Otro parche más
El pluralismo, la tolerancia y la apertura mental, son exigencias para que pueda existir una sociedad democrática, un Estado de Derecho Constitucional. Ello no sólo no quiere ser entendido por los factores reales de poder dominantes en Panamá, es además "hábilmente" rechazado, como lo corroboran las "propuestas de reformas constitucionales" del presidente electo y la presidenta saliente.
Acompañados de sus acólitos de ayer y de hoy, los cuentahabientes del conocido pacto MAMI, han decidido darle al pueblo panameño un espectáculo de "debut y despedida" en el ya conocido de todos, circo legislativo al cual se le acaba su período caracterizado por los escándalos de corrupción de todo tipo.
Incubadas a espaldas del pueblo, como acostumbran, las reformas pre-aprobadas sólo traerán confusión, frustración y decepción, contribuirán a exarcerbar la intolerancia y la discriminación, además del apartheid político por la falta de participación equitativa de la ciudadanía. El no permitir la inclusión de todos los sectores de la sociedad en una participación activa y pacífica para la consecución de una nueva y moderna Constitución, en la reformulación de instituciones democráticas para mejorar la condición de los sectores marginados, es un acto de corrupción y autocrático que nos impedirá contar con una sociedad democrática y pluralista.
La vía reformista de la Constitución militarista vigente está más que agotada, no sólo por las reformas o parches que le introdujeron en 1978, 1983 y 1993-94, sino también por el rechazo en los referéndum del 92 y 98. Sin embargo, quienes no creen, ni promueven la democracia, ni la tienen siquiera como ideal han optado por otro parche más para impedir así la participación ciudadana a través de una Constituyente, para privar a los panameños el poder utilizar las libertades políticas como instrumento y herramienta para construir una sociedad más justa, más equitativa y más participativa.
Con el coro de aquellos medios de comunicación decididos a quitar del medio a la ciudadanía para lograr el remozamiento legal de la autocracia y el neo-autoritarismo, los "yuppies" del mireyismo y del torrijismo, actúan como verdaderos "gorreros" con sus propuestas de reformas oportunistas y cortoplacistas, que no resolverán las demandas sociales y de participación ciudadana, pero promueven el desconcierto y el desasosiego general.
En su desesperación por mantener conculcados los derechos democráticos para gobernar a capricho, en sus desesperados intentos por aislar y sofocar la necesidad de una Constituyente, están dispuestos a todo. Estas reformas nos confirman de lo que son capaces los unos y los otros, los que se van y los que llegan.
Las reformas deformarán aún más la formación social panameña y nos imponen reglas para las relaciones políticas y para la organización y el ejercicio del poder para las cuales el ciudadano panameño no es portador de derechos y los monopoliza la partidocracia.
Las reformas de la discordia, impedirán la existencia de un régimen político democrático, no implican acceso sustantivo al poder del Estado por los ciudadanos, postergan y coartan la vigencia del Estado de Derecho Constitucional y nos imponen una forma de organizar el poder en sociedad, que favorece la aristocracia y la oligarquía política.
Pero es necesario subrayarle a los fugitivos de la Constituyente y a sus espoliques que buscan "ventanas", que buscan "del lobo un pelo" y, aquellos cuyo oportunismo político los retrata como rémoras que son, que nada, nada cuanto sucede es malo para la Constituyente. Es malo para el pueblo, para los ciudadanos, para Panamá como sociedad, como nación y como Estado.
Por eso, a todos aquellos que han dejado su plumaje de democráticos en su carrera reformista, los que han evidenciado que han utilizado a la sociedad civil como trampolín de sus intereses personales, no puedo menos que desearles un "buen salto". Este otro parche no los hace más ciudadanos ni más demócratas, sino todo lo contrario.
Sí, es cierto que Chávez, la casa real saudita y los terroristas han logrado que se dispare el precio del petróleo, pero los políticos, gobernantes y burócratas de Estados Unidos también han contribuido a la crisis tratando con guantes al cartel de la OPEP, mientras aparentan favorecer a la gente con exageradas regulaciones ambientales.
*Director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute.
© www.aipenet.com
Acompañados de sus acólitos de ayer y de hoy, los cuentahabientes del conocido pacto MAMI, han decidido darle al pueblo panameño un espectáculo de "debut y despedida" en el ya conocido de todos, circo legislativo al cual se le acaba su período caracterizado por los escándalos de corrupción de todo tipo.
Incubadas a espaldas del pueblo, como acostumbran, las reformas pre-aprobadas sólo traerán confusión, frustración y decepción, contribuirán a exarcerbar la intolerancia y la discriminación, además del apartheid político por la falta de participación equitativa de la ciudadanía. El no permitir la inclusión de todos los sectores de la sociedad en una participación activa y pacífica para la consecución de una nueva y moderna Constitución, en la reformulación de instituciones democráticas para mejorar la condición de los sectores marginados, es un acto de corrupción y autocrático que nos impedirá contar con una sociedad democrática y pluralista.
La vía reformista de la Constitución militarista vigente está más que agotada, no sólo por las reformas o parches que le introdujeron en 1978, 1983 y 1993-94, sino también por el rechazo en los referéndum del 92 y 98. Sin embargo, quienes no creen, ni promueven la democracia, ni la tienen siquiera como ideal han optado por otro parche más para impedir así la participación ciudadana a través de una Constituyente, para privar a los panameños el poder utilizar las libertades políticas como instrumento y herramienta para construir una sociedad más justa, más equitativa y más participativa.
Con el coro de aquellos medios de comunicación decididos a quitar del medio a la ciudadanía para lograr el remozamiento legal de la autocracia y el neo-autoritarismo, los "yuppies" del mireyismo y del torrijismo, actúan como verdaderos "gorreros" con sus propuestas de reformas oportunistas y cortoplacistas, que no resolverán las demandas sociales y de participación ciudadana, pero promueven el desconcierto y el desasosiego general.
En su desesperación por mantener conculcados los derechos democráticos para gobernar a capricho, en sus desesperados intentos por aislar y sofocar la necesidad de una Constituyente, están dispuestos a todo. Estas reformas nos confirman de lo que son capaces los unos y los otros, los que se van y los que llegan.
Las reformas deformarán aún más la formación social panameña y nos imponen reglas para las relaciones políticas y para la organización y el ejercicio del poder para las cuales el ciudadano panameño no es portador de derechos y los monopoliza la partidocracia.
Las reformas de la discordia, impedirán la existencia de un régimen político democrático, no implican acceso sustantivo al poder del Estado por los ciudadanos, postergan y coartan la vigencia del Estado de Derecho Constitucional y nos imponen una forma de organizar el poder en sociedad, que favorece la aristocracia y la oligarquía política.
Pero es necesario subrayarle a los fugitivos de la Constituyente y a sus espoliques que buscan "ventanas", que buscan "del lobo un pelo" y, aquellos cuyo oportunismo político los retrata como rémoras que son, que nada, nada cuanto sucede es malo para la Constituyente. Es malo para el pueblo, para los ciudadanos, para Panamá como sociedad, como nación y como Estado.
Por eso, a todos aquellos que han dejado su plumaje de democráticos en su carrera reformista, los que han evidenciado que han utilizado a la sociedad civil como trampolín de sus intereses personales, no puedo menos que desearles un "buen salto". Este otro parche no los hace más ciudadanos ni más demócratas, sino todo lo contrario.
Sí, es cierto que Chávez, la casa real saudita y los terroristas han logrado que se dispare el precio del petróleo, pero los políticos, gobernantes y burócratas de Estados Unidos también han contribuido a la crisis tratando con guantes al cartel de la OPEP, mientras aparentan favorecer a la gente con exageradas regulaciones ambientales.
*Director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute.
© www.aipenet.com