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Otro instrumento de succión de capitales indispensables


L a noticia del posible establecimiento de una refinería de petróleo en Panamá resulta alarmante. Aunque las empresas que realizarían el proyecto parecen serias y con capacidad para invertir los 6,500 millones que se necesitarían, no dejan de ser otro instrumento de succión de capitales indispensables para que nuestro país progrese con riqueza permanente y no con riqueza volátil que es lo que ocurre siempre desde hace tiempo.

Es muy posible que altos funcionarios se hayan visto atraídos por la cuantía de la inversión y por los tres mil empleos que habría en el momento de mayor actividad, y por eso me propuse recurrir al teclado nuevamente con el fin de advertir tres cosas.

Hace 19 años, una de las compañías más poderosas del mundo, incluida con frecuencia por la revista "Fortune" en su lista anual de las 500 empresas más grandes del mundo, le ofreció al gobierno panameño, por conducto del entonces Ministro de Planificación (hoy fuera del escenario político), una refinería estatal de mil 800 millones de dólares, financiada al cien por ciento, que se dedicaría a refinar petróleo mejicano y producir primordialmente combustóleos para aparatos y sistemas de calefacción en los estados del Este de Estados Unidos donde ese mercado no sólo es inagotable sino que crece con cada aumento de población y cada edificio nuevo. Esa producción junto con la de combustible de barcos iban a subsidiar la de consumo local en nafta de aviones, diésel y gasolina.

El proyecto pagadero en siete años dejaba al país con una empresa que, en dólares actuales, equivaldría a más de ocho mil millones, con réditos iguales o mayores que los del Canal de Panamá, con medio siglo de vida segura, porque en el Este de Estados Unidos seguirá haciendo frío en invierno y ese mercado no cambiará sin una revolución en la calefacción. El último petróleo que produzca la tierra se usará allí.

Con un viaje al Japón, el presidente Torrijos o uno de sus ministros o el próximo presidente podrían echar a andar ese proyecto sin poner un real, y hasta asegurarse de que la deuda de la ampliación del Canal se pueda pagar aunque cambien los patrones actuales del transporte de carga por mar. ¿No es hora de compensar la exportación de capitales por las empresas de telefonía, las de electricidad y las de "chinguia"?

101 años de Panamá América

 
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