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¿Otro Panamá es posible? (II)


¿Hacia dónde debemos cambiar nosotros/as? Hace algunos años un grupo de sacerdotes y laicos fuimos invitados por la Pastoral Social Arquidiocesana, preocupada por la manera cómo se está funcionando la sociedad panameña. De esa reflexión surgió un valioso documento intitulado Hacia una Economía al Servicio de las Personas, que hoy es necesario volver a retomar. En el documento se propone el esbozo de una estrategia de desarrollo alternativo del cual la semana pasada presentamos sus objetivos básicos: A partir de los mismos se propone una estrategia económica que coloca en su núcleo central al gasto social o, en otras palabras, la inversión en la persona humana. Esta prioridad estratégica se basa en cuatro impactos que se generan de este tipo de acciones:
Los gastos sociales en elementos como salud y educación constituyen objetivos en sí mismos. Estos, como es conocido, son factores básicos para el desarrollo de la vida, el bienestar y la libertad de los seres humanos. Se trata de lo que podemos llamar el efecto directo del gasto social, que no hace otra cosa que reafirmar que el bienestar humano es el objetivo básico de la economía.
Los gastos sociales, además, tienen un importante impacto en el desarrollo económico, en la medida que dan lugar a lo que ahora se conoce como formación de capital humano. En este sentido, aparece un primer elemento que permite establecer una estrategia en la cual la priorización de la salud y la educación interactúan con el desarrollo económico en condiciones de un círculo virtuoso.
En efecto, una mejor salud y educación son elementos indispensables para acelerar el ritmo de crecimiento económico. Este, a su vez, al ampliar las posibilidades de empleo y los niveles de productividad y de remuneraciones, permite una mejor satisfacción de las necesidades de la población y la promoción de una mayor dotación de capital humano para la misma. Este proceso dinámico resulta fundamental en la presente estrategia económica, en la medida que sintetiza en un solo movimiento la racionalidad social y económica. Aquí surge la idea central de nuestra visión de que todo ciudadano panameño tiene el derecho social a contar con los niveles de salud y educación que resultan indispensables para una adecuada inserción laboral.
El gasto social correctamente guiado permite reducir las diferencias sociales, actuando como un agente promotor de la equidad. Esta mayor equidad, como se conoce ahora, también promueve el desarrollo económico. Así, de acuerdo a estudios recientes, los países que poseen un mayor nivel de educación muestran una mayor tasa de crecimiento.
Estos análisis concluyen también que los países con una mejor distribución de la educación, logran tasas más elevadas de crecimiento.
Para problemas de género, un número plural de investigaciones ha demostrado que la igualdad a nivel de educación para las mujeres alivia el problema demográfico y la mortalidad infantil, a la vez que promueve una mayor igualdad frente a las posibilidades de empleo.
En la medida en que el gasto social fomenta la equidad social, promueve además un ambiente social más estable, caracterizado por la mayor seguridad y confianza de los asociados. Como es conocido se trata de características que originan un contorno más favorable al desarrollo económico, proporcionando lo que algunos llaman "capital humano".
La lógica de la estrategia, sin embargo, no se agota con la importancia concedida al gasto social, sino que, además, destaca la necesidad de promover los otros elementos que aseguran un crecimiento acelerado de la economía. En efecto, una ampliación de los recursos humanos con suficiente salud, educación y capacitación productiva, sin una adecuada ampliación de la demanda de los mismos en el mercado laboral, resultaría, más temprano que tarde, en una frustración de todo el movimiento hacia el desarrollo y la equidad, al observarse el desempleo o subempleo de dichos recursos humanos.
De lo anterior, se desprende que la estrategia propuesta precisa de un ambiente económico expansivo, caracterizado por una alta tasa de crecimiento del producto y de la productividad, de manera que sea factible que a la vez se eleven el empleo y las remuneraciones. Esto lleva a proponer que junto a los avances en la dotación del capital humano, se realicen estas condiciones:
  1. Promover una ampliación de los niveles de inversión en el país, lo que necesariamente implica elevar los niveles de ahorro interno. La captación de ahorros externos guiados a la producción dentro de los criterios de esta estrategia y que no desplacen el ahorro nacional, resulta un complemento importante al esfuerzo del país.

  2. Poner en marcha un proceso de cambio y difusión de técnicas más avanzadas, que transformen toda la base productiva del país, elevando la productividad y la competitividad nacional.

  3. Crear las condiciones para el aprovechamiento de las economías de escala, donde los volúmenes de producción permitan la reducción de los costos. De igual manera se deben aprovechar las ventajas que ofrece la flexibilidad que caracteriza a la mediana y pequeña empresa que le permiten abastecer a los mercados especializados, conocidos como "nichos de mercado".

  4. Asegurar el uso racional de los recursos naturales, con el fin de mantener la sostenibilidad del proceso de desarrollo.

  5. Promover formas institucionales que tiendan a impulsar la ampliación de la producción basada en la utilización creciente del capital humano.


(raulleisr@hotmail.com)

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