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¿Otro Panamá es posible? (I)


Ignacio Ramonet expone que es necesaria una estrategia a nivel global que incluya: 1) Poner fin a las políticas de ajuste estructural, anular la mayor parte de la deuda de los países del Sur e incrementar la ayuda al desarrollo, que no necesariamente ha de copiar los modelos del Norte; 2) el "desmantelamiento del poder financiero" mediante un "un gravamen significativo de las rentas del capital y, muy especialmente, de las transacciones especulativas sobre los mercados de cambio" (la llamada Tasa Tobin); 3) "idear una nueva distribución del trabajo y de las rentas, dentro de una economía plural en la que el mercado sólo ocupará parte del espacio, con un sector solidario y un tiempo de ocio cada vez mayor"; 4) establecer una suerte de salario mínimo universal y proclamarlo como derecho humano. (Guerras del siglo XXI. Nuevos miedos, nuevas amenazas, Mondadori, 2002)
¿Hacia dónde debemos cambiar nosotros/as? Hace algunos años un grupo de sacerdotes y de laicos fuimos invitados por la Pastoral Social Arquidiocesana, preocupada por la manera cómo se está funcionando la sociedad panameña. De esa reflexión surgió un valioso documento intitulado Hacia una economía al servicio de las personas, que hoy es necesario volver a retomar.
En el documento se propone el esbozo de una estrategia de desarrollo alternativo que cuenta con estos objetivos básicos: La presente estrategia de desarrollo se coloca decididamente, en términos de su perspectiva fundamental, del lado de la promoción y defensa de la vida. Esto significa que se adopta una visión de la economía, en la cual el desarrollo humano integral, el afianzamiento del sentido nacional y la sostenibilidad ambiental juegan papeles determinantes.
De acuerdo a esta visión, Panamá deberá consolidarse como una nación plenamente democrática, con una economía dinámica, altamente desarrollada, socialmente equitativa, ambientalmente sostenible, éticamente sana y con una amplia participación de la población en los asuntos relativos a la política económica y social.
Desarrollar las condiciones materiales que permitan, en las circunstancias que caracterizan el final del presente siglo y el principio del próximo, el ejercicio de la autodeterminación de la nación panameña. Esto no significa, desde luego, desconocer los condicionantes objetivos que surgen de los procesos internacionales, sino la necesidad de desarrollar la estructura económica interna, así como las formas de inserción a los mercados externos y de cooperación regional e internacional, de tal modo que permitan que sea el pueblo panameño el que efectivamente decida sobre su propio destino.
Avanzar en la democratización de los procesos económicos. Esto significa lograr una economía plenamente equitativa. Esta forma de economía se logra, en lo concreto, por medio de la consolidación de cinco elementos:
La reducción al mínimo posible de la proporción de hogares y personas cuyas condiciones de vida se encuentren por debajo de lo que se puede considerar aceptable desde un punto de vista económico y social. De acuerdo a esto, se propone desarrollar las condiciones para que toda la población logre situarse sobre la línea de la pobreza. La preocupación permanente por la atención de los grupos socialmente vulnerables hace parte de este rasgo característico de la equidad.
La consecución de una estructura social destinada a asegurar el máximo desarrollo posible de los talentos y potencias de las personas, sea cual fuere el grupo social del que provienen. Esto significa la desaparición progresiva de los privilegios y las diversas formas de discriminación, independientemente si se encuentran o no establecidas jurídicamente. Se trata de un proceso que busca la eliminación de todas las desigualdades de oportunidades, ya sea que tengan su origen en elementos sociales, raciales, de género o de cualquier otro orden.
La presencia de una base institucional destinada a evitar que la riqueza, los frutos del progreso cientifico-técnico y el poder político se concentren para ser utilizados de manera que terminen por restringir el ámbito de libertad, tanto para la presente como para las futuras generaciones. d) El desarrollo de estructuras económicas que tiendan a premiar el esfuerzo y la disposición a asumir el riesgo, entendidos como elementos necesarios para estimular el desarrollo económico y social. e) La preocupación por la equidad intergeneracional, que significa asegurar las condiciones de desarrollo de las futuras generaciones.
Consolidar un estilo de desarrollo económico capaz de asegurar de manera creciente el desenvolvimiento de las condiciones materiales. Esto quiere decir condiciones de producción, circulación y distribución del ingreso, que garanticen la plena satisfacción de las necesidades básicas de la población, así como la posibilidad efectiva del progreso económico basado en el esfuerzo propio.
Impulsar de manera prioritaria el crecimiento del empleo a niveles de productividad y de remuneraciones adecuadas a los requerimientos de la satisfacción de las necesidades básicas de la población.
Propiciar un estilo de desarrollo sustentable desde el punto de vista ambiental, comprometido con la preservación de la naturaleza y el equilibrio ecológico.
Iniciar y consolidar un proceso de transformación estructural de la economía panameña y de reformas al Estado. Esta debería propiciar formas institucionales que estimulen la dinámica económica, la equidad social, la sostenibilidad ambiental y la amplia participación de la población en las decisiones económicas básicas del país. Lograr los objetivos anteriores en un marco de estabilidad desde el punto de vista macro-económico, como medio indispensable para asegurar su efectiva viabilidad.

101 años de Panamá América

 
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