Otro aumento con olor a llantas quemadas
Por años los panameños nos quejábamos y reclamábamos cada vez que veíamos un incremento en el consumo telefónico, la electricidad y/o el agua. Hacíamos largas filas para quejarnos, pero bien que mal nos atendían y no contábamos con un Ente Regulador de estos servicios. Recuerdo que la gerencia de Atención y Servicio al Cliente de los antiguos INTEL e IRHE, nos contrataron para que dictar seminarios sobre esta materia al personal que cumplía estas funciones. En illo tempore existía la Oficina de Control de Precios, que hacía el papel de un árbitro mal entrenado y, en más de una ocasión, pensamos que estaba vendido o que lo habían comprado. Pero sea como fuere, nos quedaba la satisfacción de haber acudido a presentar una queja y que fuera escuchada.
Todo panameño que tenga por unos 30 años recuerda que muchas veces las quejas no pasaban de ahí y, aunque saliéramos refunfuñando, sentíamos que al menos le habíamos hecho pasar una mal rato a quien nos atendía. Ahora las cosas han cambiado. Tenemos un Ente Regulador, que más parece desregulador. Desde su creación en diciembre de 1997, ha emprendido una batalla que no ganará, al menos, por sí solo. Veamos algunos elementos sobre los que descansa mi opinión.
La Ley 6 del 3 febrero de 1997, mediante la cual se creó el Ente Regulador señala, entre otros asuntos, que durante cinco años, desde 1997, las empresas que se formasen para la Distribución y Comercialización de la electricidad, deberían comprar en bloque a las empresas generadoras, y que a partir del sexto año de vigencia, éstas quedaban en libertad para comprar directamente. Palabras menos palabras más. Esto explica que ahora, a partir de junio de 2003, se produzca dicha apertura, por lo que la Ley establece, y el Ente haya anunciado que se establecerá una nueva tarifa por kilovatio hora. Se infiere, por ejemplo, y voy a poner nombre a una empresa ficticia, Electrivesa, que se hubiese formado en 1997 ó a partir de ese año, y que a su vez estuviese conformada por cinco empresas inversionistas, ahora cada una de ellas podrá comprar directamente a las industrias generadoras lo que, como es de esperar, provocaría una guerra de precios, y una lucha por la sectorización y regionalización de su negocio, produciéndose una doble situación para los clientes. Por un lado, ¿de qué manera podría algún cliente decidir cuál es la empresa de la cual quiere recibir el servicio, de modo que pueda favorecerse de la libre oferta? Y por el otro, ¿no quedará atado a aquella que logre el mejor tajo del pastel, por encontrarse en una zona de alta densidad residencial y no le quede más que bandearse con la tarifa más alta? ¿Las actuales empresas permanecerán como bloque u operarán independientes? Me parece que los clientes quedaríamos, en todo caso, entre la espada y la pared.
Si lo que señalo fuese así, ¿cuál es el papel del Ente Regulador? ¿Qué es lo que regularía aquí, en este caso? ¿Podremos, los clientes, escoger la empresa de la cual deseamos recibir el servicio? ¿Cuándo publicará los nombres de las empresas que, ahora desagregadas de los holdings distribuidores y comercializadores, entrarán por sí solas al negocio? ¿Cuál será la forma en qué podremos conocer el RUC de cada una de ellas, porque a todos los clientes nos interesa saber que estamos haciendo negocio con una empresa real y no con una fantasma, que podría ocultarse bajo el paraguas de las razones sociales y figuras comerciales de las que hasta ahora estaban en el negocio? Alguien me tiene que aclarar esta muestra de ignorancia.
A fines de diciembre de 2000, Panamá era el décimo país de América Latina con la tarifa más alta, con 12.08 centavos de dólar por kilovatio hora para clientes residenciales, el séptimo para clientes industriales con 9.90 centavos por kilovatio hora. ¿Cuántos centavos más incrementará esta vez? El costo k/h en Panamá era dos veces mayor que en Italia, cinco centavos mayor que en Inglaterra, entre uno y tres centavos más alto que en Austria y España, y sólo superado por países como Noruega, Bélgica y Alemania, alcanzando, en este último, los 18.95 centavos de dólar, según el Informe de la Cámara de Diputados de México, para el 2001. Pero, ¿a qué se debe que en Costa Rica cueste 7.08 centavos?
Entre las razones que se aducen, es el aumento en el costo de los combustibles para la producción térmica, el mercado reducido y la distancia que media desde los centros de producción hidráulica hasta los núcleos urbanos y la falta de recursos como el carbón y el petróleo. Entendemos que las empresas distribuidoras y comercializadoras han invertido poco en redes de transmisión y que dónde lo han hecho, ha sido luego de estudios de costo beneficio muy elaborados, en aras de protegerse contra los riesgos esperados.
Por otro lado, las distancias, en un micro país como el nuestro, son tan pequeñas que podemos ir caminado, de un mar al otro en menos de ocho horas. Esta razón no tiene justificación posible. Además, perdonen mi ignorancia, pero no estoy informado que Costa Rica sea un país productor de petróleo o más extenso territorialmente que Panamá; sin embargo, el costo del kilovatio es casi un 50% menor, y hasta donde sé, Inglaterra tampoco produce petróleo y su tarifa es casi igual a la de Costa Rica. Quizás tengan fuentes alternas, como la eólica o la atómica, lo cual les permite mantener una tarifa, que para su nivel de vida y desarrollo, es tan ridícula como muy favorable es a la economía familiar. Habría que indagar los planes de subsidio del Estado a las empresas productoras y comercializadoras, o si en esos países se han realizado las privatizaciones en condiciones, en extremo favorables y dar marcha a una reconsideración de las leyes respectivas o abrir una investigación del mismo proceso privatizador.
Desde otra perspectiva, tendremos también que indagar a quiénes le compran Costa Rica y Chile el combustible o crudo, a precios tan cómodos como para mantener un costo tan aceptable, y si nosotros le compramos a los que vende más caro, entonces qué justifica hacer un negocio tan desigual, que a la postre resultamos todos embromados y ahogándonos en un costo tan elevado. Sería interesante que la Sra. Presidenta nombrase a alguien que investigue, quién es el proveedor de crudo o combustible de Costa Rica, porque si con el proyecto Estí, entre otras cosas, se estaba considerando el mercado centroamericano, parece que lo perderemos y Alemania está algo distante.
Estimados amigos lectores, estemos atentos al incremento de la tarifa; si ésta fuese hasta de tres centavos por kilovatio hora, quedaríamos a un centavo de la tarifa de Alemania, y pasaríamos a ser automáticamente el país de toda América Latina, con la tarifa más alta. Termino con esto, porque empiezo a sentir olor a llantas quemadas y alguien ha gritado, muy cerca de aquí, que hay tranques por toda la cuidad.
Todo panameño que tenga por unos 30 años recuerda que muchas veces las quejas no pasaban de ahí y, aunque saliéramos refunfuñando, sentíamos que al menos le habíamos hecho pasar una mal rato a quien nos atendía. Ahora las cosas han cambiado. Tenemos un Ente Regulador, que más parece desregulador. Desde su creación en diciembre de 1997, ha emprendido una batalla que no ganará, al menos, por sí solo. Veamos algunos elementos sobre los que descansa mi opinión.
La Ley 6 del 3 febrero de 1997, mediante la cual se creó el Ente Regulador señala, entre otros asuntos, que durante cinco años, desde 1997, las empresas que se formasen para la Distribución y Comercialización de la electricidad, deberían comprar en bloque a las empresas generadoras, y que a partir del sexto año de vigencia, éstas quedaban en libertad para comprar directamente. Palabras menos palabras más. Esto explica que ahora, a partir de junio de 2003, se produzca dicha apertura, por lo que la Ley establece, y el Ente haya anunciado que se establecerá una nueva tarifa por kilovatio hora. Se infiere, por ejemplo, y voy a poner nombre a una empresa ficticia, Electrivesa, que se hubiese formado en 1997 ó a partir de ese año, y que a su vez estuviese conformada por cinco empresas inversionistas, ahora cada una de ellas podrá comprar directamente a las industrias generadoras lo que, como es de esperar, provocaría una guerra de precios, y una lucha por la sectorización y regionalización de su negocio, produciéndose una doble situación para los clientes. Por un lado, ¿de qué manera podría algún cliente decidir cuál es la empresa de la cual quiere recibir el servicio, de modo que pueda favorecerse de la libre oferta? Y por el otro, ¿no quedará atado a aquella que logre el mejor tajo del pastel, por encontrarse en una zona de alta densidad residencial y no le quede más que bandearse con la tarifa más alta? ¿Las actuales empresas permanecerán como bloque u operarán independientes? Me parece que los clientes quedaríamos, en todo caso, entre la espada y la pared.
Si lo que señalo fuese así, ¿cuál es el papel del Ente Regulador? ¿Qué es lo que regularía aquí, en este caso? ¿Podremos, los clientes, escoger la empresa de la cual deseamos recibir el servicio? ¿Cuándo publicará los nombres de las empresas que, ahora desagregadas de los holdings distribuidores y comercializadores, entrarán por sí solas al negocio? ¿Cuál será la forma en qué podremos conocer el RUC de cada una de ellas, porque a todos los clientes nos interesa saber que estamos haciendo negocio con una empresa real y no con una fantasma, que podría ocultarse bajo el paraguas de las razones sociales y figuras comerciales de las que hasta ahora estaban en el negocio? Alguien me tiene que aclarar esta muestra de ignorancia.
A fines de diciembre de 2000, Panamá era el décimo país de América Latina con la tarifa más alta, con 12.08 centavos de dólar por kilovatio hora para clientes residenciales, el séptimo para clientes industriales con 9.90 centavos por kilovatio hora. ¿Cuántos centavos más incrementará esta vez? El costo k/h en Panamá era dos veces mayor que en Italia, cinco centavos mayor que en Inglaterra, entre uno y tres centavos más alto que en Austria y España, y sólo superado por países como Noruega, Bélgica y Alemania, alcanzando, en este último, los 18.95 centavos de dólar, según el Informe de la Cámara de Diputados de México, para el 2001. Pero, ¿a qué se debe que en Costa Rica cueste 7.08 centavos?
Entre las razones que se aducen, es el aumento en el costo de los combustibles para la producción térmica, el mercado reducido y la distancia que media desde los centros de producción hidráulica hasta los núcleos urbanos y la falta de recursos como el carbón y el petróleo. Entendemos que las empresas distribuidoras y comercializadoras han invertido poco en redes de transmisión y que dónde lo han hecho, ha sido luego de estudios de costo beneficio muy elaborados, en aras de protegerse contra los riesgos esperados.
Por otro lado, las distancias, en un micro país como el nuestro, son tan pequeñas que podemos ir caminado, de un mar al otro en menos de ocho horas. Esta razón no tiene justificación posible. Además, perdonen mi ignorancia, pero no estoy informado que Costa Rica sea un país productor de petróleo o más extenso territorialmente que Panamá; sin embargo, el costo del kilovatio es casi un 50% menor, y hasta donde sé, Inglaterra tampoco produce petróleo y su tarifa es casi igual a la de Costa Rica. Quizás tengan fuentes alternas, como la eólica o la atómica, lo cual les permite mantener una tarifa, que para su nivel de vida y desarrollo, es tan ridícula como muy favorable es a la economía familiar. Habría que indagar los planes de subsidio del Estado a las empresas productoras y comercializadoras, o si en esos países se han realizado las privatizaciones en condiciones, en extremo favorables y dar marcha a una reconsideración de las leyes respectivas o abrir una investigación del mismo proceso privatizador.
Desde otra perspectiva, tendremos también que indagar a quiénes le compran Costa Rica y Chile el combustible o crudo, a precios tan cómodos como para mantener un costo tan aceptable, y si nosotros le compramos a los que vende más caro, entonces qué justifica hacer un negocio tan desigual, que a la postre resultamos todos embromados y ahogándonos en un costo tan elevado. Sería interesante que la Sra. Presidenta nombrase a alguien que investigue, quién es el proveedor de crudo o combustible de Costa Rica, porque si con el proyecto Estí, entre otras cosas, se estaba considerando el mercado centroamericano, parece que lo perderemos y Alemania está algo distante.
Estimados amigos lectores, estemos atentos al incremento de la tarifa; si ésta fuese hasta de tres centavos por kilovatio hora, quedaríamos a un centavo de la tarifa de Alemania, y pasaríamos a ser automáticamente el país de toda América Latina, con la tarifa más alta. Termino con esto, porque empiezo a sentir olor a llantas quemadas y alguien ha gritado, muy cerca de aquí, que hay tranques por toda la cuidad.