Otro mártir de la libertad de prensa
Manzen Dana, camarógrafo de la agencia de noticias internacionales Reuters, fue asesinado el domingo pasado por tropas norteamericanas al oeste de Bagdad, mientras filmaba los combates que sostenían contra combatientes de la resistencia iraquí. En su última toma, se observa un tanque estadounidense dirigiéndose directamente contra él y luego abriendo fuego en su contra. El camarógrafo no retrocede, ni deja de seguir filmando, hasta que la cámara da contra el suelo, aún sobre el hombro sin vida del reportero muerto, quien ni así suelta el aparato de sus manos inertes.
Una veintena de periodistas han sido muertos o heridos en la cobertura de la actual guerra en Irak. En uno de los incidentes más dramáticos, durante la toma de Bagdad, otro tanque norteamericano giró su cañón en redondo y lo apuntó tranquilamente contra un conocido hotel que alojaba a periodistas extranjeros y disparó, matando a dos reporteros. Por alguna razón que sospechamos, los trabajadores de los medios noticiosos que no acompañan a las tropas de la alianza, parecen ser blanco preferido de éstas cuando durante sus patrullas no encuentran al elusivo enemigo.
Sadam es cosa del pasado, un tirano impresentable. Pero el pueblo iraquí es eterno, todavía si se extinguiera, porque dejó a la Humanidad un legado cultural inmortal con imponentes edificaciones, siglos antes que en Occidente se echara a rodar su primera carreta. Gran parte de ese tesoro se ha perdido para siempre, resultado de los saqueos que siguieron al desmembramiento del ejército iraquí y la desidia de las fuerzas ocupantes en cumplir su obligación de salvaguardar el orden.
El pueblo del miserable país vive peor que en los tiempos de Sadam. Se carece de los servicios más indispensables y reina la inseguridad. Centenares de niños mueren producto de las minas o de las bombas sin estallar dejadas por el conflicto. La reconstrucción avanza a paso de tortuga mientras el reinicio de la explotación petrolera a cargo de compañías de los países ocupantes progresa aceleradamente. Toda esta realidad viene registrándose por decenas de agencias y medios extranjeros que tienen desplazados periodistas en el país.
Las noticias que menos agradan son las concernientes al constante goteo de sangre aliada sobre las sedientas arenas iraquíes. Pero de eso los periodistas no tienen culpa. Ellos apenas informan y cumplen con su deber y derecho por el que vale la pena arriesgar la vida. Que en Estados Unidos se geste un movimiento "Bringing home now" (traerlos a casa ya) es cosa de las familias de los jóvenes que pelean en Irak por su país, no es culpa de los medios, ni de Dana. Pero en todas partes, cuando las cosas se ponen difíciles, se quiere matar al mensajero.
(Del libro Voces de Lucha, próximo a su segunda edición).
Una veintena de periodistas han sido muertos o heridos en la cobertura de la actual guerra en Irak. En uno de los incidentes más dramáticos, durante la toma de Bagdad, otro tanque norteamericano giró su cañón en redondo y lo apuntó tranquilamente contra un conocido hotel que alojaba a periodistas extranjeros y disparó, matando a dos reporteros. Por alguna razón que sospechamos, los trabajadores de los medios noticiosos que no acompañan a las tropas de la alianza, parecen ser blanco preferido de éstas cuando durante sus patrullas no encuentran al elusivo enemigo.
Sadam es cosa del pasado, un tirano impresentable. Pero el pueblo iraquí es eterno, todavía si se extinguiera, porque dejó a la Humanidad un legado cultural inmortal con imponentes edificaciones, siglos antes que en Occidente se echara a rodar su primera carreta. Gran parte de ese tesoro se ha perdido para siempre, resultado de los saqueos que siguieron al desmembramiento del ejército iraquí y la desidia de las fuerzas ocupantes en cumplir su obligación de salvaguardar el orden.
El pueblo del miserable país vive peor que en los tiempos de Sadam. Se carece de los servicios más indispensables y reina la inseguridad. Centenares de niños mueren producto de las minas o de las bombas sin estallar dejadas por el conflicto. La reconstrucción avanza a paso de tortuga mientras el reinicio de la explotación petrolera a cargo de compañías de los países ocupantes progresa aceleradamente. Toda esta realidad viene registrándose por decenas de agencias y medios extranjeros que tienen desplazados periodistas en el país.
Las noticias que menos agradan son las concernientes al constante goteo de sangre aliada sobre las sedientas arenas iraquíes. Pero de eso los periodistas no tienen culpa. Ellos apenas informan y cumplen con su deber y derecho por el que vale la pena arriesgar la vida. Que en Estados Unidos se geste un movimiento "Bringing home now" (traerlos a casa ya) es cosa de las familias de los jóvenes que pelean en Irak por su país, no es culpa de los medios, ni de Dana. Pero en todas partes, cuando las cosas se ponen difíciles, se quiere matar al mensajero.
(Del libro Voces de Lucha, próximo a su segunda edición).