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Otro duro golpe para la Policía Nacional


Primero, debo dar muestra de condolencias a las familias de los militares chilenos y de las unidades de la Policía panameña, que se vieron involucradas en este lamentable accidente, especialmente a la del Comisionado Post mortem Gerardo Polanco (Chino), con quien me unía lazos de parentescos, por parte de mi difunta madre (Elba Rita Díaz Herrera). De allí mi pésame a Doña Fulvia, Jando, Negro y otros familiares y a la familia de la comisionada Celis, con quien tuve una buena experiencia en su atención, cuando estuvo encargada de la Dirección de Asuntos de Menores. Para las demás unidades, mi sincero pésame y pronta recuperación al oficial sobreviviente.

Segundo, se trata de un tema que bajo ninguna circunstancia se puede utilizar para hacer política, pues no está en las manos de nadie los designios de Dios que cuando determina que pasen las cosas, por más equipos, helicópteros u otros artefactos nuevos que tengamos, éstas pasan en forma de accidentes o bien por motivos de salud.

Como en todo momento, existirán personas que pretenden hacer leña del árbol caído. No absolvemos a la administración de sus errores, pues hemos sido críticos de ella; pero cuando hay temas que nos deben unir, no dudo en ponerme de lado de la patria y olvidar mis diferencias.

La Policía Nacional está muy desmotivada, y sin contar con las herramientas necesarias para pelar contra la delincuencia, encuentra en este lamentable suceso la mirada de la ciudadanía, y nos damos cuenta de las condiciones en las cuales laboran y los peligros que a diario corren por garantizar la paz y seguridad de todos. Ninguno de sus miembros está exento de sufrir percances, pero tienen que afrontarlos con la voluntad y el juramento que le rindieron a su bandera, de defenderla a toda costa, incluyendo ofrendar sus vidas.

En este momento de conmoción y dolor, debemos sentarnos a analizar las prioridades que debemos tener como Estado, no digo como gobierno, pues éstos pasan, y darnos cuenta de las debilidades que tiene el sistema y cómo lograr fortalecerlo para brindar un mejor servicio, en todas las instancias. No se puede seguir siendo indolente, frente a estos temas y utilizar los recursos del Estado en proyectos suntuosos, que más que provecho general, representan monumentos a la desidia y el despilfarro.

Quien no se meta en el uniforme y en el cuerpo y alma de los policías, no podrá entender las necesidades que están pasando y el apoyo urgente que ellos requieren; pero esto pasa inmediatamente en el hecho de respetar la legislación vigente y nombrar en propiedad a un director con las características que se requieren, incluso puede ser consensuado con las unidades de alto rango policial; pero que sea un civil para que así el comisionado Ruiz, que no tiene culpa de los errores de los civiles en su designación, pueda entrar de lleno con la actividad operativa, con los recursos y equipos tecnológicos necesarios para combatir la delincuencia de la mano de un plan coherente de seguridad.

Solo un respiro pide la Policía, no es cuestión de quién esté al mando; es simple aprecio y cariño para el hombre de uniforme, que quiere un trato justo y correcto por la labor que realiza. Así veo las cosas y así las cuento.

101 años de Panamá América

 
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