las que he preguntado, o han expresado sorpresa o dicen desconocer de tal petición.
El Alcalde, además, dijo que se acercaría personalmente al lugar para imponerse mejor de los hechos y que me volvería a llamar. Cualquiera sea el resultado de las pesquisas que realice el Alcalde, lo cierto es que el árbol cuyas semillas atraían a torcazas, loros y pericos ya fue derribado y cortado en pedazos y, por tanto, el daño es irreparable.
En el sector de Campo Alegre, frente al Hotel Continental y al edificio que fue de la Compañía Panameña de Seguros, donde después se construyó el que ahora ocupa el Banco Trasatlántico, existieron otros magníficos árboles que también sucumbieron a las sierras de cuadrillas municipales, por autorizaciones dadas por el alcalde, o alcaldesa de turno, sin que las razones estén bien justificadas.
En el caso del compañero desaparecido, y que ha motivado este escrito, siento como si hubiera perdido un buen amigo, pues a su lado pasé miles de veces y su generosa sombra me benefició también en incontables ocasiones. Por tanto, espero que el Jefe del Municipio no sólo, como prometió, se acerque al lugar sino que también brinde una buena justificación, no a mí sino pública, de sus razones para haber decretado su muerte, y, según me informan, la de otro árbol contiguo. Este todavía no lo han derribado y, por tanto, le solicito al Alcalde que no autorice otro arboricidio.
Hago un llamado a todas las autoridades involucradas para que, cuando se trate de atender peticiones para derribar alguno de los cada vez menos árboles que adornan nuestras ciudades, no sólo la capital, resistan cuanto les sea posible y que los permisos para destruirlos solamente se den cuando comprobadamente no quede otra alternativa.
Ese llamado también es oportuno hacerlo para los casos de construcción de nuevas barriadas, en los que es práctica regular hacer tabla rasa de árboles y colinas, como primera medida antes de iniciar la edificación de las casas. En muchos de esos casos, muy bien se podrían mantener los árboles y trazar las calles respetándolos, al igual que la topografía existente. Hacerlo demandará mayor creatividad en los diseños de las urbanizaciones pero los beneficios desde el punto de vista estético serían considerables.
Como complemento a una política de conservación de los árboles, que debe comenzar por su cuidado preventivo, que no se hace, sería igualmente beneficioso que se renovaran las campañas de arborización. Hay muchas áreas de nuestras ciudades en las que es posible sembrar nuevos árboles, de manera planificada. La ganancia no es sólo estética, ya que también contribuyen a la salud de quienes las habitamos.

101 años de Panamá América

 
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